SANTO DOMINGO ESTE.– En un ambiente de profunda devoción, gratitud y júbilo, la comunidad parroquial celebró, este 15 de mayo, la Solemnidad de San Isidro Labrador, su amado patrón y vivo ejemplo de fe, humildad y trabajo honesto. Las festividades patronales de este año recordaron a los fieles la importancia de mantener vivas las raíces de una vida sencilla, unida y llena de amor a Dios.
Las actividades de la jornada central iniciaron a las 5:30 P.M. con una multitudinaria procesión por las calles del sector que partió desde el templo parroquial, seguida por la Solemne Eucaristía a las 6:30 P.M., la cual contó con la participación artística de la Banda de música de la Fuerza Aérea de República Dominicana (FARD) y el tradicional acto de coronación, coordinado por el ministerio de Catequesis como anfitriones.
La Homilía: Un llamado a la identidad y al cuidado de la familia
La Santa Misa estuvo presidida por Mons. Manuel Ruíz, Obispo de Stella Maris, y concelebrada por el párroco, P. Nicolás Cuello Hernández, CRL; el P. Antony Emmanuel, CRL; el P. Moisés Donas Cimiento, CRL, y asistida por el Diácono Lépido de la Cruz.
Durante su mensaje, Mons. Ruíz invitó a los presentes a no perder el rumbo frente a las corrientes del mundo actual: “Si tú no sabes quién eres, cualquiera te da una identidad… Si tú no tienes tu propio apellido y tu dignidad clara, el mundo te arrastra”, enfatizó el prelado, instando a la comunidad a cimentar su vida en la fe y en el testimonio de San Isidro.
Asimismo, el obispo hizo un enérgico llamado a proteger a la familia y a la juventud dominicana ante el bombardeo de antivalores:
-La dignidad del ser humano: Recordó que cada persona ha sido creada a imagen y semejanza de Dios, y que el respeto mutuo debe ser la base de la convivencia.
-La defensa de los hijos: Exhortó a los padres a estar atentos y a cuidar activamente la formación de los más jóvenes. «No dejen que el mundo les críe a sus hijos ni les dicte cómo pensar», señaló fuertemente.
-Sembrar esperanza: Animó a imitar al santo agricultor, sembrando diariamente amor, solidaridad y fe en cada uno de los hogares del sector.
Un día de Gracia: Confirmaciones y Autoridades Presentes
La celebración eucarística revistió una gracia especial con el Sacramento de la Confirmación administrado a 25 adolescentes y jóvenes de la comunidad, quienes reafirmaron su compromiso de vida cristiana y recibieron los dones del Espíritu Santo para ser testigos del Evangelio.
El evento eclesial y comunitario contó además con la distinguida presencia de altas autoridades civiles y policiales, destacándose la asistencia del General de la Policía Nacional, Wandy Madé Montilla, Director Regional de Santo Domingo Este (Región Oriental), quien acompañó a los ciudadanos en esta importante festividad cultural y religiosa.
Al concluir la celebración, el Rev. Padre Nicolás felicitó al equipo organizador y extendió una calurosa felicitación a toda la feligresía: «Que la vida de San Isidro Labrador siga inspirando a nuestro pueblo a caminar unidos, sembrando esperanza en cada rincón. ¡Que viva San Isidro Labrador y que Dios bendiga a nuestra comunidad!».
Transmisión:
Canal oficial de la parroquia en YouTube en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=9lxwR4EaKGs.
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El rostro y la voz son rasgos únicos, distintivos, de cada persona; manifiestan su propia identidad irrepetible y son el elemento constitutivo de todo encuentro. Los antigüos lo sabían bien. Así, para definir a la persona humana, los antiguos griegos utilizaron la palabra “rostro” (prósōpon), que etimológicamente indica aquello que está a la vista, el lugar de la presencia y de la relación. El término latino persona (de per-sonare) incluye en cambio el sonido; no un sonido cualquiera, sino la voz inconfundible de alguien.
