AIRE96FM

04/03/2026

LA CUARESMA Y SUFRIMIENTO

 P. Luis Alberto De León Alcántara Email: albertodeleon_011@hotmail.com

La vida es un misterio que se nos da en la fragilidad humana. Un don que recibimos envuelto entre alegrías y temores. A veces se nos presenta como una aventura y en otras ocasiones, como aquella batalla que todos tenemos que enfrentar. Una lucha que solamente los valientes y los héroes, asumen con todas sus realidades, mientras que los cobardes se renden antes de iniciar el combate. En fin, la vida tiene muchas dimensiones que únicamente se comprenden contemplando y meditando la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

Por eso Cristo entiende nuestro dolor, comprende en su máxima expresión el sufrimiento de cada ser humano. Pues, Él se hizo humano con los humanos. Tomó la condición de un esclavo, se anonadó y se hizo semejanza a nosotros en todo, menos en el pecado. Vivió como un mortal entre los hombres, y aprendió, sufriendo, a obedecer. En otras palabras, el Todopoderoso, el Infinito, por amor a los hombres y a la humanidad, se encarnó, entró en el los límites de la historia de los seres humanos, es decir, Dios acercó su amor a los hombres con su visita a través de su hijo.

El sufrimiento no tiene la última palabra en el mundo. Pues, fuimos creados para la felicidad. Tanto es así, que el cristiano ha entendido que los sacrificios son puentes para cruzar del otro lado donde se encuentra lo que anhelamos. De aquí que la Cuaresma tiene su sentido en la Pascua, ya que Dios no acepta ni se deleita con el masoquismo, no es un Dios cruel que goza mientras el pobre y desprotegido sufre. Sino que es un ser justo, compasivo, que siempre quiere lo mejor para sus hijos. Que hace hasta lo imposible para ver realizado el anhelo sincero que busca el corazón del hombre.

Ahora bien, es precisamente en el tiempo de Cuaresma cuando contemplamos el sufrimiento de Jesús, no como una telenovela ni como una serie, sino como el signo más visible del amor hecho carne. La donación más extraordinaria que hace un Dios por sus criaturas. Pues, mientras la sociedad y el mundo buscan reconocimiento, fama y proyectar una imagen externa, la figura del Maestro nos muestra la caridad como el valor supremo.

Jesús sufre para que el hombre que vive en un constante vacío existencial, en una búsqueda incesante de su propia identidad humana, pueda volver a reencontrarse con Dios, tenga la oportunidad de volver a sonreír y sentir en lo más profundo de su corazón a un Dios que jamás se olvida de sus hijos. Un Dios que aunque permite que a sus hijos les sucedan las cosas, lo hace para que ellos se encaminen hacia la felicidad, y para que vean en las peripecias de la vida, no solamente obstáculos a superar, sino la ocasión perfecta para desconfiar en nuestras fuerzas y podamos lanzarnos en los brazos de la protección divina, porque Jesús es el amigo que nunca falla, el Padre que nunca deja de tener solo y desamparados a sus hijos.

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02/03/2026

Orar por el desarme y la paz

Por Valmore Muñoz Arteaga. Fuente: vidanuevadigital.com

En el escenario mundial, señalado por la persistencia de conflictos bélicos y la sofisticación de la industria armamentística, pero que no es otra cosa que la exteriorización de una herida en el corazón del hombre, la intención de oración propuesta por León XIV para este mes de marzo —orar por el desarme y la paz— no es solo un llamado piadoso, sino un imperativo teológico.

En su mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz, nos ha invitado a peregrinar hacia una “paz desarmada y desarmante”. Sus palabras nos conducen a entrar en el corazón del Evangelio, que no solo desea la paz, sino que propone un cambio definitivo en el interior del hombre y en toda la realidad.

¿De cuál paz nos habla el papa? ¿A cuál paz busca hacer referencia al incorporarla a su saludo? Él mismo responde: “Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente”. Una paz que, en el drama de lo que el papa Francisco ha definido como ‘tercera guerra mundial a pedazos’, sigue resistiendo a la contaminación de las tinieblas. Una paz que es el resultado de una transformación interior del propio hombre, pues la verdadera paz es la que se conquista en el corazón de los seres humanos y no tanto la que surge de procesos de negociaciones, por lo regular, coyunturales y transitorias.

El Evangelio desnuda frente a nuestros ojos atentos la radical ruptura que Cristo instaura con la violencia sistémica de su tiempo. El Evangelio no presenta la paz simplemente como la ausencia de guerra, sino como la presencia activa del Reino de Dios. La paz que me presenta es fruto sobrenatural de un corazón profundamente arraigado en Dios y en su Palabra fiel. Fruto que permite, como señala León XIV, contrastar entre las tinieblas y la luz. Esa posibilidad de contrastar entre las tinieblas y la luz “no es solo una imagen bíblica para describir el parto del que está naciendo un mundo nuevo; es una experiencia que nos atraviesa y nos sorprende según las pruebas que encontramos, en las circunstancias históricas en las que nos toca vivir”.

