AIRE96FM

04/03/2026

"La Iglesia es humana y divina, unida en el amor de Cristo" dice el Papa León XIV

En la Audiencia General, el Papa explica que la “complejidad” de la Iglesia no es confusión, sino la unión armoniosa de su dimensión humana y divina. Solo la caridad -afirma- hace visible hoy la presencia de Cristo en medio de las fragilidades humanas.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

¿Qué significa que la Iglesia sea “una realidad compleja”? A partir de esta pregunta, el Papa León XIV centró su catequesis de este miércoles 4 de marzo durante la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, retomando el primer capítulo de la Constitución dogmática Lumen gentium, donde se aborda la naturaleza profunda de la Iglesia. De este modo, el Santo Padre prosigue sus meditaciones sobre los documentos conciliares en el marco de un ciclo que comenzó el 7 de enero pasado.

«Alguien podría responder, explicó el Pontífice, que la Iglesia es compleja en cuanto que es “complicada” y, por tanto, difícil de explicar; algún otro podría pensar que su complejidad deriva del hecho de que es una institución que cuenta con dos mil años de historia, y con características diversas respecto a cualquier otra agrupación social o religiosa». 

Una unidad de dimensiones diversas

El Santo Padre comentó que el término latino utilizado por el Concilio no alude a confusión, sino a una unión ordenada de dimensiones diversas de una misma realidad. Por eso, Lumen gentium puede afirmar que la Iglesia es un organismo bien compaginado, en el que conviven la dimensión humana y la divina “sin separación y sin confusión”.

“La primera dimensión se percibe inmediatamente, ya que la Iglesia es una comunidad de hombres y mujeres, con sus virtudes y sus defectos, que comparten la alegría y el esfuerzo de ser cristianos que anuncian el Evangelio y se hacen signo de la presencia de Cristo que nos acompaña en el camino de la vida.”

Pero este aspecto, aclaró el Obispo de Roma, «no basta para describir la verdadera naturaleza de la Iglesia» pues ella posee una dimensión divina, y esta no consiste en «una perfección ideal» o en una «superioridad espiritual de sus miembros».

Más bien, en el hecho de que «la Iglesia es fruto del plan de amor de Dios por la humanidad, realizado en Cristo. Por esto, la Iglesia es al mismo tiempo comunidad terrena y cuerpo místico de Cristo, asamblea visible y misterio espiritual, realidad presente en la historia y pueblo que peregrina hacia el cielo».

“La dimensión humana y la divina se integran armoniosamente, sin que la una se superponga a la otra; así, la Iglesia vive en esta paradoja: es una realidad a la vez humana y divina, que acoge al hombre pecador y lo conduce a Dios.”

A la luz de Cristo

Para iluminar esta condición eclesial, la Lumen Gentium -manifestó Prevost- remite a la vida de Cristo: «Efectivamente quien se encontraba con Jesús por los caminos de Palestina experimentaban su humanidad, percibía sus ojos, sus manos, el sonido de su voz. Quien decidía seguirlo se sentía impulsado precisamente por la experiencia de su mirada acogedora, por el toque de sus manos que bendecían, por sus palabras de liberación y sanación».

«Pero al mismo tiempo, aseguró el Sucesor de Pedro, siguiendo a aquel Hombre, los discípulos se abrían al encuentro con Dios. En efecto, la carne de Cristo, su rostro, sus gestos y sus palabras manifiestan de modo visible al Dios invisible».

No una Iglesia ideal, sino encarnada

Citando a Benedicto XVI, León XIV recordó que no existe oposición entre Evangelio e institución: «Las estructuras de la Iglesia sirven precisamente para la realización y concreción del Evangelio en nuestro tiempo», decía Ratzinger en su discurso a los obispos de Suiza el 9 de noviembre de 2006.

“No existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino solamente la única Iglesia de Cristo, encarnada en la historia.”

La caridad, corazón de la Iglesia

Evocando la exhortación apostólica Evangelii gaudiumdel Papa Francisco, León XIV recordó la invitación a “quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro”.

«Esto -precisó Su Santidad- nos permite seguir edificando la Iglesia aún hoy en día: no solamente organizando sus formas visibles, sino también construyendo ese edificio espiritual que es el cuerpo de Cristo, mediante la comunión y la caridad entre nosotros».

“La caridad, en efecto, genera constantemente la presencia del Resucitado. «Quiera el cielo -decía san Agustín- que todos piensen solo en la caridad: solamente ella vence todo, y sin ella de nada vale todo lo demás; dondequiera que se halle, atrae todo hacia sí» (Serm. 354,6,6).”

