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02/07/2026

La República Dominicana frente al desafío de la violencia: una crisis que exige respuestas de toda la sociedad

 Por P. Domingo Vásquez Morales: dvasquezmorales@gmail.com

La violencia se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la sociedad dominicana. Cada día vemos cómo los medios de comunicación reportan hechos que reflejan una realidad inquietante: conflictos familiares que terminan en tragedias, discusiones entre ciudadanos que escalan hasta la agresión física, feminicidios, actos delictivos y una creciente intolerancia que parece ganar terreno en distintos espacios de la vida nacional.

Detrás de cada noticia hay una historia humana. Hay niños que quedan huérfanos, familias que viven el dolor de una pérdida irreparable y comunidades que ven afectada su tranquilidad. La violencia no solo arrebata vidas; también destruye sueños, debilita la confianza entre las personas y erosiona los valores que sostienen la convivencia social.

La República Dominicana ha sido históricamente reconocida por la alegría de su gente, su hospitalidad y su profundo sentido de solidaridad. Sin embargo, los acontecimientos que se registran con frecuencia nos obligan a preguntarnos qué está ocurriendo en nuestra sociedad, qué nos está pasando. ¿Por qué parece haberse debilitado la capacidad de dialogar? ¿Por qué algunas personas recurren con tanta facilidad a la agresión para resolver diferencias? ¿Qué estamos dejando de hacer como familias, instituciones y ciudadanos?

Las respuestas no son simples. La violencia es un fenómeno complejo que tiene múltiples causas. La desigualdad social, las dificultades económicas, el desempleo, la desintegración familiar, el consumo de alcohol y drogas, la falta de oportunidades para muchos jóvenes y la pérdida de referentes éticos son factores que contribuyen a crear un ambiente propicio para el conflicto.

Sin embargo, sería un error atribuir toda la responsabilidad a las circunstancias externas. También existe una crisis de valores que merece ser abordada con valentía. En una época marcada por la inmediatez, la confrontación y la intolerancia, parece que hemos olvidado la importancia de escuchar, comprender y respetar al otro, incluso cuando no piensa como yo.

La familia sigue siendo la primera escuela de convivencia. Es en el hogar donde los niños aprenden a controlar sus emociones, a respetar las normas y a resolver conflictos de manera pacífica. Cuando estos aprendizajes faltan o se debilitan, las consecuencias terminan reflejándose en toda la sociedad. Por eso, fortalecer la familia debe ser una prioridad nacional.  El gobierno debiera crear el Ministerio de la Familia.

La educación también tiene un papel fundamental. No basta con formar profesionales competentes; es necesario formar ciudadanos responsables, capaces de convivir en paz y de asumir compromisos éticos con la comunidad. Las escuelas y universidades están llamadas a promover una cultura del respeto, la tolerancia y la solidaridad.

En este contexto, la dimensión espiritual no puede ser ignorada. Más allá de credos o denominaciones, los principios que promueven el amor al prójimo, el perdón y la reconciliación continúan siendo herramientas poderosas para enfrentar la violencia.

La Palabra de Dios ofrece enseñanzas que mantienen plena vigencia. En el Evangelio de san Mateo, Jesús proclama: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9). Este mensaje no está dirigido únicamente a líderes religiosos; es una invitación para todos los ciudadanos a convertirse en constructores de paz en sus hogares, lugares de trabajo y comunidades.

Asimismo, el libro de los Proverbios enseña: «La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego» (Pro 15,1). En una sociedad donde muchas discusiones terminan en violencia, estas palabras recuerdan la importancia del autocontrol y del diálogo como instrumentos para prevenir tragedias.

La solución al problema de la violencia requiere la participación de todos. Las autoridades deben continuar fortaleciendo las políticas de prevención, la seguridad ciudadana y el acceso a la justicia. Las iglesias, organizaciones comunitarias y medios de comunicación tienen la responsabilidad de promover valores que fortalezcan la convivencia. Pero, sobre todo, cada ciudadano debe asumir el compromiso de rechazar la violencia en cualquiera de sus manifestaciones.

La paz no se construye únicamente desde los despachos gubernamentales ni desde los tribunales. Se construye en cada hogar donde se enseña respeto; en cada escuela donde se fomenta la convivencia; en cada comunidad donde se privilegia el diálogo; y en cada persona que decide responder al odio con serenidad y a la confrontación con entendimiento.

Somos conscientes que nuestro país enfrenta grandes desafíos, pero también posee grandes fortalezas. Somos un pueblo de fe, resiliencia y esperanza. Si logramos recuperar los valores que históricamente nos han caracterizado y asumimos la responsabilidad compartida de construir una cultura de paz, podremos avanzar hacia una sociedad más segura, más justa y más humana.  Trabajemos por y para la paz, porque seremos llamados hijos de Dios.