Podemos hallar con mucha facilidad el mandato central para el desarme en el episodio de Getsemaní. Cuando Pedro intenta defender a Jesús mediante la fuerza, Cristo pronuncia una sentencia contundente: “Vuelve tu espada a su lugar, pues quien toma la espada, a espada morirá» (Mt 26, 52). Aquí, Jesús no solo rechaza la violencia ofensiva, sino que ‘deslegitima’ la lógica de la defensa armada como método para instaurar la justicia, mucho menos, la justicia divina. León XIV, en homilías recientes, ha retomado este pasaje para señalar que «el desarme comienza en la renuncia a la propia razón cuando esta se impone por la fuerza”. Pero para ello, resulta fundamental que nuestra voluntad esté presta a dejarse iluminar por la luz del Evangelio y someterse a Cristo como ‘logos’ rector. Comprender esto significa reconocer lo imperioso de la oración para alcanzar tal cosa.

Todos estamos al tanto de la cercanía que existe entre el corazón de León XIV y el de san Agustín. Una cercanía que va más allá de pertenecer a la orden agustiniana. Es una cercanía propiciada por una misma búsqueda natural en corazones inquietos. Sin embargo, creo que resulta pertinente vincular a la intención del papa la noción agustiniana de paz definida en ‘La Ciudad de Dios’ como la “tranquillitas ordinis”, o la tranquilidad del orden. Concepto clave en la doctrina católica sobre la paz que brota como resultado de un orden justo y divino. Concepto que también acarició san Juan XXIII en su encíclica ‘Pacem in terris’.

En ‘La Ciudad de Dios’, san Agustín nos muestra la paz no como una especie de pacto de no agresión impuesto por el miedo —pensemos en la ‘pax romana’— sino como florecimiento del ordenamiento justo de las cosas hacia Dios. León XIV radicaliza esta visión volviendo a los padres preconstantinianos como Orígenes y Tertuliano, quienes sostenían que el Señor, al desarmar a Pedro, desarmó a todo soldado. No solo nos llama a unirnos en oración por la paz y el desarme, sino a ejercer una nueva forma de diplomacia fundamentada en la misericordia que nace en el corazón del hombre cuando reconoce la vulnerabilidad compartida. “Solo una humanidad que se reconoce frágil y necesitada de Dios puede soltar las armas”, afirmó recientemente. Aceptemos esta invitación con corazón manso y humilde. Paz y Bien, a mayor gloria de Dios.

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01/03/2026

Taller: “El Trabajo en Equipo, Siglo XXI” fortalece la organización pastoral en la Diócesis Stella Maris

 Más de 200 agentes pastorales participaron en dos jornadas formativas sobre roles y responsabilidades al servicio de las comunidades

Santo Domingo Este.- Con el propósito de fortalecer la organización y el trabajo coordinado en las comunidades parroquiales, la Diócesis Stella Maris celebró el taller “El Trabajo en equipo, Siglo XXI: Roles, cargos, funciones y responsabilidades de un equipo de trabajo”, un espacio de capacitación dirigido a agentes de pastoral, coordinadores y miembros de movimientos eclesiales.

La actividad se desarrolló durante dos días: sábado 28 de febrero, de 8:30 de la mañana a 3:30 de la tarde, y domingo 1 de marzo, de 8:30 de la mañana a 2:00 de la tarde, en el Centro Educativo Pilar Constanzo, con una asistencia total de 220 participantes.

El encuentro fue organizado por la Comisión Diocesana de Misión Permanente y Comunidades, como parte de su programa de formación permanente para consolidar equipos pastorales más estructurados, corresponsables y eficientes.

Durante las jornadas se profundizó en la importancia de que cada miembro conozca y desempeñe adecuadamente su función dentro de la comunidad eclesial. Se abordaron los principales servicios y áreas de trabajo, entre ellos la presidencia o acompañamiento del párroco, la coordinación general, la secretaría de actas y archivos, economía y finanzas, formación doctrinal y pastoral, espiritualidad y liturgia, logística y animación, destacando que la claridad en los roles favorece la comunión y el buen desarrollo de la misión evangelizadora.

El taller contó con la presencia y acompañamiento formativo del director de la Comisión Diocesana “Misión y Comunidades Discípulos Misioneros”, Joselito Abreu Lizardo, quien presidió la Santa Misa de clausura del encuentro. Asimismo, participó el arcipreste de la zona pastoral Los Mina y vicario episcopal del clero, Ricardo de la Rosa, acompañando el proceso formativo.