Lecturas      Homilías     Moniciones

Anote este número. 829 694 1948 y este correo-e: aire96fm@gmail.com y escríbanos para mantenerse informado de las novedades y actualizaciones de esta página  ¿Le gustaría recibir nuestro boletín semanal por correo electrónico? Suscríbete entrando aquí. Queremos orar contigo, llena el siguiente formulario y estaremos orando por ti y tus necesidades. Dios es quien hace la obra, nosotros te acompañamos clamando por ti: AQUÍ.



LA CUARESMA Y SUFRIMIENTO

 P. Luis Alberto De León Alcántara Email: albertodeleon_011@hotmail.com

La vida es un misterio que se nos da en la fragilidad humana. Un don que recibimos envuelto entre alegrías y temores. A veces se nos presenta como una aventura y en otras ocasiones, como aquella batalla que todos tenemos que enfrentar. Una lucha que solamente los valientes y los héroes, asumen con todas sus realidades, mientras que los cobardes se renden antes de iniciar el combate. En fin, la vida tiene muchas dimensiones que únicamente se comprenden contemplando y meditando la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

Por eso Cristo entiende nuestro dolor, comprende en su máxima expresión el sufrimiento de cada ser humano. Pues, Él se hizo humano con los humanos. Tomó la condición de un esclavo, se anonadó y se hizo semejanza a nosotros en todo, menos en el pecado. Vivió como un mortal entre los hombres, y aprendió, sufriendo, a obedecer. En otras palabras, el Todopoderoso, el Infinito, por amor a los hombres y a la humanidad, se encarnó, entró en el los límites de la historia de los seres humanos, es decir, Dios acercó su amor a los hombres con su visita a través de su hijo.

El sufrimiento no tiene la última palabra en el mundo. Pues, fuimos creados para la felicidad. Tanto es así, que el cristiano ha entendido que los sacrificios son puentes para cruzar del otro lado donde se encuentra lo que anhelamos. De aquí que la Cuaresma tiene su sentido en la Pascua, ya que Dios no acepta ni se deleita con el masoquismo, no es un Dios cruel que goza mientras el pobre y desprotegido sufre. Sino que es un ser justo, compasivo, que siempre quiere lo mejor para sus hijos. Que hace hasta lo imposible para ver realizado el anhelo sincero que busca el corazón del hombre.

Ahora bien, es precisamente en el tiempo de Cuaresma cuando contemplamos el sufrimiento de Jesús, no como una telenovela ni como una serie, sino como el signo más visible del amor hecho carne. La donación más extraordinaria que hace un Dios por sus criaturas. Pues, mientras la sociedad y el mundo buscan reconocimiento, fama y proyectar una imagen externa, la figura del Maestro nos muestra la caridad como el valor supremo.

Jesús sufre para que el hombre que vive en un constante vacío existencial, en una búsqueda incesante de su propia identidad humana, pueda volver a reencontrarse con Dios, tenga la oportunidad de volver a sonreír y sentir en lo más profundo de su corazón a un Dios que jamás se olvida de sus hijos. Un Dios que aunque permite que a sus hijos les sucedan las cosas, lo hace para que ellos se encaminen hacia la felicidad, y para que vean en las peripecias de la vida, no solamente obstáculos a superar, sino la ocasión perfecta para desconfiar en nuestras fuerzas y podamos lanzarnos en los brazos de la protección divina, porque Jesús es el amigo que nunca falla, el Padre que nunca deja de tener solo y desamparados a sus hijos.

Otros temas del P. Luis Alberto

CUARESMA Y CORAZÓN

HUIR DE LA REALIDAD, NO ES FELICIDAD

AMISTADES PASAJERAS Y AMOR PLÁSTICO

LA OSCURIDAD Y LA LUZ

Lecturas      Homilías     Moniciones

Anote este número. 829 694 1948 y este correo-e: aire96fm@gmail.com y escríbanos para mantenerse informado de las novedades y actualizaciones de esta página  ¿Le gustaría recibir nuestro boletín semanal por correo electrónico? Suscríbete entrando aquí. Queremos orar contigo, llena el siguiente formulario y estaremos orando por ti y tus necesidades. Dios es quien hace la obra, nosotros te acompañamos clamando por ti: AQUÍ.