La violencia no puede convertirse en una costumbre. El futuro del país depende de nuestra capacidad para defender la vida (desde la concepción hasta la muerte natural), fortalecer la familia, educar en valores y apostar por el diálogo como camino para resolver nuestras diferencias. Esa es la tarea que nos corresponde a todos y que no admite demora.

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La Conferencia del Episcopado Dominicano (CED) presentó a las autoridades electas para el trienio 2026-2029

 Jueves 2 de julio de 2026

Santo Domingo, Rep. Dom.– La Conferencia del Episcopado Dominicano (CED) presentó a las autoridades electas para el trienio 2026-2029 durante un almuerzo celebrado con presidentes, directores y periodistas de diversos medios de comunicación, realizado el jueves 2 de julio en la Casa María de la Altagracia.

Durante la 64.ª Asamblea Plenaria, fueron elegidos como presidente monseñor Ramón Alfredo de la Cruz Baldera, obispo de San Francisco de Macorís; vicepresidente, monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, arzobispo coadjutor de Santo Domingo; y secretario general, monseñor José Amable Durán Tineo, obispo auxiliar de Santo Domingo.

También integran el Consejo Permanente monseñor Santiago Rodríguez Rodríguez, obispo de San Pedro de Macorís, en representación de la provincia eclesiástica de Santo Domingo, y monseñor Andrés Napoleón Romero Cárdenas, obispo electo de La Vega, en representación de la provincia eclesiástica de Santiago de los Caballeros. Asimismo, fue elegido secretario general adjunto el padre Daniel De los Santos, de la diócesis de San Pedro de Macorís.

Durante la actividad, monseñor Héctor Rafael Rodríguez Rodríguez, arzobispo metropolitano de Santiago de los Caballeros, dirigió la oración inicial y ofreció las palabras de bienvenida, en las que explicó el propósito del encuentro y reiteró la cercanía y solidaridad de la Iglesia con el pueblo de Venezuela. A continuación, monseñor Faustino Burgos Brisman, obispo de Baní, presentó la estructura organizativa de la Conferencia del Episcopado Dominicano.

Posteriormente, monseñor Ramón Alfredo de la Cruz Baldera compartió una reflexión inspirada en el mensaje del papa León XIV para la 60.ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales y en la encíclica Magnificat Humanitas. En su intervención exhortó a los comunicadores a «rechazar toda forma de violencia comunicacional, evitando la difusión del odio, la difamación, el lenguaje ofensivo, la polarización y cualquier contenido que promueva la discriminación o degrade la dignidad humana».

En ese mismo sentido, animó a los profesionales de la comunicación a «comprometerse con la difusión de contenidos que promuevan la verdad, la dignidad humana, el diálogo, la esperanza y el bien común, utilizando los medios de comunicación y las nuevas tecnologías como instrumentos para construir una cultura del encuentro, inspirada en el Evangelio y al servicio de toda la humanidad».

Asimismo, reiteró la disposición de la Conferencia del Episcopado Dominicano para mantener un diálogo cercano con los medios de comunicación. «Cuenten con nosotros; estamos a su disposición», expresó monseñor De la Cruz Baldera.

Al encuentro asistieron directores y representantes de diversos medios de comunicación, entre ellos: Miguel Franjul, de Listín Diario; José Monegro, del periódico El Día; Ricardo Rojas León, de RNN; Julio Martínez Pozo, de El Zol de la Mañana; Yudelki Guerrero, de Telecentro; Rafael Burgos Gómez, presidente de TNI; Rosa Olga Medrano, presidenta del Grupo Medrano; Edith Febles, productora del programa El Día; Ariel Santana, productor de Esto No Es Radio, así como representantes de diversos medios de comunicación católicos, entre otros.

Sobre la Asamblea Plenaria

Desde el domingo 28 de junio hasta el viernes 3 de julio, los obispos de la Conferencia del Episcopado Dominicano celebran su 64.ª Asamblea Plenaria. Este encuentro anual reúne a todos los obispos miembros de la CED para abordar diversos temas de interés eclesial e institucional, entre ellos la elección de la nueva directiva, la presentación de los informes de las diócesis, la evaluación del trabajo de las distintas comisiones episcopales y otros asuntos relacionados con la misión pastoral de la Iglesia en la República Dominicana.