Con esta iniciativa, la Diócesis Stella Maris reafirma su compromiso con la preparación integral de sus agentes pastorales, impulsando comunidades más organizadas, fraternas y comprometidas con el anuncio del Evangelio.

Dirección de Comunicación y Prensa
Diócesis Stella Maris

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27/02/2026

Encrucijada entre el ser y el parecer

 Ángel Gomera: angelgomera@gmail.com*

La vida que llevamos en la sociedad de hoy nos empuja ir saltando de un lado para otro a toda velocidad y en momentos actuando en la versión de un corazón que no siente, sin darnos el tiempo de detenernos a reflexionar: ¿Quiénes somos realmente? ¿Cuál es el propósito de nuestra existencia en particular? ¿Creemos que la vida que llevamos es una vida buena? ¿Por qué?  ¿cómo debemos vivir nuestras vidas y qué principios deben guiar nuestras acciones? ¿Qué quisiéramos cambiar en la vida? ¿Para qué?

Estas preguntas, aunque suenen filosóficas o teóricas, debemos interiorizarlas con seriedad y a modo de dinámica personal, irlas respondiendo delante de un espejo, no delante de un celular o pantalla; ya que en la mayoría de las ocasiones estos dispositivos tecnológicos nos sustraen del pensamiento autocrítico que se ha de asumir cuando requerimos responder cuestiones de nuestra propia existencia.

Y es que ante un mundo en constante cambio impregnado de un vendaval de sucesos e ideologías que atan y deshumanizan, emplear la capacidad de reflexión crítica es más importante que nunca; ya que nos servirá de brújula para poder impulsar la barca de la vida sorteando las mareas de lo real y lo aparente, de engaños y desengaños, de la verdad o mentira, de lo humano o lo salvaje; para así, no terminar cayendo en aquellas cosas o situaciones que parecen ser, pero no lo son o se suponen tenerlas, sin lograr realmente alcanzarlas.

El problema está cuando nos conformamos con la mera apariencia, en lugar de esforzarnos en ser verdaderamente lo que debemos ser o pretender ser. Muchas veces preferimos sentirnos engañados, pues, resulta más fácil conformarnos con no salir del nivel de confort en que nos encontramos. En ese orden, el escritor y militar francés François de La Rochefoucauld, se refiere a que: ¨Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos¨.

Entender que procurar vivir complaciendo a otros, hace que terminemos en la pérdida de nuestra propia identidad, hasta el punto de hacernos creer la imagen falsa que proyectamos. El autoengaño se nutre de la constante búsqueda de la aprobación externa y se encubre en el uso de máscaras sociales, aunque resultemos víctimas de nuestras propias creaciones engañosas.

Asimismo, nos alerta el filósofo Guy Ernest Debord en su obra ¨La Sociedad del espectáculo¨ cuando expresa que el sistema en que vivimos ¨no solo vende productos, sino estilos de vida e identidades prefabricadas. Y los individuos, inmersos en una falsa conciencia, aceptan la apariencia como la única realidad, limitando su capacidad crítica. Es decir, la realidad está siendo reemplazada por imágenes y el «ser» por el «parecer».

A este respecto, el sentido de la vida se convierte en un «espectáculo banal» constante, donde la desconexión de la realidad histórica y personal es la base que predomina; donde ese sujeto lleva consigo la aspiración de espectacularizar al máximo cualquier aspecto de su vida, aun a expensa de la esencia. Ahí lo íntimo, va perdiendo privacidad y, por momentos, se expone de manera obscena y extrema con tal de hacerse viral o convertirse en influencers.

A propósito de las redes sociales, es entendible que el mundo de las apariencias, las simulaciones y actuaciones de la persona, no nació con las plataformas digitales, pero ha encontrado en ellas un auge sin precedentes, y somos muy poco conscientes de las consecuencias por el uso desproporcionado y la agresión severa que nos autoinfligimos.

Realmente ante la embestida de la posverdad, se nos hace muy difícil en tantos escenarios, discernir entre la verdad y la mentira: hechos y propaganda. Espacios donde la verdad no importa, basta solo manejar las emociones. En ese aspecto, Mark Twain enfatiza que ¨es más fácil engañar a la gente que convencerla de que fue engañada”. Dada esa realidad es oportuno reconocer que buscar la verdad nos hace libres, pero creer la mentira nos esclaviza.