El rostro y la voz son sagrados. Nos han sido dados por Dios, que nos ha creado a su imagen y semejanza, llamándonos a la vida con la Palabra que Él mismo nos ha dirigido. Palabra que resonó primero a través de los siglos en las voces de los profetas, y luego se hizo carne en la plenitud de los tiempos. Esta Palabra —esta comunicación que Dios hace de sí mismo— la hemos podido escuchar y verdirectamente (cf. 1 Jn 1,1-3), porque se dio a conocer en la voz y en el rostro de Jesús, Hijo de Dios.
Desde el momento de su creación, Dios ha querido al hombre como su interlocutor y, como dice san Gregorio de Nisa, [1] ha impreso en su rostro un reflejo del amor divino, para que pueda vivir plenamente la propia humanidad mediante el amor. Por tanto, custodiar rostros y voces humanas significa conservar este sello, este reflejo indeleble del amor de Dios. No somos una especie hecha de algoritmos bioquímicos definidos de antemano. Cada uno de nosotros tiene una vocación insustituible e inimitabile que surge de la vida y que se manifiesta precisamente en la comunicación con los demás.
La tecnología digital, cuando se falla en su cuidado, se corre el riesgo de modificar radicalmente algunos de lospilares fundamentales de la civilización humana, que a veces damos por descontado. Simulando voces y rostros humanos, sabiduría y conocimiento, conciencia y responsabilidad, empatía y amistad, los sistemas conocidos como inteligencia artificial no solo interfieren en los ecosistemas informativos, sino que también invaden el nivel más profundo de la comunicación, el de la relación entre las personas.
El desafío, por tanto, no es tecnológico sino antropológico. Custodiar los rostros y las voces significa, en última instancia, cuidarnos a nosotros mismos.Acoger con valentía, determinación y discernimiento las oportunidades que ofrecen la tecnología digital y la inteligencia artificial no significa ocultar para nosotros mismos los puntos críticos, las opacidades, los riesgos.
No renunciar al pensamiento proprio.
Desde hace tiempo existen múltiples pruebas de que algoritmos proyectados para maximizar la implicación en las redes sociales —redituable para las plataformas— premian emociones rápidas y penalizan en cambio expresiones humanas que necesitan tiempo, como el esfuerzo por comprender y la reflexión. Encerrando grupos de personas en burbujas de fácil consenso y fácil indignación, estos algoritmos debilitan la capacidad de escucha y de pensamiento crítico y aumentan la polarización social.
A esto se sumó una confianza ingenuamente acrítica en la inteligencia artificial como “amiga” omnisciente, dispensadora de toda información, archivo de toda memoria, “oráculo” de todo consejo. Todo esto puede desgastar aún más nuestra capacidad de pensar de modo analítico y creativo, de comprender los significados, de distinguir entre sintaxis y semántica.
Aunque la IA puede proporcionar apoyo y asistencia en la gestión de tareas comunicativas, eludir el esfuerzo de pensar por nosotros mismos y conformarnos con una recopilación estadística artificial, a la larga corre el riesgo de erosionar nuestras capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas.
En los últimos años, los sistemas de inteligencia artificial están asumiendo cada vez más el control de la producción de textos, música y vídeos. Gran parte de la industria creativa humana corre así el riesgo de ser desmantelada y sustituida por la etiqueta “Powered by AI”, convirtiendo a las personas en meros consumidores pasivos de pensamientos no pensados, de productos anónimos, sin autoría, sin amor. Mientras que las obras maestras del genio humano en el campo de la música, el arte y la literatura se reducen a un mero campo de entrenamiento para las máquinas.