FUENTE: Medios digitales CED / Correo: comunicacionyprensa@ced.org.do / Facebook, Instagram y X: @episcopadord

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Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán llama a toda la Iglesia a asumir la promoción de las vocaciones

 El arzobispo coadjutor de Santo Domingo, monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, hizo un firme llamado al pueblo de Dios, al afirmar de manera categórica que la promoción y el cuidado de las vocaciones sacerdotales y religiosas constituyen una tarea urgente de toda la Iglesia, y no una responsabilidad exclusiva del clero.

Esta exhortación tuvo lugar durante el Primer Congreso de Pastoral Vocacional, celebrado en la capital dominicana, un encuentro que reunió a cerca de 200 participantes, entre obispos, sacerdotes, religiosas y laicos comprometidos, con el propósito de reflexionar sobre la realidad actual del discernimiento vocacional en la región.

El congreso, desarrollado en las instalaciones del Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino, sirvió como espacio de reflexión para abordar los desafíos culturales, sociales y espirituales que enfrentan las nuevas generaciones al momento de escuchar y responder al llamado de Dios en el mundo contemporáneo.

Durante las jornadas de trabajo se destacó que el surgimiento de nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada depende, en gran medida, de la creación de ambientes favorables en las parroquias, movimientos y comunidades eclesiales, donde los jóvenes encuentren un auténtico testimonio de vida, una escucha cercana y un acompañamiento espiritual sólido.

Al concluir el congreso, la Pastoral Vocacional de Santo Domingo estableció las principales líneas de acción para el futuro inmediato. Entre las prioridades señaladas destacan la creación de equipos de pastoral vocacional en cada parroquia y el compromiso activo de las familias católicas en el acompañamiento y promoción de las vocaciones.

Monseñor Morel Diplán concluyó su intervención recordando que toda vocación se sostiene sobre tres pilares fundamentales que la Iglesia está llamada a cultivar diariamente en sus comunidades: la generosidad, la vida y el amor. Asimismo, subrayó que la pastoral vocacional debe ocupar un lugar prioritario dentro de la misión evangelizadora de la Iglesia.

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01/07/2026

El Papa: Los cristianos unidos en la fe están llamados a ser un signo creíble de paz

 Renato Martínez – Ciudad del Vaticano

La mañana de este martes, 30 de junio, el Santo Padre recibió en audiencia a los miembros de la Delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, quienes llegaron a Roma con ocasión de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo. Durante el encuentro, el Pontífice les reiteró su sincera gratitud por la visita, así como por el compromiso personal del Patriarca Ecuménico y de todo el Patriarcado con la promoción de la unidad de los cristianos.

«En una época marcada por las guerras, la creciente polarización y las divisiones culturales y sociales, los cristianos, reconciliados entre sí y unidos en la profesión de la única fe, están llamados a ser un signo creíble de paz, contribuyendo decisivamente al compromiso de todos los hombres y mujeres de buena voluntad por este objetivo». Así lo afirmó el papa León XIV durante su discurso a los miembros de la Delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, encabezada por Su Eminencia Emmanuel Adamakis, metropolitano de Calcedonia, a quienes recibió en audiencia este martes, 30 de junio, con motivo de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo.

Tras recordar la celebración de la fiesta de los santos apóstoles Pedro y Pablo, patronos de la Iglesia de Roma, el Santo Padre manifestó su alegría por recibir nuevamente a la delegación y señaló que su presencia expresa la cercanía fraterna de la Iglesia hermana de Constantinopla y de su pastor, Su Santidad Bartolomé, Patriarca Ecuménico.

«Le agradezco profundamente a él y a todos los miembros del Santo Sínodo por haberlos enviado a Roma para continuar el tradicional intercambio de visitas con ocasión de las fiestas de los santos patronos de nuestras respectivas Iglesias».

En este contexto, el Pontífice recordó su participación, el pasado 30 de noviembre, en la celebración de la fiesta de san Andrés, en la Iglesia Patriarcal de San Jorge, en el Phanar, durante su viaje apostólico a Turquía y el Líbano.

«Recuerdo con alegría y gratitud los encuentros que mantuve con Su Santidad Bartolomé, en los que pudimos profundizar nuestra amistad y compartir nuestra visión sobre numerosos temas, especialmente el deseo común de avanzar hacia la plena unidad entre todos los cristianos».

Asimismo, el papa León XIV destacó que la conmemoración del 1700.º aniversario del Primer Concilio de Nicea, celebrada en vísperas de la fiesta de san Andrés en Iznik, por invitación del Patriarca Bartolomé y con la presencia de representantes de otras Iglesias y comunidades eclesiales, constituyó un elocuente testimonio de la comunión ya existente entre todos los que comparten la fe en Dios Padre, confiesan a Jesucristo como Señor e Hijo de Dios y creen en el Espíritu Santo, que inspira y conduce a la plenitud de la verdad y de la unidad.

