La Vega, República Dominicana. — En un ambiente de profunda fe, alegría y comunión eclesial, la Diócesis de La Vega recibió la mañana de este sábado 1 de agosto (Fiesta de San Alfonso) a su nuevo obispo, monseñor Andrés Napoleón Romero Cárdenas , durante la solemne celebración de toma de posesión canónica celebrada en la Catedral Inmaculada Concepción.
Desde las primeras horas de la mañana, cientos de fieles comenzaron a llegar al templo principal de la diócesis para participar en una ceremonia que marcó el inicio de una nueva etapa pastoral para la Iglesia vegana. La catedral y sus alrededores se llenaron de sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, agentes de pastoral y laicos provenientes de distintos puntos del país, unidos para dar la bienvenida a quien, desde ahora, será el nuevo pastor de esta Iglesia particular.
Uno de los aspectos más significativos de la celebración fue la presencia de la totalidad de los obispos de la República Dominicana, encabezados por la Conferencia del Episcopado Dominicano (CED) , quienes, con su participación, manifestaron la unidad del episcopado nacional y la comunión que caracteriza a la Iglesia.
La Eucaristía estuvo marcada por un clima de oración, solemnidad y esperanza. Durante el rito de toma de posesión, monseñor Andrés Napoleón Romero Cárdenas asumió oficialmente el gobierno pastoral de la Diócesis de La Vega, comprometiéndose a servir al Pueblo de Dios con fidelidad al Evangelio, cercanía pastoral y espíritu misionero.
En su homilía, el nuevo obispo invitó a los fieles a caminar juntos como una Iglesia sinodal, fortaleciendo la comunión, la participación y la misión evangelizadora. Sus palabras fueron acogidas con atención y esperanza por los presentes, quienes respondieron con prolongados aplausos en distintos momentos de la celebración.
La presencia de representantes de diversas diócesis, movimientos eclesiales, congregaciones religiosas y autoridades civiles puso de manifiesto la relevancia de este acontecimiento para la Iglesia que peregrina en La República Dominicana. La celebración se convierte en un auténtico testimonio de unidad y fraternidad, reflejando el compromiso compartido de anunciar el Evangelio y servir al pueblo de Dios.
AIRE96FM estuvo presente en esta significativa jornada eclesial, dando cobertura a uno de los acontecimientos más importantes para la Iglesia en La República Dominicana durante este año. La toma de posesión de monseñor Andrés Napoleón Romero Cárdenas representa el inicio de un nuevo tiempo para la Diócesis de La Vega, marcado por la esperanza, el servicio pastoral y la misión evangelizadora.
La Vega, República Dominicana. En su primera homilía como obispo de la Diócesis de La Vega, monseñor Andrés Napoleón Romero Cárdenas invitó a sacerdotes, religiosos y fieles a caminar unidos como una Iglesia que anuncie el Evangelio con alegría, fortalezca la comunión y mantenga una presencia cercana entre las comunidades.
El nuevo pastor diocesano destacó que su ministerio episcopal estará centrado en Cristo y en el servicio al Pueblo de Dios, exhortando a los fieles a vivir una fe que se traduzca en acciones concretas de solidaridad, reconciliación y compromiso con los más necesitados. Asimismo, expresó su deseo de trabajar en estrecha colaboración con el presbiterio, la vida consagrada y los laicos para fortalecer la misión evangelizadora de la diócesis, donde se realizaron los primeros bautismos del Nuevo Mundo.
Monseñor Romero agradeció la labor realizada por sus predecesores y manifestó su disposición de continuar el camino pastoral recorrido por la Iglesia vegana, respetando su rica tradición e impulsando nuevos esfuerzos para responder a los desafíos de la sociedad actual.
Durante su mensaje también animó a no dejarse vencer por el desaliento, sino a mantener viva la esperanza cristiana en medio de las dificultades, recordando que la misión de la Iglesia consiste en anunciar a Jesucristo con fidelidad, cercanía y misericordia.
