AIRE96FM

16/04/2026

El cinismo: un mal de este tiempo

 Pbro. Felipe de Jesús Colón Padilla (Párroco de la Parroquia Jesús Maestro)

Parece que “la doctrina de los cínicos”, nacida en la antigua Grecia, con Antístenes a la cabeza, y su discípulo Diógenes de Sinope, ha calado en la cultura de muchos pueblos, y República Dominicana no escapa de este virus que afecta las relaciones sociales, las instituciones y la familia.

El cinismo es definido como falta de vergüenza que presenta el individuo al mentir sobre algo, o bien el descaro que dispone al asumirse como defensor a ultranza de acciones y comportamientos que son absolutamente condenables y despreciables.

El cinismo es una enfermedad espiritual, y ante verdades irrefutables se defiende con descaro. Hoy por hoy el cinismo ha invadido prácticamente todos los espacios humanos. En el mundo de la política, encontramos a muchos hombres y mujeres dedicado al quehacer político, que prometen soluciones a males sociales, y luego no le cumplen al pueblo que con su voto le permitió dirigir los destinos de la Patria.

Ser cínico es obrar con irresponsabilidad, pues no tiene escrúpulo para prometer algo que no tiene intención de cumplir; y aunque el afectado es corregido por sus superiores, actúa con desfachatez, porque ante la corrección fraterna no se siente arrepentido, incluso cuando se le increpa por quedar mal ante la responsabilidad asumida; mostrando con ello una insensibilidad espantosa. Remito en este escrito a mis amables lectores sobre la leyenda de Diógenes y Alejandro: Tras conquistar Atenas, Alejandro Magno quiso ir a visitar a Diógenes, filósofo estoico que vivía en un barril, sin más posesiones. Diógenes con su estilo rebelde cuestionaba y dudaba abiertamente de la autoridad, ofreciendo argumentos filosóficos para cambiar la corrupta sociedad en la que vivía.

Al encontrarse Alejandro con Diógenes, le preguntó qué porque le llamaban Diógenes, al perro, y respondió: Porque halago a los que dan, ladro a los que no dan y muerdo a los malos. Ante acuciantes palabras, le ofreció toda clase de bienes materiales, desde mujeres hasta oro de alto quilates, a razón de la admiración que le procesaba, a lo cual Diógenes, tumbado desde dentro de su barril, le dijo: – “oh gran Alejandro, sólo una cosa te pido”-, a lo cual Alejandro preguntó: -” ¿Cuál? – y Diógenes le contestó: – “lo que quieres es que te apartes porque me estas tapando el Sol”. Por otro lado, el cinismo es como un humo negro que se desplaza como el viento, y penetra en nuestros hogares.

Es una actitud cínica que la esposa o el esposo tenga pruebas fehacientes e irrefutables de que su pareja le es infiel, y una de las partes se niegue con impudicia espectacular. O que no coopera para que la relación conyugal mejore, o no admita las fallas terribles del matrimonio. Cultivemos la virtud de la sinceridad, la honestidad, fidelidad y la lealtad con todos: personas, amigos, compañeros, con tu pareja y con Dios que es amor y misericordia.

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“CAMINO A EMAÚS”

 Por P. Wilkin Castillo, San Juan de la Maguana

Estamos en el tercer domingo de pascua, tiempo de alegría y luz espiritual, las lecturas todas nos ayudan a mantener viva la experiencia de fe en el Resucitado, específicamente este elemento está muy presente en el Evangelio que la Iglesia nos propone hoy.

Al presentarnos a dos discípulos dirigirse a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. “Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo”. Hay veces en la vida que nos pasa como a estos dos discípulos, nuestros ojos se incapacitan para verlo, ya que estamos muy pendiente de cosas del entorno y dejamos pasar otras de mayor importancia.

Él les dijo: “¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?” Ellos se detuvieron preocupados. Al parecer la preocupación en la vida no ha sido la mejor aliada, pues por estar tan preocupados como ya he expresado más arriba no descubrieron que era Jesús en persona quien le estaba hablando.  Uno de ellos llamado Cleofás, le replicó: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?” Él les preguntó: “¿Qué?” Ellos le contestaron: “Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto”.

