AIRE96FM

05/02/2026

La Vida Consagrada vive: Encuentro con Comunidades de Nuevas Fundaciones en la diócesis Stella Maris

Santo Domingo Este, 5 de febrero de 2026.-


Con el propósito de fortalecer la comunión eclesial y profundizar en la identidad carismática de las nuevas comunidades, la Diócesis Stella Maris, a través de la Vicaría Episcopal de Vida Consagrada, celebró los días 3 y 4 de febrero el I Encuentro con Comunidades de Nuevas Fundaciones de Vida Consagrada, en la Casa de Retiro Madre Elisea.

El espacio reunió a diversas comunidades en un ambiente de oración, reflexión y discernimiento, orientado a reconocer los desafíos actuales de la vida consagrada y a consolidar su misión evangelizadora al servicio del Pueblo de Dios.

La jornada inaugural inició con la acogida e inscripción de los participantes, seguida de un momento de oración que preparó el corazón para vivir el encuentro con espíritu fraterno. Posteriormente, se realizó la presentación de las comunidades y la explicación de los objetivos, guiada por el Vicario Episcopal de Vida Consagrada, Fray Arístides Jiménez Richardson, quien acompañó y coordinó el desarrollo de los trabajos.

Durante el primer día se vivió una memoria agradecida de las diversas formas de consagración presentes en la Iglesia, reconociendo la riqueza de los carismas como don del Espíritu Santo. En un clima de escucha y diálogo, los participantes compartieron expectativas, inquietudes y experiencias de su camino vocacional y comunitario, además de realizar un primer acercamiento al Motu Proprio.

Uno de los momentos más significativos fue el conversatorio y plenario con el obispo diocesano, Monseñor Manuel Antonio Ruiz de la Rosa, quien sostuvo un diálogo cercano con las comunidades. Cada grupo presentó su vocación, carisma y desafíos pastorales. El obispo ofreció orientaciones y palabras de ánimo, invitándoles a vivir con autenticidad su consagración, salir al encuentro de los demás y dar un testimonio que evangelice con la propia vida.

El segundo día comenzó con la oración de Laudes y la celebración de la Eucaristía, centro y culmen de la vida consagrada. Posteriormente, se desarrolló una reflexión formativa sobre el Motu Proprio Authenticum Charismatis, documento que orienta el discernimiento y acompañamiento de las nuevas fundaciones en la Iglesia.

La exposición estuvo a cargo de la Hna. Cesarina Batista, Provincial de las Hijas de María Auxiliadora, quien ofreció una lectura clara y pastoral del texto pontificio, subrayando la importancia de custodiar la autenticidad del carisma, la comunión con la Iglesia y la responsabilidad misionera de estas nuevas realidades.

El encuentro concluyó con un plenario de conclusiones y un almuerzo fraterno. Los participantes manifestaron gratitud por este espacio de formación y acompañamiento, valorándolo como un paso significativo para el fortalecimiento de la vida consagrada en la diócesis.

Con esta iniciativa, la Diócesis Stella Maris reafirma su compromiso de acompañar, discernir y promover la vida consagrada, reconociéndola como un signo vivo de esperanza, entrega y servicio al Reino de Dios.

Contacto:
Vicaría Episcopal de Vida Consagrada
Diócesis Stella Maris

Redacción:
Hna. Jenny Reyes – Ordo Virginum

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03/02/2026

Reflexiones sobre la Enfermedad y el Sufrimiento

Por Leonor María Asilis Elmudesi

La enfermedad y el sufrimiento son realidades que afectan nuestras vidas.

Si seguimos el ejemplo de Cristo, debemos comprometernos a acompañar a los enfermos en su padecer. En cierta forma, transformarnos en su Cireneo.

El 11 de febrero, es la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, ocasión propicia para reflexionar sobre el significado del sufrimiento y la esperanza que brota de la fe. San Juan Pablo II, en su encíclica «Salvifici Doloris» nos recuerda que el dolor tiene sentido cuando es vivido en unión con Cristo. Él señaló: «El sufrimiento humano, en cierto modo, se convierte en el camino hacia la redención».

La vida de Jesús estuvo marcada por su cercanía a quienes sufrían. Su compasión no solo se limitó a palabras; actuó en consecuencia, sanando, acompañando y ofreciendo consuelo. En su ministerio, vemos un modelo de acción que debe inspirar nuestras propias vidas. 