«A la luz de este acontecimiento conmemorativo, quedó claro que el Credo Niceno debe ser el fundamento y el criterio de referencia para este proceso, proponiendo el modelo de la verdadera unidad en la legítima diversidad: unidad en la Trinidad y Trinidad en la unidad. Que el camino hacia la celebración del segundo milenio de la Redención, en 2033, sea recorrido conjuntamente por todas las confesiones cristianas del mundo, redescubriendo el don y la vocación de ser testigos del Resucitado».

Dirigiendo su mirada al contexto actual, el Santo Padre señaló que, en un mundo marcado por las guerras, la creciente polarización y las divisiones culturales y sociales, los cristianos reconciliados y unidos en la profesión de la única fe están llamados a ser un signo creíble de paz, contribuyendo de manera decisiva al compromiso de todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

«En efecto, en la situación actual no solo está en juego la credibilidad del mensaje cristiano, sino también el futuro mismo de la humanidad. La necesidad de una mayor colaboración entre los cristianos ante desafíos como la paz, el uso adecuado de las nuevas tecnologías y el cuidado de la creación nace del Evangelio de Jesucristo. La responsabilidad por la vida y la dignidad de todo ser humano, comenzando por el más pequeño y necesitado, es el criterio que determina nuestro destino presente y eterno».

Finalmente, el Pontífice renovó su agradecimiento por la visita y por el compromiso del Patriarcado Ecuménico con la promoción de la unidad de los cristianos.

«Les aseguro mis oraciones, por intercesión de los santos apóstoles Pedro y Andrés, hermanos en la carne y en la fe, y pido a Dios Padre que siempre nos acompañe con su bendición».

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27/06/2026

La Diócesis Stella Maris convoca a una jornada de solidaridad con el pueblo venezolano

 Todas las parroquias y comunidades eclesiales operarán como centros de acopio para recolectar medicamentos, alimentos no perecederos e insumos básicos.

 Monseñor Manuel Ruiz exhorta a los fieles a unirse también en una cadena de oración por las víctimas y los afectados.

Santo Domingo Este, 27 de junio de 2026 – Ante el profundo dolor que vive el pueblo venezolano a causa del devastador terremoto que ha sacudido la región, dejando a su paso numerosas víctimas mortales, miles de personas heridas y cuantiosos daños materiales, la Diócesis Stella Maris ha emitido un llamado urgente a todas sus parroquias, comunidades e instituciones eclesiales para unirse en una gran jornada de solidaridad en favor de los hermanos de Venezuela.

En un mensaje dirigido a toda la comunidad eclesiástica, la Diócesis recordó el rol fundamental de la fe en momentos de crisis: «Como Iglesia, estamos llamados a hacer presente el amor misericordioso de Cristo, especialmente con quienes sufren». Por este motivo, se exhorta formalmente a todos los fieles a acudir a sus respectivas parroquias con donaciones que contribuyan a aliviar las necesidades más apremiantes de las familias damnificadas.

Para operativizar la ayuda, cada parroquia de la diócesis funcionará de manera inmediata como centro de acopio.

Posteriormente, la Diócesis Stella Maris coordinará la logística y el envío de toda la ayuda humanitaria a través de los canales eclesiales oficialmente establecidos, garantizando de esta manera que las donaciones lleguen de forma segura y directa a quienes más lo necesitan.

Los artículos de primera necesidad que se estarán recibiendo prioritariamente son:

 Medicamentos de primeros auxilios y de uso general (estrictamente no vencidos).

 * Mascarillas y guantes desechables.

 * Alimentos enlatados y productos no perecederos.

 * Artículos de higiene personal.

 * Agua potable embotellada.

 * Pañales para niños y adultos.

 * Otros insumos médicos básicos.

Más allá de la asistencia material, la Diócesis invita firmemente a todas las comunidades parroquiales a elevar una oración especial durante las celebraciones litúrgicas por el eterno descanso de quienes han fallecido, por la pronta recuperación de los heridos y por el consuelo espiritual de las familias que hoy atraviesan esta dolorosa prueba.

La institución confió esta iniciativa a la protección divina expresando: «Que la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela, interceda por ese noble pueblo y fortalezca la esperanza de quienes hoy atraviesan esta dolorosa prueba».

La nota concluye con una inspiradora exhortación de las Sagradas Escrituras: «Lleven los unos las cargas de los otros, y así cumplirán la ley de Cristo» (Gál 6, 2).

Convocado por:

Diócesis Stella Maris+ Mons. Manuel Ruiz

Obispo de Stella Maris

Contacto de Prensa:

Dirección de Comunicaciones de la Diócesis Stella Maris

prensa.diocesisstellamaris@gmail.com

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