Por la conversación de estos dos discípulos nos damos cuentas que aparentemente sus esperanzas quedaron sepultadas en el momento en que sepultaron a Jesús, pues, pronto olvidaron las enseñanzas del Maestro de que él resucitaría. “Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron”. Estos dos discípulos son muy parecidos en su actitud a Santo Tomás, pues, indirectamente están diciendo que era necesario verlo a él para creer. Es por ello por lo que Jesús les dijo: “¡Qué necios y torpes son para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?” Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. 

Ante su incredulidad y terquedad empezó Jesús a hablarles de las verdades evangélicas y de las promesas que él mismo les había anunciado. Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída”. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.

 Hay un elemento teológico aquí importante y es en el momento  en donde Jesús bendice y parte el pan, se les abrieron los ojos y lo reconocieron, así sucede con nosotros al participar de la Eucaristía nos da la sabiduría del espíritu para reconocerlo y anunciarlo. Ellos comentaron: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”

 Nadie que se encuentra con Jesús sigue igual, pues, en su vida experimenta un cambio, por eso le ardía el corazón Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”.

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15/04/2026

CUARESMA TERMINADA, PASCUA CELEBRADA

 P. Luis Alberto De León Alcántara Email: albertodeleon_011@hotmail.com

La finalidad de la Cuaresma es la Pascua. Toda la Cuaresma está centrada en preparar el cuerpo y el espíritu para celebrar con alegría, gozo y júbilo a Jesús resucitado (cf. Mt 28,6). Es decir, no hay Pascua sin Cuaresma, y no tiene sentido comenzar un camino cuaresmal sin lograr llegar a disfrutar del tiempo de Pascua. Incluso, la propia estructura existencial tiene ese sentido de binomio: Cuaresma-Pascua, porque si nos detenemos en los diferentes acontecimientos personales, familiares, sociales, entre otros, siempre derribaremos en la cuenta de que todo proyecto humano pretende llegar a un buen final.

Por eso, la Cuaresma debe ser vivida como preparación para acoger dignamente la Pascua, ya que solo se puede vivir y disfrutar lo que se ha asumido y recibido sin miedo. Andar por la vida sin dirección, sin meta ni mucho menos con una brújula no tiene razón de ser, pues quien no sabe adónde está, mucho menos tendrá idea de hacia dónde va. Esta es la razón por la que, durante cuarenta días, la Iglesia nos invitó a vivir la Cuaresma con la propuesta de ayuno, oración y limosna, no solo como actos de sacrificio, sino como una preparación interior oportuna para acoger la Pascua del Señor resucitado.

Ya estamos en tiempo de Pascua; ahora nos toca contemplar a Cristo resucitado (cf. Jn 20,20). Después de vivir el Triduo Pascual —pasión, muerte y resurrección, ahora viene la cincuentena pascual: el testimonio de los apóstoles (cf. Hch 2,32), la conformación del cristianismo y el nacimiento de la fe en el Resucitado. Cristo no se quedó en la muerte, sino que salió de la tumba lleno de vida y de gloria (cf. Lc 24,6). Esta es la razón por la que son cincuenta días, porque si fue grande su muerte, mayor fue su resurrección.

En la Pascua, Jesucristo trae la paz y quita el miedo (cf. Jn 20,19). Con Él, hay todo un triple paso: de la muerte a la vida, de la oscuridad a la luz  y de la esclavitud a la libertad de los hijos de Dios. En la Pascua, recuperamos lo que fue herido en el jardín del Edén (cf. Gn 3,15); con la victoria de Jesucristo, ya el pecado no tiene la última palabra, sino que ahora el centro es el Hijo de Dios, el Salvador del mundo (cf. Jn 4,42). Con Cristo nace y renace la esperanza (cf. 1 Pe 1,3). Por eso dice el Apocalipsis que Jesucristo es el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que ha de venir (cf. Ap 1,8).