02/03/2026

Orar por el desarme y la paz

Por Valmore Muñoz Arteaga. Fuente: vidanuevadigital.com

En el escenario mundial, señalado por la persistencia de conflictos bélicos y la sofisticación de la industria armamentística, pero que no es otra cosa que la exteriorización de una herida en el corazón del hombre, la intención de oración propuesta por León XIV para este mes de marzo —orar por el desarme y la paz— no es solo un llamado piadoso, sino un imperativo teológico.

En su mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz, nos ha invitado a peregrinar hacia una “paz desarmada y desarmante”. Sus palabras nos conducen a entrar en el corazón del Evangelio, que no solo desea la paz, sino que propone un cambio definitivo en el interior del hombre y en toda la realidad.

¿De cuál paz nos habla el papa? ¿A cuál paz busca hacer referencia al incorporarla a su saludo? Él mismo responde: “Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente”. Una paz que, en el drama de lo que el papa Francisco ha definido como ‘tercera guerra mundial a pedazos’, sigue resistiendo a la contaminación de las tinieblas. Una paz que es el resultado de una transformación interior del propio hombre, pues la verdadera paz es la que se conquista en el corazón de los seres humanos y no tanto la que surge de procesos de negociaciones, por lo regular, coyunturales y transitorias.

El Evangelio desnuda frente a nuestros ojos atentos la radical ruptura que Cristo instaura con la violencia sistémica de su tiempo. El Evangelio no presenta la paz simplemente como la ausencia de guerra, sino como la presencia activa del Reino de Dios. La paz que me presenta es fruto sobrenatural de un corazón profundamente arraigado en Dios y en su Palabra fiel. Fruto que permite, como señala León XIV, contrastar entre las tinieblas y la luz. Esa posibilidad de contrastar entre las tinieblas y la luz “no es solo una imagen bíblica para describir el parto del que está naciendo un mundo nuevo; es una experiencia que nos atraviesa y nos sorprende según las pruebas que encontramos, en las circunstancias históricas en las que nos toca vivir”.

Podemos hallar con mucha facilidad el mandato central para el desarme en el episodio de Getsemaní. Cuando Pedro intenta defender a Jesús mediante la fuerza, Cristo pronuncia una sentencia contundente: “Vuelve tu espada a su lugar, pues quien toma la espada, a espada morirá» (Mt 26, 52). Aquí, Jesús no solo rechaza la violencia ofensiva, sino que ‘deslegitima’ la lógica de la defensa armada como método para instaurar la justicia, mucho menos, la justicia divina. León XIV, en homilías recientes, ha retomado este pasaje para señalar que «el desarme comienza en la renuncia a la propia razón cuando esta se impone por la fuerza”. Pero para ello, resulta fundamental que nuestra voluntad esté presta a dejarse iluminar por la luz del Evangelio y someterse a Cristo como ‘logos’ rector. Comprender esto significa reconocer lo imperioso de la oración para alcanzar tal cosa.

Todos estamos al tanto de la cercanía que existe entre el corazón de León XIV y el de san Agustín. Una cercanía que va más allá de pertenecer a la orden agustiniana. Es una cercanía propiciada por una misma búsqueda natural en corazones inquietos. Sin embargo, creo que resulta pertinente vincular a la intención del papa la noción agustiniana de paz definida en ‘La Ciudad de Dios’ como la “tranquillitas ordinis”, o la tranquilidad del orden. Concepto clave en la doctrina católica sobre la paz que brota como resultado de un orden justo y divino. Concepto que también acarició san Juan XXIII en su encíclica ‘Pacem in terris’.

En ‘La Ciudad de Dios’, san Agustín nos muestra la paz no como una especie de pacto de no agresión impuesto por el miedo —pensemos en la ‘pax romana’— sino como florecimiento del ordenamiento justo de las cosas hacia Dios. León XIV radicaliza esta visión volviendo a los padres preconstantinianos como Orígenes y Tertuliano, quienes sostenían que el Señor, al desarmar a Pedro, desarmó a todo soldado. No solo nos llama a unirnos en oración por la paz y el desarme, sino a ejercer una nueva forma de diplomacia fundamentada en la misericordia que nace en el corazón del hombre cuando reconoce la vulnerabilidad compartida. “Solo una humanidad que se reconoce frágil y necesitada de Dios puede soltar las armas”, afirmó recientemente. Aceptemos esta invitación con corazón manso y humilde. Paz y Bien, a mayor gloria de Dios.