Debemos recordar que, al igual que el Buen Samaritano, nuestra misión debe consistir en acercarnos a aquellos que padecen y atender sus necesidades. En Lucas 10, Jesús nos invita a hacer lo mismo: «Anda y haz tú lo mismo». Esta llamada nos anima a ser agentes de amor y misericordia, llevando esperanza donde hay desesperanza.

La importancia de la comunidad se hace evidente en este contexto. En una sociedad que a menudo margina a los enfermos, el llamado a construir lazos de solidaridad es más urgente que nunca. Esta visión comunitaria se alinea con las enseñanzas de San Juan Pablo II, quien enfatizaba que “la verdadera amistad está en la capacidad de compartir la carga del otro”.

Un aspecto fundamental es la atención a la salud integral, que abarca además del cuidado físico, también el bienestar emocional y espiritual. La Iglesia, a través de diversas iniciativas, busca brindar este apoyo a todos aquellos que enfrentan la adversidad de la enfermedad.

En este sentido, la Pastoral de la Salud juega un papel crucial en nuestra sociedad, promoviendo acciones que buscan aliviar el sufrimiento. Es un llamado a la acción, a ser instrumentos de paz y amor en medio del dolor.

Que nuestra vida sea un constante testimonio de amor hacia los demás, y que podamos seguir el ejemplo del Buen Samaritano, acercándonos con ternura y compasión a aquellos que sufren. Esta es la invitación que nos hacen nuestros pastores, y es nuestro deber responder en acción. Hablando de pastores evoco al muy querido e ilustre obispo, el inolvidable Monseñor Francisco José Arnaíz. Disfrutaba tanto sus sabias palabras. Recuerdo una vez al preguntarle qué es lo más que se puede hacer a quien sufre: solo me dijo, estar con él.

A veces, no es fácil. La tendencia del mundo en que vivimos es pretender huir del sufrimiento, le tememos. Sin embargo, hay que estar cuando hay que estar. Doy testimonio de la veracidad de las palabras de San Pablo en mi vida: «todo lo puedo en Cristo que me fortalece».

Finalmente, la enseñanza más importante de este tema nos llega del propio Dios encarnado, Jesucristo. En su agonía en la Cruz imploró a Dios Padre eximirle si era posible del sufrimiento por el cual atravesaba más El acepto  con fe plena Su Santa Voluntad. Alabado y Glorificado sea por siempre. Amén.

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DIÓCESIS STELLA MARIS CELEBRA LA XXX JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA CON LLAMADO A RENOVAR LA ALEGRÍA Y LA FIDELIDAD VOCACIONAL

Santo Domingo Este, 2 de febrero de 2026.
Celebrando esta fiesta de «Presentación del Señor y Purificación de la Virgen María», la Diócesis Stella Maris, se une a la Solemne XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada con una Eucaristía presidida por su obispo, Monseñor Manuel Antonio Ruiz, en la Catedral Stella Maris, reuniendo a sacerdotes, diáconos, religiosas, religiosos, seminaristas y fieles laicos.

La celebración contó con la participación de miembros de diversas congregaciones religiosas presentes en la diócesis, quienes renovaron públicamente su entrega al Señor, junto al clero diocesano, en un gesto inspirado en María y José al presentar a Jesús en el templo. La jornada estuvo marcada por la oración, la gratitud y el compromiso renovado con la misión evangelizadora de la Iglesia.

Acompañaron la Eucaristía los sacerdotes Andrés Solano, Andrés Cruz, Fray José María Guerrero, Fermín Fermín, Eduardo Carrión, Alejandro Valera, Fray Arístides Jiménez, Ricardo de la Rosa, Araujo Tejada, Héctor Justo, Raúl Santos, Ronald Santiago, Pablo Daniel, Kelvis Acevedo y Domingo Vásquez Morales, así como el diácono Jesús Alberto, entre otros ministros y servidores del altar.

Durante su homilía, Monseñor Ruiz recordó que la vocación consagrada es ante todo un don gratuito de Dios y no un mérito personal. “Hoy no celebramos nuestros méritos, celebramos la fidelidad de Dios”, expresó, subrayando que cada llamado nace del amor del Señor que invita: «Sígueme».

El obispo destacó que los consagrados están llamados a ser “luz para alumbrar a las naciones”, reflejando esperanza en medio de las dificultades del mundo actual. A través del signo de las velas encendidas, invitó a mantener viva la llama de la vocación, aun en tiempos de cansancio o prueba.

