AIRE96FM

17/03/2026

Retiro de Cuaresma 2026

El pasado lunes, 16 de marzo de 2026, participé del Retiro de Cuaresma que organizó la Vicaría del Clero con la participación de nuestro Obispo Mons. Manuel Ruiz. No puedo negar lo que significó para mí este momento, sentirme cercano en un ambiente de oración y reflexión en clave sinodal, dejándome seducir por palabras que me animan a seguir apostando al llamado de Dios desde un sentido de pertenencia en mi iglesia local que hoy peregrina en la Diócesis Stella Maris.

Estar repensado el bautismo, el llamado a la vida religiosa, sabiendo que no estoy solo, que conmigo participan sacerdotes, diáconos, religiosos, laicos comprometidos y sobretodo, una familia que camina junto a mí, no puedo negarle que aún sigo apostando por una Iglesia que predique el Evangelio para la Civilización del Amor.

El momento de reflexión que fue impartido por el Rvdo. P. Tulio Cordero, quien indicó la necesidad de vivir la vocación religiosa desde un compromiso con el proyecto de la Diócesis y la fidelidad al llamado de Dios. Nos invitó hacernos la pregunta: ¿yo amo mi elección? Nos invitó a no tener miedo, recordándonos que al abandonar todo para seguir a Cristo, cargamos con la verdad y de donde emana esa verdad, concluyendo, que cuando vivimos con esperanza, la fidelidad en la que creemos es parte de lo que esperamos en nuestro caminar hacia lo eterno.

Este Retiro de Cuaresma me llevó replantearme algunas preguntas: ¿Cómo estoy viviendo mi bautismo en el día a día? ¿Qué tan comprometido estoy con mi iglesia? ¿Cómo puedo vivir la sinodalidad en el compromiso en la parroquia, la familia y los espacios vitales de la sociedad? y sobretodo, ¿qué tan feliz puedo ser en esta elección de ser diácono permanente?

En fin, lo que me llevo del retiro está muy en sintonía con lo que me pide la Iglesia en este Tiempo de Cuaresma, un camino de oración, abstinencia de todo aquello que me quite gracia y dignidad, sabiendo que sin los otros no puedo llegar tan lejos y que mi conversión es un camino que pasa por la Cruz y me lleva a la Pascua de Resurrección.

(Diácono Jacinto Sención)

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15/03/2026

Catedral Stella Maris celebra el Domingo de Laetare con la institución de 93 nuevos servidores

SANTO DOMINGO ESTE – En una atmósfera de júbilo y esperanza, la Catedral Stella Maris celebró este domingo el Domingo de Laetare (Domingo de la Alegría), una jornada marcada por la luz y el compromiso de servicio. La Eucaristía, presidida por S.E.R. Mons. Manuel Ruiz, obispo de la diócesis, fue el escenario para la institución de casi un centenar de nuevos ministros que fortalecerán la vida litúrgica de la comunidad.

Durante su homilía, Monseñor Ruiz reflexionó sobre el sentido del color rosáceo de este domingo, que simboliza la cercanía de la luz de la Pascua en medio del morado cuaresmal. Inspirado en el pasaje del ciego de nacimiento, el prelado hizo un fuerte llamado a trascender la «industria de la apariencia» que domina la sociedad actual.
«Dios no mira las apariencias, Él mira el corazón», enfatizó el obispo, recordando la elección de David frente a sus hermanos más fuertes o de mejor presencia. Monseñor instó a los fieles a dar un «salto al interior» para dejar atrás las obras de las tinieblas y convertirse en luz en sus respectivos entornos: «¿Eres niño, joven, trabajador o empresario? Dondequiera que estés, tienes que ser luz para que otros puedan ver el camino».

El momento culminante de la celebración fue la institución de los nuevos servidores pertenecientes a la Escuela Nuestra Señora del Rosario, quienes asumieron con solemnidad su nueva misión:

  • 36 Lectores, encargados de proclamar la Palabra de Dios.
  • 28 Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión, para el servicio del altar y los enfermos.
  • 29 Acólitos, que asistirán directamente en el ministerio del altar.