Entonces, todos tenemos que pasar de la Cuaresma a la Pascua. Hacer el esfuerzo necesario para concluir una etapa, para que sea posible la otra. Ya lo dice san Pablo, cuando afirma: “Somos ciudadanos del cielo” (Flp 3,20). Por tanto, hay que vivir la Pascua, agradecer al Hijo de Dios por su bondad y su misericordia (cf. Sal 136), abrir nuestros corazones para siempre tener la mirada hacia el cielo (cf. Col 3,1-2), aunque, claro, con los pies en la tierra. Ser capaces de asumir las dificultades, los tropiezos de la vida, porque el sufrimiento no tiene la última palabra, sino la gloriosa resurrección de Jesucristo.

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LA CUARESMA Y LAS DECISIONES DE NUESTRA VIDA

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11/04/2026

La Divina Misericordia

 Lecturas: Hechos de los Apóstoles 2,42-47. Salmo 117,4-24. 1Pedro 1,3-9. San Juan 20,19-31.

Domingo 12 abril 2026 (segundo domingo Pascua.)

P. Ciprián Hilario, msc

Queridos hermanos y hermanas:

En este domingo celebramos la Divina Misericordia, un regalo inmenso del Señor que nos invita a confiar plenamente en su amor, que perdona, levanta y transforma nuestras vidas. A la luz de las lecturas de hoy, podemos descubrir algunos elementos sencillos que nos ayudan a comprender mejor este misterio.

1. Hechos de los Apóstoles 2,42-47: Una comunidad que vive la misericordia.

La primera lectura nos muestra cómo vivían los primeros cristianos:

  • Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles.
  • Compartían todo con alegría y sencillez de corazón.
  • Nadie pasaba necesidad porque todo lo ponían en común.

¿Qué nos enseña esto? La misericordia no es solo una idea, es una forma de vivir. Cuando dejamos que Dios toque nuestro corazón:

  • Nos volvemos más generosos.
  • Nos preocupamos por los demás.
  • Creamos comunidad, no división.

 Donde hay misericordia, hay fraternidad.

2. Salmo 117: “Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia” El salmo es un canto de alegría y confianza:

  • Nos recuerda que la misericordia de Dios no se acaba nunca.
  • Aunque pasemos dificultades, Dios siempre está con nosotros.

Para la vida diaria: Cuando todo parece difícil, repitamos: “Eterna es su misericordia”.  Dios nunca se cansa de perdonarnos, somos nosotros los que nos cansamos de pedir.

3. 1 Pedro 1,3-9: Una esperanza viva. San Pedro nos habla de:

  • Una esperanza que nace de la resurrección.
  • Una fe que se fortalece incluso en medio de pruebas.

¿Qué tiene que ver esto con la misericordia?

  • La misericordia de Dios nos da una nueva oportunidad.
  • Aunque suframos, nuestra fe nos sostiene porque sabemos que Dios nos ama.

 La misericordia no elimina las pruebas, pero nos da fuerza para superarlas.

4. Evangelio: Juan 20,19-31 – Jesús, rostro de la misericordia

Aquí encontramos el corazón del mensaje:

  • a) “La paz esté con ustedes” Jesús resucitado se presenta a sus discípulos llenos de miedo.
  • No los reprende.
  • No les reclama haberlo abandonado.

 Les regala paz. Eso es misericordia: amar incluso cuando fallamos.

  • b) “Reciban el Espíritu Santo… a quienes perdonen los pecados…”

Jesús instituye el perdón:

  • La Iglesia recibe la misión de perdonar.
  • La misericordia se convierte en sacramento.

 Dios quiere perdonarnos siempre.

  • c) Tomás: de la duda a la fe

Tomás no cree, pero Jesús:

  • No lo rechaza.
  • Le da la oportunidad de tocar sus heridas.

 La misericordia también alcanza nuestras dudas.

Y Tomás termina diciendo: “¡Señor mío y Dios mío!”

5. Mensaje central: Confianza en la Misericordia

De todo esto sacamos un mensaje claro:

  • Dios no se cansa de nosotros.
  • Nos busca incluso cuando tenemos miedo o dudamos.
  • Nos ofrece paz, perdón y vida nueva.
  •  La clave es confiar.

Para la vida concreta

Hermanos, en este domingo de la Divina Misericordia preguntémonos:

  • ¿Confío realmente en que Dios me perdona?
  • ¿Soy misericordioso con los demás?
  • ¿Vivo la fe con alegría como la primera comunidad?