Asimismo, reconoció los desafíos que enfrenta la vida consagrada —como el envejecimiento de algunas comunidades, la disminución vocacional o los momentos de desánimo—, pero exhortó a no perder la esperanza: “Cuando otros apagan su luz, nosotros estamos llamados a encender la nuestra con mayor fuerza. No seguimos personas, seguimos a Jesucristo”.

Monseñor Ruiz insistió especialmente en el testimonio de la alegría como signo distintivo del consagrado: “No puede haber un consagrado triste. La alegría evangeliza sin palabras”, afirmó, animando a vivir la entrega con entusiasmo y confianza en que el Señor seguirá suscitando nuevas vocaciones.

La celebración concluyó con una oración de renovación, en la que los presentes reafirmaron su disponibilidad al servicio de Dios y de la Iglesia:
«Señor, aquí estoy. Cuenta conmigo. Mi vida es tuya».

Con este encuentro, la Diócesis Stella Maris reafirma su compromiso de acompañar, fortalecer y promover la vida consagrada como signo profético de esperanza para el pueblo de Dios.

HOMILÍA

XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada,
Catedral de la Diócesis Stella Maris,
Monseñor Manuel Antonio Ruiz.

Queridos hermanos sacerdotes, párrocos y vicarios; queridos diáconos, religiosas y religiosos; seminaristas; y queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Hoy la Iglesia nos regala una gracia inmensa: celebrar el Día de la Vida Consagrada en el marco de la Presentación del Señor. Hoy venimos, como María y José, a presentar nuevamente nuestra vida a Dios. Venimos a renovar el “sí” que un día pronunciamos, quizás temblorosos, pero confiados, cuando el Señor se fijó en nosotros y nos llamó por nuestro nombre.

La vida es sagrada. Y nuestra vocación es un misterio de amor. Porque ninguno de nosotros puede explicar por qué fue elegido. No éramos los más fuertes, ni los más santos, ni los más perfectos. Tal vez había otros con mayores cualidades humanas que nosotros. Sin embargo, el Señor pasó, nos miró y nos dijo: “Sígueme”. Y aquí estamos.

Hoy no celebramos nuestros méritos. Celebramos la fidelidad de Dios.

Estamos celebrando nuestra vida entregada a Él. Celebramos el “sí” que le hemos dado y que hoy renovamos con alegría. Así como Cristo fue presentado en el templo para ser consagrado al Padre, hoy nosotros nos presentamos en esta catedral para renovar nuestra consagración y nuestra pertenencia total al Señor.

El Evangelio nos presenta a Jesús como Luz para alumbrar a las naciones. Y esta palabra no es solo para Él: es también una misión confiada a cada consagrado y consagrada. Ser luz. No reflejo apagado, no luz escondida, sino luz que ilumina en medio de las sombras del mundo.

En este signo tan sencillo y tan hermoso de las velas encendidas, contemplamos nuestra propia vocación. Algunas luces brillan con fuerza; otras parecen débiles; algunas tiemblan y otras, tristemente, se apagan. Pero el Señor no se cansa de encender nuevamente, de sostener y de proteger la llama.

La vocación no se sostiene sola. Se sostiene con el cuerpo entero de la Iglesia. Se sostiene con la oración, con el acompañamiento, con la misericordia y con la paciencia. Y eso marca la diferencia.

La primera lectura nos hablaba del fuego del orfebre, que purifica el oro y la plata. Nosotros somos ese oro en proceso. No somos perfectos. Tenemos grietas, impurezas, cansancios, heridas. Pero el Señor no se queda mirando la escoria. Él mira el oro que hay en nuestros corazones. Él ve el tesoro que puso en nosotros el día de nuestro llamado.

Por eso, cuando la prueba aprieta, cuando el crisol arde, no es para destruirnos, sino para purificarnos.

Sabemos que en el camino de la consagración hay dolores: hermanos y hermanas que se han quedado atrás, vocaciones que se apagaron, personas que dieron mal testimonio. Eso duele. Pero no puede robarnos la esperanza.

Cuando otros apagan su luz, nosotros estamos llamados a encender la nuestra con mayor fuerza. Cuando alguien se devuelve, yo sigo adelante. Porque no sigo personas: sigo a Jesucristo.

Queridos consagrados y consagradas, hemos elegido la vocación más hermosa que existe. El mundo persigue dinero, poder y prestigio. Nosotros, dejándolo todo, lo hemos ganado todo, porque hemos encontrado la verdadera felicidad: pertenecerle a Dios.