La celebración de toma de posesión reunió a obispos, sacerdotes, autoridades civiles (Entre ellos el presidente de la República Luis Abinader Coronas) y numerosos fieles procedentes de distintas comunidades del país, quienes acompañaron con alegría el inicio del ministerio pastoral del nuevo obispo de La Vega.
Santo Domingo. Cada 1 de agosto, la Iglesia celebra la memoria de San Alfonso María de Ligorio (1696-1787), obispo, fundador de la Congregación del Santísimo Redentor (Conocidos popularmente como los Redentoristas), Doctor de la Iglesia y uno de los más influyentes teólogos de la historia del catolicismo.
Nacido en Marianella, cerca de Nápoles (Italia), Alfonso se destacó desde muy joven por su brillante inteligencia. Se graduó en Derecho a los 16 años y ejerció como abogado con notable éxito. Sin embargo, una profunda experiencia espiritual lo llevó a abandonar su prometedora carrera para responder al llamado de Dios. Fue ordenado sacerdote en 1726 y dedicó su ministerio a anunciar el Evangelio entre los más pobres y abandonados.
En 1732 fundó la Congregación del Santísimo Redentor, conocida como los Misioneros Redentoristas, con el propósito de llevar la Buena Nueva a quienes vivían alejados de la fe y carecían de atención pastoral. Su misión, inspirada en la misericordia de Cristo, continúa vigente en numerosos países del mundo.
En 1762 fue nombrado obispo de Santa Águeda de los Godos. Desde esa responsabilidad promovió una profunda renovación espiritual y pastoral, caracterizada por la cercanía con el pueblo, la formación del clero y la atención a las necesidades de los más vulnerables.
San Alfonso escribió más de un centenar de obras sobre espiritualidad, moral y vida cristiana. Entre las más conocidas figuran Las glorias de María, Visitas al Santísimo Sacramento y Práctica del amor a Jesucristo. Sus escritos han guiado durante generaciones a sacerdotes, religiosos y fieles laicos.
Su mayor aporte fue renovar la teología moral, presentando un rostro de Dios cercano, compasivo y misericordioso. Frente al rigorismo de su tiempo, enseñó que la vida cristiana debía fundamentarse en la confianza en el amor de Dios, la conversión sincera y la fuerza de los sacramentos.
Canonizado en 1839 y proclamado Doctor de la Iglesia en 1871, San Alfonso María de Ligorio es considerado patrono de los confesores y de los teólogos moralistas. Su legado sigue inspirando a la Iglesia en anunciar el Evangelio con firmeza doctrinal, pero también con ternura y esperanza.
Su enseñanza conserva plena actualidad en un mundo marcado por la incertidumbre. Para San Alfonso, nadie está excluido del amor de Dios cuando abre su corazón a la gracia. Una de sus frases más recordadas resume el centro de su espiritualidad: «Quien reza se salva; quien no reza se condena», subrayando la importancia de la oración como camino de encuentro con el Señor.
En la memoria litúrgica de este gran santo, la Iglesia invita a los fieles a redescubrir el valor de la misericordia, la oración constante y el compromiso misionero al servicio de quienes más necesitan escuchar el mensaje de Cristo.
“Alfonso fue un hombre de una personalidad extraordinaria: noble y abogado; pintor y músico; poeta y escritor; obispo y amigo de los pobres; fundador y superior general de su congregación; misionero popular y confesor lleno de unción; santo y doctor de la Iglesia”.
Nos encontramos en el año 1696, de nuestra era, el 27 de septiembre, día dedicado a los gloriosos mártires Cosme y Damían, nace Alfonso de Ligori, en Nápoles (Italia). Sus padresfueron José De Ligorio (un noble oficial de la marina) y de la noble Ana De Cavalieri. El hombre tuvo un destino fuera de serie. Nacido en la nobleza napolitana e hijo de militar, alumno superdotado, atraído por la música, la pintura el dibujo, la arquitectura. Su nombre viene de dos raíces germánicas: addal, hombre de noble origen, y funs, pronto al combate. Alfonso era noble por nacimiento, sí: pero mucho mejor, caballero de Cristo, siempre pronto y en la brecha para los combates de Dios…
Alfonso fue un hombre de una personalidad extraordinaria: noble y abogado; pintor y músico; poeta y escritor; obispo y amigo de los pobres; fundador y superior general de su congregación; misionero popular y confesor lleno de unción; santo y doctor de la Iglesia.