La ceremonia contó con una nutrida presencia del clero diocesano. Acompañaron a Monseñor Ruiz los sacerdotes Germán Díaz, José Mariano Gálvez, Alejandro Valera, Cesáreo Núñez, Domingo Vásquez, Eduardo Carrión, Elías Núñez y Ernesto García Cairo. Asimismo, asistieron los diáconos Jesús Alberto de la Cruz, Enmanuel Marte y Billy Joel Valdez.

Esta celebración del IV Domingo de Cuaresma reafirma el compromiso de la Catedral Stella Maris y de la Escuela Nuestra Señora del Rosario con la formación de laicos dispuestos a servir con humildad. La comunidad se despidió con la oración de que el Señor fortalezca a estos 93 nuevos ministros en su misión, convirtiendo este tiempo de Cuaresma en un verdadero camino de conversión y esperanza.

Contacto de Prensa:
Oficina de Comunicación y Prensa
Diócesis Stella Maris
prensa.diocesisstellamaris@gmail.com

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San José, gracias por tanto

 Por Leonor María Asilis Elmudesi

Se acerca la fiesta de San José, el 19 de marzo, solemnidad dedicada al padre adoptivo de Jesús, el elegido del Padre, para criarlo junto a la Virgen María.

 San José es descendiente de la casa del rey David, y nació probablemente en Belén, aunque vivió y trabajó en Nazaret, un pequeño pueblo de Galilea. Fue carpintero, un artesano que trabajaba la madera y sustentaba a su familia con el fruto de sus manos.

Su gran bondad se reveló cuando descubrió que María estaba embarazada sin haber convivido con él. Decidió repudiarla en secreto para no exponerla al escándalo público, demostrando misericordia y rectitud. Dios, que no se deja ganar en generosidad, al ver su corazón abierto, envió un ángel que se le apareció en sueños y le reveló: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido concebido en ella es obra del Espíritu Santo” (Mateo 1:20). Maestro de la fe, no dudó: obedeció inmediatamente, tomó a María en su casa y le puso el nombre de Jesús al niño, como le fue encomendado.

Fue un hombre fuera de serie. Su vida estuvo marcada por el silencio y la acción concreta. Protegió a la Sagrada Familia huyendo a Egipto para escapar de la persecución de Herodes (Mateo 2:13-15), regresó a Nazaret cuando el peligro pasó y crio a Jesús en un hogar humilde. Murió, según la tradición, en brazos de Jesús y la Virgen María, por lo que se le considera patrono de la “buena muerte”.

La Iglesia lo ha reconocido como Patrono de la Iglesia Universal (declarado por Pío IX en 1870), de los trabajadores (fiesta el 1 de mayo), de las familias, de los padres, de los artesanos, de los emigrantes y de los niños por nacer, de las almas en el purgatorio. Sus virtudes principales son: obediencia a Dios, humildad, justicia, castidad, silencio contemplativo y amor protector.

De su ejemplo podemos extraer enseñanzas profundas que aplicamos hoy en nuestra vida cotidiana, en medio de un mundo ruidoso y acelerado.

El silencio contemplativo de San José nos invita a apagar el ruido constante para escuchar a Dios y a los demás, a cultivar momentos de quietud interior y aprender que “el silencio es el lenguaje de Dios” y que en él se escucha mejor su voz.

Su obediencia presta y valiente nos desafía a discernir y cumplir la voluntad de Dios, incluso cuando implica cambiar planes o enfrentar miedos. Cuando surgen decisiones difíciles a recordar cómo él obedeció al instante los mensajes divinos. Esta virtud nos enseña a decir “hágase” con confianza, sabiendo que Dios provee cuando obedecemos.

Su gran humildad al aceptar su rol sin buscar protagonismo, nos invita a vivir sin vanagloria, y sobretodo servir sin esperar aplausos. A reconocer que la grandeza está en lo ordinario y en el servicio discreto.

Su amor protector como padre y esposo enseña a los hombres a ser custodios responsables.