Por eso, no puede haber un consagrado triste. No puede haber un corazón entregado a Dios viviendo en amargura. La tristeza crónica apaga el espíritu y espanta las vocaciones. La alegría, en cambio, evangeliza sin palabras.

Aunque parezca que somos menos, aunque algunas congregaciones envejezcan, aunque surjan preguntas, el Señor sigue llamando. La historia de la Iglesia lo demuestra.

Y cuando parece que todo se está acabando, la Palabra nos dice:
“Levanten la cabeza, porque se acerca su liberación.”

Vendrán nuevas vocaciones. El Señor se derramará nuevamente. Él nunca abandona a su Iglesia.

Hoy, hermanos y hermanas, demos gracias. Gracias porque el Señor se fijó en nosotros. Gracias porque nos sostuvo. Gracias porque seguimos aquí.

Y renovemos, con humildad y valentía, aquel primer “sí”:

Señor, aquí estoy.
Cuenta conmigo.
Mi vida es tuya. Amén.

Dirección de Comunicación y Prensa. Diócesis Stella Maris

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02/02/2026

La vida consagrada

  • Primera Lectura. Mal 3,1-4: “Miren, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí».
  • Salmo responsorial: 23,7-10: “El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria”.
  • Evangelio. Lc 2,22-40: “Mis ojos han visto al Salvador”.

P. Ciprián Hilario, msc. Fuente: Amigodelhogar.net

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy la Palabra de Dios nos reúne en torno a un tema profundamente bello y exigente: la Vida Consagrada, iluminada por las lecturas que hemos proclamado. En la presentación del Señor en el templo, contemplamos el corazón mismo de toda consagración: ofrecer la vida entera a Dios para que Él la purifique, la habite y la envíe.

A la luz del tema y de las lecturas de hoy, podemos señalar algunos elementos fundamentales para nuestra vida cristiana y, de modo especial, para quienes han sido llamados a la vida consagrada:

1.- Consagración como ofrenda agradable a Dios

El profeta Malaquías anuncia la venida del Señor que purifica como el fuego del orfebre (Mal 3,1-4). La vida consagrada es, ante todo, una ofrenda que pasa por la purificación: dejar que Dios limpie el corazón, las intenciones y los apegos para que toda la vida sea agradable a Él.

2.- Entrar en el templo del Señor con un corazón limpio

El Salmo 23 nos recuerda: “¿Quién puede subir al monte del Señor? El de manos inocentes y corazón puro”. La consagración no se sostiene solo en votos externos, sino en un corazón unificado, transparente y disponible para Dios.

3.- Jesús, el Consagrado del Padre

En el Evangelio, Jesús es presentado en el templo (Lc 2,22-40). Él es el primer y gran Consagrado, ofrecido al Padre desde su infancia. Toda vida consagrada encuentra su sentido en la imitación de Cristo, que pertenece totalmente al Padre y se entrega totalmente a los hombres.

4.- Una vida entregada en la sencillez y la obediencia

María y José cumplen la Ley con humildad. La vida consagrada se vive en lo cotidiano, en la fidelidad sencilla, en la obediencia confiada, aun cuando no se comprende del todo el camino de Dios.

5.- Consagrados para la salvación de los hermanos

La carta a los hebreos nos recuerda que Cristo se hizo semejante a nosotros para ayudarnos en nuestras debilidades (Hb 2,14-18). La consagración no es huida del mundo, sino cercanía compasiva al dolor humano, servicio, intercesión y misericordia.

6.- Vida consagrada como signo de esperanza

Simeón y Ana representan la espera fiel. Reconocen al Señor y anuncian la salvación. La vida consagrada está llamada a ser signo profético de esperanza, recordando al mundo que Dios es fiel y cumple sus promesas.

7.- Luz para alumbrar a las naciones

Simeón proclama a Jesús como “luz para iluminar a las naciones”. Los consagrados están llamados a reflejar esa luz con su testimonio: una vida que, aun en el silencio, ilumina, orienta y consuela.

8.- Una vida totalmente ofrecida, incluso en el sufrimiento

La espada que atravesará el alma de María nos recuerda que toda consagración pasa por la cruz. Pero es precisamente ahí donde la vida entregada se vuelve fecunda y salvadora.

Queridos hermanos y hermanas, la vida consagrada es un don para la Iglesia y para el mundo. Pero también es un llamado para todos nosotros: vivir consagrados al Señor desde nuestro propio estado de vida, ofreciendo cada día lo que somos y tenemos, para que Cristo sea luz, esperanza y salvación en medio de su pueblo.