Hay que mi admirar los múltiples talentos que tenía Alfonso y la fuerza creadora que poseía. A los 12 años era estudiante universitario y a los 16 era doctor en derecho, es decir, abogado. Como misionero popular y superior general de su Congregación y obispo, llevó a cabo una gran labor, a pesar de su delicada salud. Desde los 47 a los 83 años de su vida, publicó más o menos 3 libros por año.
En su vida particular Alfonso vivió actitudes que podemos interpretar como protesta frente a la corrupción de su medio ambiente. Con su estilo de vida ejerció una fuerte crítica de su tiempo y de su sociedad.
En un sistema de profundas diferencias de clase renunció a los privilegios de la nobleza y a sus derechos de ser primer hijo, es decir, primogénito.
A finales de julio de 1723, en un día de calor intenso y pegajoso, Alfonso se dirige al Palacio de Justicia de Nápoles. Se celebrará el juicio más sonado del reino entre dos familias: los Médici y los Orsini. Las dos familias quieren para sí la propiedad del feudo de Amatrice. Estaba en juego una gran cantidad de dinero.
Alfonso es un joven abogado de 26 años de edad. Los Orsini lo han elegido para su defensa por una sola razón: es competente y ha ganado todas las causas.
Se ha preparado muy bien, ante el tribunal defiende la causa con maestría. Está seguro que defiende la justicia. A pesar de eso, Alfonso es derrotado, pero se da cuenta de que el origen de esta sentencia está en las maquinaciones políticas e intrigas políticas (cosas desconocidas para nosotros hoy).
Como herido por rayo, el abogado de manos limpias queda por un momento estupefacto. Después rojo de cólera, lleno de vergüenza por la toga que lleva, se retira de la sala de justicia, profundamente desilusionado, sus palabras de despedidas quedaron para la historia: “¡Mundo, te conozco!… ¡Adiós, tribunales!”. No vive este acontecimiento, decisivo en su vida, desde la agresividad y la frustración, al contrario, los asume como fecundidad, siembra y profundización interior, se retira, eso sí lo tiene muy claro. Y al hacerlo toma una opción personal radical: se niega a la corrupción, rechaza que el hombre se realice manipulando o dejándose manipular y elige una forma nueva de libertad y liberación, el seguimiento de Jesús.
Profundamente conmovido Alfonso se va a visitar a sus amigos, los enfermos del “Hospital de los incurables”. Mientras atendía a los enfermos se ve a sí mismo en medio de una grata luz… Parece escuchar una sacudida del gran edificio y cree oír en su interior una voz que le llama personalmente desde el pobre: “Alfonso, deja todas las cosas ven y sígueme”.
Tras la renuncia de los tribunales, Alfonso estudia unos años de teología y recibe el sacerdocio el 21 de diciembre de 1726, en la Catedral de Nápoles, tenía 30 años de edad. Se hace sacerdote en contra de un padre autoritario, como don José, con asombro lo descubre muy pronto en los barrios marginados evangelizando a los analfabetos con sorprendentes predicaciones
En una de sus muchas misiones Alfonso cae enfermo. Ante la gravedad de la situación, los médicos intervienen y le exigen un largo descanso en la sierra. Elige la zona de Amalfi, costera y montañosa a la vez. Fue con un grupo de amigos. Quiere aprovechar el descanso para vivir intensamente la amistad y la oración en común.
Cerca de Amalfi está Scala, un lugar precioso a medio camino entre la playa y la altura de la sierra. Más arriba de Scala, está Santa María de los Montes, una pequeña ermita. A Alfonso le gustó. Era bueno compartir la amistad y la oración en casa de María de Nazaret.