Espiritualmente, San José nos enseña que la santidad se forja en lo ordinario: el trabajo digno, la paternidad responsable, el matrimonio fiel, la oración silenciosa.

En resumen, San José nos desafía a recuperar lo esencial. En una sociedad que corre tras el éxito rápido y la visibilidad, él nos enseña que la verdadera grandeza se construye en la obediencia valiente, el servicio humilde y la fidelidad cotidiana. Su vida oculta es un faro para nosotros: la santidad se vive en el silencio fiel, en las manos que trabajan con amor y en el corazón que obedece sin reservas.

Gracias, San José, por tanto. Intercede por nosotros, para que imitemos tus virtudes y vivamos con la misma entrega que tú ofreciste al plan de Dios.

¡Que viva la República Dominicana! ¡Dios la bendiga hoy y siempre!

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Domingo de la Luz y la Alegría

 Ciprian Hilario, M.S.C.

(Lecturas: 1Sam 16,1b.6-7.10-13; Sal 22; Ef 5,8-14; Jn 9,1-41)

Domingo 4to de Cuaresma (15 marzo 2026)

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy la Palabra de Dios nos invita a vivir el Domingo de la Luz y la Alegría. En medio del camino cuaresmal, la Iglesia nos recuerda que Dios quiere iluminar nuestra vida. Cuando Cristo entra en el corazón, desaparecen las tinieblas y nace la verdadera alegría.

Las lecturas de hoy nos muestran cómo Dios ilumina, elige y transforma la vida de las personas.

1. Dios ve el corazón (Primera lectura). En la primera lectura del Primer Libro de Samuel, vemos cómo Dios envía al profeta Samuel a elegir un nuevo rey para Israel.

Samuel piensa que el elegido será el hijo más fuerte o el más alto de Jesé. Pero Dios le dice una frase muy importante: “El hombre mira las apariencias, pero Dios mira el corazón.” Y así, Dios elige a David, el más pequeño de los hijos.

De aquí aprendemos algo muy importante: Dios no mira como miran los hombres. Dios no se fija primero en la apariencia, sino en el corazón.

Muchas veces los que el mundo no toma en cuenta, Dios los elige para grandes cosas.  sto nos llena de alegría, porque significa que todos tenemos valor ante Dios.

2. El Señor es nuestro Pastor (Salmo 22). El salmo que hemos escuchado es uno de los más hermosos de la Biblia: “El Señor es mi pastor, nada me falta.”

Este salmo nos recuerda que:

  • Dios guía nuestra vida.
  • Dios camina con nosotros incluso en momentos difíciles.
  • Dios ilumina nuestros caminos.

Aunque pasemos por momentos oscuros, no caminamos solos, porque el Señor va con nosotros. Por eso el cristiano vive con confianza y alegría.

3. De las tinieblas a la luz (Segunda lectura). San Pablo, en la carta a los Efesios, nos dice algo muy claro: “Antes eran tinieblas, ahora son luz en el Señor.” Esto significa que el encuentro con Cristo cambia nuestra vida.

San Pablo nos invita a vivir como hijos de la luz, y eso se manifiesta en tres cosas: la bondad, la justicia, la verdad.

El cristiano no puede vivir en la oscuridad del pecado, del odio o del egoísmo. El cristiano está llamado a reflejar la luz de Cristo en su vida.

4. Jesús abre los ojos del ciego (Evangelio). El Evangelio nos presenta uno de los milagros más hermosos de Jesús: la curación del ciego de nacimiento.

Este hombre nunca había visto la luz. Vivía en la oscuridad desde que nació. Jesús lo encuentra, hace barro con saliva, unge sus ojos y le diceVe a lavarte a la piscina de Siloé.” El hombre obedece… y comienza a ver.

Pero lo más interesante del Evangelio no es solo el milagro físico, sino el proceso de fe que vive este hombre.

Poco a poco va descubriendo quién es Jesús:

  • primero dice: “Ese hombre que se llama Jesús”,
  • luego dice: “Es un profeta”,
  • y al final termina diciendo: “Creo, Señor.” Mientras el ciego comienza a ver, los fariseos, que creen ver, se quedan en la oscuridad.