Haríamos bien en poner un poco más de atención al manejo de dichas plataformas; y procurar encontrarnos con nuestro verdadero ser, hasta el punto de llegar a la decisión valiente, cuando esto se requiera, de someternos a un autoprograma de desintoxicación digital. Pongamos freno a la inmediatez y no sucumbamos a esos algoritmos de redes sociales que priorizan el contenido sensacionalista y dañino, facilitando la desinformación y el sembradío de la oscuridad.

Definitivamente, en nuestra vida cotidiana, la confusión entre lo que es y lo que parece ser, es un desafío permanente; pero no podemos olvidarnos que el que vive para aparentar se olvida de vivir. Es pertinente retornar a la pedagogía de la mirada como muy bien describe Byung Chul Han; aquella que permite valorar profundamente la belleza y lo verdadero; que se cultiva en la sensibilidad ante el virus de la indiferencia; que muestra la capacidad de asombro ante la injusticia y el sufrimiento de los demás; y que evita la ceguera ante la realidad, para que no seamos autómatas de lo dictado por el mundo de lo banal y lo insustancial.

*El Autor es abogado.

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Conferencia Episcopal Dominicana advierte del “cáncer silencioso” de quienes “se autoperciben como animales”

 Por Walter Sánchez Silva. Fuente: aciprensa.com

Los obispos dominicanos alertaron del “cáncer silencioso” de quienes “se autoperciben como animales”, alentaron a defender la vida y la familia; y a promover la esperanza, en su mensaje por los 182 años de la independencia del país, titulado “República Dominicana: Un pueblo sostenido en la esperanza, la ética del deber”.

“Queremos llamar la atención sobre un tema que poco a poco se ha ido insertando en la sociedad como un cáncer silencioso que está dañando la identidad del individuo”, indicaron los obispos, en su mensaje con fecha 27 de febrero, día de la independencia nacional dominicana.

“Nos referimos a la propagación de ideologías que pretenden normalizar comportamientos contrarios a la ley natural y objetivamente desordenados; por ejemplo, personas que se auto perciben como animales, objetos inanimados y de otra índole”.

En ese sentido, precisaron los prelados, “la ciencia ha demostrado que los problemas de salud mental pueden afectar la autoimagen y una identidad difusa que exacerban trastornos, percepción distorsionada, inestable o fragmentada, desvinculada de la realidad. Las ideologías matan y promueven la incivilidad”.

“Por tanto, exhortamos a las familias y al Estado dominicano velar y proteger a nuestros niños, jóvenes y adultos, combatiendo la promoción de estas ideologías y proveyendo servicios de salud mental para quienes lo requieran”, subrayaron.

Si bien los obispos no mencionan explícitamente a los therians, estos jóvenes también están presentes en República Dominicana. Aseguran no identificarse como humanos sino percibirse como animales, usando para ello máscaras, colas y garras postizas, y trasladándose en cuatro patas, una realidad que también presenta un desafío para la Iglesia hoy.

Los prelados dominicanos también se refieren a la propuesta de reforma del Código para el Sistema de Protección y Derechos Fundamentales de Niños, Niñas y Adolescentes (Ley 136-03), por lo que, “como Iglesia” hacen “un llamado a promover la composición de la familia formada por padre, madre e hijos”.

“Cualquier atentado contra el núcleo familiar es una amenaza contra la esperanza de la sociedad. Como país debemos luchar juntos contra los males que están afectando la unidad de la familia”, advierten.

Los obispos también resaltan que la pastoral de la Iglesia Católica es signo de esperanza, que promueve un uso responsable de “la tecnología, especialmente de la inteligencia artificial y la revolución digital”, como anima constantemente el Papa León XIV.

Tras señalar la importancia de participar en la vida pública como “una escuela de esperanza”, los prelados enumeran una serie de desafíos a los que se debe hacer frente, como “el microtráfico que destruye comunidades, la deshumanización en el ejercicio de la medicina, el maltrato infantil, la inseguridad social, el desacato a la ley y a la autoridad civil, la corrupción política que muchas veces busca lucro en vez de justicia, la pérdida de las buenas costumbres, así como el juego de azar con sus falsas ilusiones”.

Otros desafíos que también denuncian son “el embarazo en adolescentes, la violencia en todas sus expresiones, el aborto, la mortalidad infantil, la explotación minera que hipoteca el futuro de nuevas generaciones, el ruido de la música a altos decibeles, sin control ni regulación efectiva, robando la paz y deteriorando el ambiente, y la contaminación”.

Pese a todo esto, resaltan que “no debemos rendirnos, sino peregrinar con esperanza”. “Como pastores, llamamos a una participación profética, inspirada en la doctrina social de la Iglesia, para transformar estructuras injustas con el amor cristiano, la defensa de los pobres y la colaboración en el trabajo digno”, destacan.

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