Alfonso y sus amigos se ven sorprendidos por los pastores y cabreros que vienen a pedirles la palabra de Dios. Es el momento clave en la vida de Alfonso. Ahora más que nunca descubre, de verdad que el Evangelio pertenece a los pobres y que ellos lo reclaman como suyo. Y decide quedarse con ellos para dárselo a tiempo completo.
Nos encontramos en el año 1730. Alfonso decide por vez primera, reunir una comunidad consagrada a la misión de los más pobres. En los primeros días de noviembre de 1732 Alfonso deja definitivamente la ciudad de Nápoles y en burro parte para Scala para reunirse con su primer grupo de compañeros, quienes habrán de ser los Redentoristas. Son unos días de intensa oración y contemplación. Sabe que la redención abundante y generosa es un don gratuito y se abre a él en disponibilidad plena.
El día 9 de noviembre de 1732 nace la congregación misionera del Santísimo Redentor, mejor conocido como los Misioneros Redentoristas. No es fácil fundar una congregación religiosa en el reino de Nápoles en el siglo XVIII. Hay demasiados diocesanos y religiosos y muchos conventos en este país pobre y mal administrado
Desde el 9 de noviembre de 1732 hasta la Pascua de 1762, cuando es nombrado obispo, pasan 30 años felices en la vida de Alfonso dedicado a la misión, la dirección de su grupo y a la publicación de sus obras.
Alfonso muere en Pagani, el día 1 de agosto de 1787, a la hora del ángelus. Tenía más de 90 años. Fue beatificado en 1816, canonizado en 1831 y proclamado doctor de la Iglesia en 1871.
Alfonso solía decir que la vida de los sanos es Evangelio vivido. Esto se lo podemos aplicar a él mismo. Sus ejemplos inquietan y arrastran. ¡A veces nos asusta enfrentarnos a un hombre como éste, que era capaz de vivir tan radicalmente el Evangelio!
Hoy, los Misioneros Redentoristas, continuamos anunciando el misterio gozoso de la redención abundante y generosa en toda la Iglesia. Los redentoristas, como Alfonso, no somos propagandistas de una doctrina, somos testigos de Cristo que viene al encuentro de la humanidad.
Sus seguidores
Alfonso murió. Su sueño, sin embargo, continúa vivo en la vida de sus seguidores. Especialmente debido a la labor de Clemente María Hofbauer, los redentoristas se esparcen por el mundo entero. En ellos, el Redentor continúa derramando vida en el corazón de los que no cuentan para el mundo y en el de los abandonados. La Congregación del Santísimo Redentor es lugar y presencia donde el Redentor prosigue su misión: “He sido enviado a evangelizar a los pobres”.
Todos sabemos que en el mundo en que vivimos la realidad material nos envuelve cada día. El siglo XXI se ha encargado de promover y hacer notar que los placeres, las «libertades» de viajar, pasarla bien y comprar muchas cosas, son lo que realmente hace «feliz» al ser humano. Por eso no nos puede extrañar que los medios tecnológicos se hagan eco de vivir de propagandas comerciales de todo tipo, porque los intereses económicos son en este momento lo que está moviendo las decisiones de un gran número de personas.
El afán y el deseo de experimentar nuevas emociones son parte de las motivaciones que están conduciendo a muchas personas a vivir, porque, al parecer, la realidad material está cada vez más ocupando el centro de los seres humanos; de ahí que comida, lujos y caprichos sean la prioridad de aquellos que se olvidan de su condición espiritual. Aunque, en la práctica, es más fácil vivir atado a lo volátil que abrirse a la trascendencia de mirar un poco más allá de lo pasajero, superficial y superfluo.