5. La verdadera ceguera

Este Evangelio nos enseña algo muy profundo:

  • Hay personas que no ven con los ojos, pero ven con el corazón.
  • Y hay personas que tienen ojos, pero no quieren ver la verdad.
  • La verdadera ceguera no es la de los ojos,
  • sino la del corazón cerrado a Dios.

6. Cristo es la luz que da alegríaPor eso hoy celebramos el Domingo de la Luz y la Alegría.

Jesús vino para:

  • iluminar nuestra vida,
  • abrir nuestros ojos,
  • liberarnos de las tinieblas del pecado.

Cuando Cristo entra en nuestra vida:

  • hay luz en la conciencia,
  • hay paz en el corazón,
  • hay alegría en el alma.

7. Preguntas para nuestra vidaLa Palabra de Dios hoy nos invita a preguntarnos:

– ¿Hay áreas de mi vida que todavía están en oscuridad? ¿Estoy dejando que Jesús ilumine mi corazón? ¿Vivo como hijo de la luz o sigo caminando en tinieblas?

8. Conclusión. Queridos hermanos y hermanas, pidámosle hoy al Señor tres cosas:

  • Un corazón limpio, para que Dios pueda mirarlo con amor. Ojos abiertos, para reconocer la verdad. Una vida iluminada, que refleje la luz de Cristo. Que, en este Domingo de la Luz y la Alegría, Jesús abra también nuestros ojos y nos conceda caminar siempre en su luz. Amén.

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12/03/2026

“SE LAVÓ Y VIO”

 Por P. Wilkin Castillo, San Juan de la Maguana

Mis hermanos nos encontramos en el IV Domingo de Cuaresma y en el Evangelio se nos dice que: En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?” Jesús contestó: “Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios.” Jesús vio el ciego, pero el ciego físicamente no pudo ver a Jesús. Con su respuesta deja claro el Maestro que había una mala interpretación sobre la deficiencia física de las personas, se asociaba a algún pecado cometido.

“Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.” Hace Jesús honor a esa palabra al darle la visión a este ciego que ansiaba ver la luz. “Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).” Él fue, se lavó, y volvió con vista. En casi todos los milagros de Jesús se da una participación directa de aquel que es beneficiario de ese favor. “Él fue, se lavó, y volvió con vista.”

Los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: “¿No es ése el que se sentaba a pedir?” Unos decían: “El mismo.” Otros decían: “No es él, pero se le parece.” Él respondía: “Soy yo.” Y le preguntaban: “¿Y cómo se te han abierto los ojos?” Él contestó: “Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver.”

 El que antes era ciego explica de manera sencilla y bella lo que le sucedió. Le preguntaron: “¿Dónde está él?” Contestó: “No sé.” Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.” Algunos de los fariseos comentaban: “Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.” Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos? Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?” Él contestó: “Que es un profeta.”

 Paradoja de la vida, mientras los fariseos afirman que este hombre no es de Dios, el que antes era ciego lo define como un profeta. Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: “¿Es éste su hijo, de quien dicen ustedes que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?” Sus padres contestaron: “Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, tampoco lo sabemos. Pregúntenselo a él, que es mayor y puede explicarse.”

Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: “Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.” Contestó él: “Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.”

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él contestó: “¿Y quién es, Señor, ¿para que crea en él?” Jesús le dijo: “Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.” Él dijo: “Creo, señor.” Y se postró ante él. Jesús añadió: “Para un juicio he venido ya a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos.” Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: “¿También nosotros estamos ciegos?” Jesús les contestó: “Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen que ven, su pecado persiste.” Ese esel gran pecado de los fariseos, no admitir que realmente están ciegos, pero sabiéndolo se afanan decir y defender que ven y su pecado es aún mayor.

II Domingo del Tiempo de Cuaresma.  Ciclo A

IV Domingo del Tiempo Ordinario.  Ciclo A

III Domingo del Tiempo Ordinario.  Ciclo A

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