Conclusión. Queridos hermanos y hermanas:

  • Jesús hoy nos dice lo mismo que a los discípulos:
  • “La paz esté con ustedes”
  • No tengamos miedo, no dudemos como Tomás sin abrirnos a la gracia. Acerquémonos al Señor con confianza y digamos desde el corazón:  Jesús, en Ti confío. Amén.

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10/04/2026

Fiesta de la Divina Misericordia

 Por Leonor María Asilis Elmudesi

¡Estamos casi de fiesta! Este domingo 12 de abril se celebra la fiesta de la Divina Misericordia.

 Nuestro Señor Jesucristo ha dispuesto que, precisamente el domingo siguiente a la celebración de su Resurrección, resplandezca de manera especial su inmensa misericordia para toda la humanidad.

Este profundo mensaje de amor fue revelado en 1931 a Santa María Faustina Kowalska, religiosa polaca de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia. El querido Papa San Juan Pablo II la canonizó el 30 de abril del año 2000, en el mismo día en que instituyó oficialmente la Fiesta de la Divina Misericordia para toda la Iglesia.

No es algo extraordinario en la historia de la Iglesia Católica que una fiesta litúrgica nazca de apariciones o revelaciones sobrenaturales aprobadas. Recordemos, por ejemplo, la Fiesta de Corpus Christi, y la del Sagrado Corazón de Jesús, por las apariciones a Santa Margarita María de Alacoque; o, entre las marianas, las fiestas del Monte Carmelo, de Lourdes y del Inmaculado Corazón de María, esta última extendida al mundo entero por el Papa Pío XII tras las apariciones de Fátima.

De igual modo, Nuestro Señor Jesús quiso servirse de su humilde sierva Santa Faustina para difundir este mensaje consolador. En su Diario, Jesús le dice: “Hija mía, habla al mundo entero acerca de mi inconcebible misericordia. Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas, y muy especialmente para los pecadores.

El alma que se confiese y reciba la Sagrada Comunión en este día obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas”.

Y añade con ternura: “Nadie tenga miedo de acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. […] Esta Fiesta ha brotado del abismo de mi misericordia y se funda en lo más profundo de mi misericordia. Deseo que sea celebrada el primer domingo después de la Pascua, con gran solemnidad”. (Diario, nn. 699 y 49).

Hasta el año 2000, la devoción a la Divina Misericordia era una práctica privada muy extendida en muchos países católicos. Pero el 30 de abril de ese año, durante la Misa de canonización de Santa Faustina, San Juan Pablo II proclamó que el Segundo Domingo de Pascua —es decir, el domingo siguiente al Domingo de Resurrección— recibiría el nombre oficial de “Domingo de la Divina Misericordia” en toda la Iglesia. Poco después, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos confirmó esta disposición para el mundo entero.

¡Qué gran regalo para la humanidad! También en nuestra querida República Dominicana celebramos con inmensa alegría esta fiesta tan esperanzadora.

Nos unimos con gozo a la celebración se hará de forma particular a esta devoción en la Capilla de la Misericordia, ubicada en la avenida 27 de febrero, casi esquina con la Carretera de Manoguayabo (El Caliche), en Santo Domingo donde se televisará por el canal 41 (Televida). Allí se impartirá el sacramento de la Reconciliación durante la mañana, y culminará con la Solemne Eucaristía. Así también podremos aprovechar esta gracia con las debidas disposiciones espirituales en cualquier parroquia que vayamos.

Acudamos confiados a su Corazón misericordioso, recibamos el sacramento de la Penitencia y la Sagrada Comunión con el alma abierta y el corazón lleno de esperanza. En este Domingo de la Divina Misericordia, Jesús desea derramar sobre nosotros y nuestras familias torrentes de gracia, consuelo y paz. ¡No tengamos miedo! Él nos está esperando con los brazos abiertos para perdonarnos, sanarnos y llenarnos de su amor infinito. ¡Aprovechemos esta gracia extraordinaria! Vivamos este día con fe y alegría, y proclamemos con todo nuestro ser: ¡Jesús, en Ti confío!

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