Lecturas      Homilías     Moniciones

Anote este número. 829 694 1948 y este correo-e: aire96fm@gmail.com y escríbanos para mantenerse informado de las novedades y actualizaciones de esta página  ¿Le gustaría recibir nuestro boletín semanal por correo electrónico? Suscríbete entrando aquí. Queremos orar contigo, llena el siguiente formulario y estaremos orando por ti y tus necesidades. Dios es quien hace la obra, nosotros te acompañamos clamando por ti: AQUÍ. 



01/03/2026

Taller: “El Trabajo en Equipo, Siglo XXI” fortalece la organización pastoral en la Diócesis Stella Maris

 Más de 200 agentes pastorales participaron en dos jornadas formativas sobre roles y responsabilidades al servicio de las comunidades

Santo Domingo Este.- Con el propósito de fortalecer la organización y el trabajo coordinado en las comunidades parroquiales, la Diócesis Stella Maris celebró el taller “El Trabajo en equipo, Siglo XXI: Roles, cargos, funciones y responsabilidades de un equipo de trabajo”, un espacio de capacitación dirigido a agentes de pastoral, coordinadores y miembros de movimientos eclesiales.

La actividad se desarrolló durante dos días: sábado 28 de febrero, de 8:30 de la mañana a 3:30 de la tarde, y domingo 1 de marzo, de 8:30 de la mañana a 2:00 de la tarde, en el Centro Educativo Pilar Constanzo, con una asistencia total de 220 participantes.

El encuentro fue organizado por la Comisión Diocesana de Misión Permanente y Comunidades, como parte de su programa de formación permanente para consolidar equipos pastorales más estructurados, corresponsables y eficientes.

Durante las jornadas se profundizó en la importancia de que cada miembro conozca y desempeñe adecuadamente su función dentro de la comunidad eclesial. Se abordaron los principales servicios y áreas de trabajo, entre ellos la presidencia o acompañamiento del párroco, la coordinación general, la secretaría de actas y archivos, economía y finanzas, formación doctrinal y pastoral, espiritualidad y liturgia, logística y animación, destacando que la claridad en los roles favorece la comunión y el buen desarrollo de la misión evangelizadora.

El taller contó con la presencia y acompañamiento formativo del director de la Comisión Diocesana “Misión y Comunidades Discípulos Misioneros”, Joselito Abreu Lizardo, quien presidió la Santa Misa de clausura del encuentro. Asimismo, participó el arcipreste de la zona pastoral Los Mina y vicario episcopal del clero, Ricardo de la Rosa, acompañando el proceso formativo.

Con esta iniciativa, la Diócesis Stella Maris reafirma su compromiso con la preparación integral de sus agentes pastorales, impulsando comunidades más organizadas, fraternas y comprometidas con el anuncio del Evangelio.

Dirección de Comunicación y Prensa
Diócesis Stella Maris

Lecturas      Homilías     Moniciones

Anote este número. 829 694 1948 y este correo-e: aire96fm@gmail.com y escríbanos para mantenerse informado de las novedades y actualizaciones de esta página  ¿Le gustaría recibir nuestro boletín semanal por correo electrónico? Suscríbete entrando aquí. Queremos orar contigo, llena el siguiente formulario y estaremos orando por ti y tus necesidades. Dios es quien hace la obra, nosotros te acompañamos clamando por ti: AQUÍ.


27/02/2026

Encrucijada entre el ser y el parecer

 Ángel Gomera: angelgomera@gmail.com*

La vida que llevamos en la sociedad de hoy nos empuja ir saltando de un lado para otro a toda velocidad y en momentos actuando en la versión de un corazón que no siente, sin darnos el tiempo de detenernos a reflexionar: ¿Quiénes somos realmente? ¿Cuál es el propósito de nuestra existencia en particular? ¿Creemos que la vida que llevamos es una vida buena? ¿Por qué?  ¿cómo debemos vivir nuestras vidas y qué principios deben guiar nuestras acciones? ¿Qué quisiéramos cambiar en la vida? ¿Para qué?

Estas preguntas, aunque suenen filosóficas o teóricas, debemos interiorizarlas con seriedad y a modo de dinámica personal, irlas respondiendo delante de un espejo, no delante de un celular o pantalla; ya que en la mayoría de las ocasiones estos dispositivos tecnológicos nos sustraen del pensamiento autocrítico que se ha de asumir cuando requerimos responder cuestiones de nuestra propia existencia.