Somos seres espirituales, no solamente seres materiales. El que nos creó, el autor del mundo y del universo, nos hizo con la dimensión humana y espiritual. Por tanto, inclinar nuestro ser hacia un solo lado es una decisión ingenua, confiada y apresurada. Pues la vida es un equilibrio. Ya lo dice la expresión popular: «Todo en exceso hace daño». Llevarse de los sentimientos, de las emociones momentáneas y de los deleites de la vida es una actitud infantil y poco realista…
Hay que buscar y aprender a cultivar la vida del espíritu. Hacer todo lo posible por sacar tiempo para reconocer la presencia de Dios en nuestras vidas. Darse la oportunidad de meditar y contemplarlo en su creación. También es bueno disminuir la prisa y sustituir la preocupación por la ocupación en lo que nos toca. Además, como dice el refrán: «La desesperación es parte del fracaso». Pero la vida de fe nos lleva a la calma, al sosiego y a la prudencia, ya que, a medida que vamos entrando en el camino de las realidades divinas, vamos dejándonos iluminar por el Espíritu, y cuando esto sucede, la forma de vivir, pensar y actuar se vuelve diferente: se comienza a entender el valor y el significado profundo de Dios en el corazón de todo ser humano.
En definitiva, hay que hacer un inventario personal de nuestra vida interior. Observar y tener conciencia del lugar que ocupa Dios en nuestras decisiones. Ver la frecuencia con la que nos acercamos a sus designios y enseñanzas. Porque Dios siempre estará ahí, pero es responsabilidad de cada individuo no permitir que el Creador pase delante de sus ojos y no se detenga a transformar su vida. En otras palabras, hay que hacerle espacio al Maestro de Maestros, al Señor de Señores, porque si Él está en nuestra vida, todo es luz, todo es gracia. Y tú, ¿estás cultivando tu vida espiritual?
Santo Domingo. — El programa radial y televisivo «Reflexionando la palabra» continúa fortaleciendo su presencia en los medios de comunicación dominicanos con la incorporación de una nueva plataforma de transmisión. A partir de este sábado, el espacio será difundido por RNN2, Canal 67, en el horario de las 8:00 de la mañana, ampliando su alcance y llevando su mensaje de fe y esperanza a un mayor número de hogares en todo el país.
La llegada a esta nueva señal representa un paso significativo en la trayectoria del programa, que desde sus inicios ha mantenido el propósito de ofrecer una propuesta de evangelización, reflexión y orientación espiritual para las familias dominicanas.
Actualmente, «Reflexionando la palabra» forma parte de la programación de una amplia red de medios católicos y comunitarios, entre ellos Radio María Dominicana, Tele Vida, La Voz de María, Aire 96.5 FM, Luz Divina TV, Boca Chica TV3, Tele Sur, TV Cotuí y Global TV, consolidando una presencia cada vez más sólida en la radio, la televisión y las plataformas digitales.
Un proyecto de evangelización con ocho años de trayectoria
Fundado en mayo de 2018, el programa ha experimentado un crecimiento sostenido gracias al respaldo de su audiencia y al compromiso de su equipo de producción con la difusión del Evangelio.
El fundador y conductor general del espacio, padre Domingo Vásquez Morales, expresó su agradecimiento por este nuevo logro, destacando que representa un impulso para continuar llevando la Palabra de Dios a más personas.
“Damos infinitas gracias a Dios y a todos los oyentes y televidentes por el respaldo constante que nos han brindado desde mayo de 2018, cuando nació el programa. Este crecimiento es fruto de la gracia divina y de la fidelidad de nuestra audiencia”, manifestó el sacerdote.
Además de sus transmisiones por radio y televisión, «Reflexionando la palabra» mantiene una activa presencia en el entorno digital. Sus seguidores pueden acceder a cada emisión a través de sus canales oficiales en YouTube y Facebook, donde el programa comparte reflexiones, contenidos formativos y mensajes de acompañamiento espiritual.
La producción también mantiene abiertos sus canales de comunicación con la audiencia. Los interesados pueden realizar consultas, enviar sugerencias o compartir testimonios llamando o escribiendo por WhatsApp al 829-694-1948, así como mediante el correo electrónico aire96fm@gmail.com.
Con su incorporación a RNN2, Canal 67, «Reflexionando la palabra» reafirma su compromiso de continuar siendo un espacio de encuentro con Dios, reflexión y crecimiento espiritual, fortaleciendo su misión evangelizadora y acercando el mensaje del Evangelio a miles de familias dominicanas.