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01/02/2026

PURIFICACIÓN Y PRESENTACIÓN

Por P. Wilkin Castillo, San Juan de la Maguana

Hoy tenemos la gran oportunidad de celebrar la Fiesta de la Presentación del Señor, siendo el día de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, vayan las felicitaciones a todos esos hombres y mujeres de bien que en un momento determinado de su existencia decidieron decir sí al Señor y embarcarse en la ardua y exigente tarea de ser testimonio de luz en un mundo muy marcado por la oscuridad del pecado.

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo primogénito varón será consagrado al Señor”, y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: “un par de tórtolas o dos pichones.” 

En tiempo de Moisés la ley establecía que la Purificación de la mujer se realizaba a los cuarenta días después del parto, así como también la presentación en el templo de ese niño que su madre lo llevó por nueve meses en su vientre. Es lo más parecido a una promesa de estos tiempos.

 “Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él.” El hagiógrafo nos da una biografía corta pero muy certera del anciano Simeón, era justo, piadoso y santo. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

 Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.”

La expresión de Simeón y su manera de actuar al momento de tomar a Jesús en brazos nos deja entender que estamos frente a un gran acontecimiento, anunciado mucho tiempo atrás y que en ese momento se estaba cumpliendo, cuanta alegría manifiesta este anciano, que agradecimiento y acción de gracias al ver cumplido lo que ya Dios le había anunciado antes. 

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: “Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.” Ahora es Simeón el que profetiza en torno al niño, quien traerá división, malentendidos y a María le anuncia lo que le pasará más adelante, es una manera poética de decir las cosas.

“Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones.”

Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Junto a Simeón está Ana que por la descripción también abraso una vida de santidad y servicio y que resalta con gozo y alegría interior el hecho de ver la presencia de Jesús en el templo.

“Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.”

Otros temas del padre Wilkin

IV Domingo del Tiempo Ordinario.  Ciclo A

III Domingo del Tiempo Ordinario.  Ciclo A

Nuestra Señora de la Altagracia

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Mons. Manuel Antonio Ruiz envía al Eco Diocesano de Emaús hombres y mujeres a fortalecer su misión con nuevo coordinador diocesano

Santo Domingo Este.– La Diócesis Stella Maris celebró la Eucaristía de envío de los Ecos Diocesanos de Emaús, en una jornada marcada por la fe, la comunión y el compromiso misionero, presidida por su obispo, monseñor Manuel Antonio Ruiz, quien exhortó a los fieles a vivir la esperanza cristiana como respuesta a los desafíos del mundo actual.

La celebración, que marca el inicio de una nueva etapa pastoral para el movimiento Emaús en la diócesis, fue concelebrada por el padre Pelagio Taveras, CM, el padre Alejandro Valera (Vicario General de la diócesis Stella Maris), y otros sacerdotes.

Durante la ceremonia, monseñor Manuel Ruiz presentó oficialmente al padre Pelagio Taveras como coordinador diocesano de Emaús, confiándole la misión de animar, acompañar y fortalecer el crecimiento espiritual y evangelizador del movimiento en todas las parroquias.

En su homilía, el obispo reflexionó sobre las Bienaventuranzas como el proyecto de vida propuesto por Jesucristo para sus discípulos, subrayando que la verdadera felicidad nace de la fe y la confianza en Dios; “Felices no porque lloran, sino porque serán consolados; ahí está la promesa del Señor”, afirmó.

Asimismo, destacó que el creyente enfrenta las dificultades con esperanza, consciente de que Dios permanece cercano en cada prueba. “El que no tiene fe se desespera; el que cree descubre que, mientras más dura es la prueba, más cerca está Dios”, expresó.

Dirigiéndose especialmente a los Ecos de Emaús, recordó que el encuentro con Cristo no termina en la experiencia vivida, sino que se convierte en envío misionero permanente. “Todos somos enviados a llevar esperanza y a anunciar lo que el Señor ha hecho en nuestras vidas”, señaló.
El prelado también dirigió un mensaje a los jóvenes, animándolos a tomar decisiones firmes desde temprana edad y a vivir con orgullo su fe, siendo luz en medio de la incertidumbre.

La jornada concluyó con el envío misionero de los hombres y mujeres de Emaús, reafirmando su compromiso de ser testigos de esperanza y evangelizadores en sus comunidades, convencidos de que Dios guía la historia y la vida de quienes confían en Él.

Diócesis Stella Maris
Oficina de Comunicación y Prensa

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