Y es que ante un mundo en constante cambio impregnado de un vendaval de sucesos e ideologías que atan y deshumanizan, emplear la capacidad de reflexión crítica es más importante que nunca; ya que nos servirá de brújula para poder impulsar la barca de la vida sorteando las mareas de lo real y lo aparente, de engaños y desengaños, de la verdad o mentira, de lo humano o lo salvaje; para así, no terminar cayendo en aquellas cosas o situaciones que parecen ser, pero no lo son o se suponen tenerlas, sin lograr realmente alcanzarlas.

El problema está cuando nos conformamos con la mera apariencia, en lugar de esforzarnos en ser verdaderamente lo que debemos ser o pretender ser. Muchas veces preferimos sentirnos engañados, pues, resulta más fácil conformarnos con no salir del nivel de confort en que nos encontramos. En ese orden, el escritor y militar francés François de La Rochefoucauld, se refiere a que: ¨Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos¨.

Entender que procurar vivir complaciendo a otros, hace que terminemos en la pérdida de nuestra propia identidad, hasta el punto de hacernos creer la imagen falsa que proyectamos. El autoengaño se nutre de la constante búsqueda de la aprobación externa y se encubre en el uso de máscaras sociales, aunque resultemos víctimas de nuestras propias creaciones engañosas.

Asimismo, nos alerta el filósofo Guy Ernest Debord en su obra ¨La Sociedad del espectáculo¨ cuando expresa que el sistema en que vivimos ¨no solo vende productos, sino estilos de vida e identidades prefabricadas. Y los individuos, inmersos en una falsa conciencia, aceptan la apariencia como la única realidad, limitando su capacidad crítica. Es decir, la realidad está siendo reemplazada por imágenes y el «ser» por el «parecer».

A este respecto, el sentido de la vida se convierte en un «espectáculo banal» constante, donde la desconexión de la realidad histórica y personal es la base que predomina; donde ese sujeto lleva consigo la aspiración de espectacularizar al máximo cualquier aspecto de su vida, aun a expensa de la esencia. Ahí lo íntimo, va perdiendo privacidad y, por momentos, se expone de manera obscena y extrema con tal de hacerse viral o convertirse en influencers.

A propósito de las redes sociales, es entendible que el mundo de las apariencias, las simulaciones y actuaciones de la persona, no nació con las plataformas digitales, pero ha encontrado en ellas un auge sin precedentes, y somos muy poco conscientes de las consecuencias por el uso desproporcionado y la agresión severa que nos autoinfligimos.

Realmente ante la embestida de la posverdad, se nos hace muy difícil en tantos escenarios, discernir entre la verdad y la mentira: hechos y propaganda. Espacios donde la verdad no importa, basta solo manejar las emociones. En ese aspecto, Mark Twain enfatiza que ¨es más fácil engañar a la gente que convencerla de que fue engañada”. Dada esa realidad es oportuno reconocer que buscar la verdad nos hace libres, pero creer la mentira nos esclaviza.

Haríamos bien en poner un poco más de atención al manejo de dichas plataformas; y procurar encontrarnos con nuestro verdadero ser, hasta el punto de llegar a la decisión valiente, cuando esto se requiera, de someternos a un autoprograma de desintoxicación digital. Pongamos freno a la inmediatez y no sucumbamos a esos algoritmos de redes sociales que priorizan el contenido sensacionalista y dañino, facilitando la desinformación y el sembradío de la oscuridad.

Definitivamente, en nuestra vida cotidiana, la confusión entre lo que es y lo que parece ser, es un desafío permanente; pero no podemos olvidarnos que el que vive para aparentar se olvida de vivir. Es pertinente retornar a la pedagogía de la mirada como muy bien describe Byung Chul Han; aquella que permite valorar profundamente la belleza y lo verdadero; que se cultiva en la sensibilidad ante el virus de la indiferencia; que muestra la capacidad de asombro ante la injusticia y el sufrimiento de los demás; y que evita la ceguera ante la realidad, para que no seamos autómatas de lo dictado por el mundo de lo banal y lo insustancial.

*El Autor es abogado.

Otros temas de Ángel Gomera:

Reforzar los valores familiares y patrióticos

La Paz llegará

Regalos que influyen

Lecturas      Homilías     Moniciones

Anote este número. 829 694 1948 y este correo-e: aire96fm@gmail.com y escríbanos para mantenerse informado de las novedades y actualizaciones de esta página  ¿Le gustaría recibir nuestro boletín semanal por correo electrónico? Suscríbete entrando aquí. Queremos orar contigo, llena el siguiente formulario y estaremos orando por ti y tus necesidades. Dios es quien hace la obra, nosotros te acompañamos clamando por ti: AQUÍ.