La cuestión que nos importa, sin embargo, no es en lo que logra o logrará hacer la máquina, sino qué podemos o podremos hacer nosotros, creciendo en humanidad y conocimiento, con un sabio uso de instrumentos tan poderosos a nuestro servicio. Desde siempre, el hombre se ha visto tentado a apropiarse del fruto del conocimiento sin el esfuerzo que supone el compromiso, la investigación y la responsabilidad personal. Sin embargo, renunciar al proceso creativo y ceder a las máquinas nuestras funciones mentales y nuestra imaginación significa enterrar los talentos que hemos recibido para crecer como personas en relación con Dios y con los demás. Significa ocultar nuestro rostro y silenciar nuestra voz.
Ser o fingir: simulación de las relaciones y de la realidad
A medida que nos desplazamos por nuestros flujos de información (feeds), cada vez es más difícil saber si estamos interactuando con otros seres humanos o con “bots” o “influencers” virtuales. Las intervenciones opacas de estos agentes automatizados influyen en los debates públicos y en las decisiones de las personas. En particular, los chatbots basados en grandes modelos lingüísticos (LLM), se están demostrando ser sorprendentemente eficaces en la persuasión oculta, mediante una optimización continua de la interacción personalizada. La estructura dialógica y adaptativa, mimética, de estos modelos lingüísticos es capaz de imitar los sentimientos humanos y simular así una relación. Esta antropomorfización, que puede resultar incluso divertida, es al mismo tiempo engañosa, sobre todo para las personas más vulnerables. Porque los chatbots excesivamente “afectuosos”, además de estar siempre presentes y disponibles, pueden convertirse en arquitectos ocultos de nuestros estados emocionales y, de este modo, invadir y ocupar la esfera de la intimidad de las personas.
La tecnología que se aprovecha de nuestra necesidad de relacionarnos no solo puede tener consecuencias dolorosas para el destino de las personas, sino que también puede dañar el tejido social, cultural y político de las sociedades. Esto ocurre cuando sustituimos las relaciones con los demás por relaciones con IA entrenadas para catalogar nuestros pensamientos y, por lo tanto, para construir a nuestro alrededor un mundo de espejos, donde todo está hecho “a nuestra imagen y semejanza”. De este modo, nos privamos de la posibilidad de encontrar al otro, que siempre es diferente a nosotros y con el que podemos y debemos aprender a relacionarnos. Sin la aceptación de la alteridad no puede haber ni relación ni amistad.
Otro gran desafío que plantean estos sistemas emergentes es el de la parcialidad (en inglés: bias), que lleva a adquirir y transmitir una percepción alterada de la realidad. Los modelos de la IA están moldeados por la visión del mundo de quienes los construyen y, a su vez, pueden imponer formas de pensar que replican los estereotipos y prejuicios presentes en los datos de los que se nutren. La falta de transparencia en el diseño de los algoritmos, junto con la representación social inadecuada de los datos, tiende a mantenernos atrapados en redes que manipulan nuestros pensamientos y perpetúan y profundizan las desigualdades y las injusticias sociales existentes.
El riesgo es grande. El poder de la simulación es tal que la inteligencia artificial también puede engañarnos con la fabricación de “realidades” paralelas, apropiándose de nuestros rostros y nuestras voces. Estamos inmersos en una multidimensionalidad, donde cada vez es más difícil distinguir la realidad de la ficción.
A esto se suma el problema de la falta de precisión. Los sistemas que hacen pasar una probabilidad estadística por conocimiento nos ofrecen, en realidad, como mucho, aproximaciones a la verdad, que a veces son auténticas “alucinaciones”. La falta de verificación de las fuentes, junto con la crisis del periodismo de campo, que implica un trabajo continuo de recopilación y verificación de información en los lugares donde ocurren los acontecimientos, puede favorecer un terreno aún más fértil para la desinformación, provocando una creciente sensación de desconfianza, desconcierto e inseguridad.
Una posible alianza
Detrás de esta enorme fuerza invisible que nos involucra a todos, hay solo un puñado de empresas, aquellas cuyos fundadores han sido recientemente presentados como los creadores de la “persona del año 2025”, es decir, los arquitectos de la inteligencia artificial. Esto suscita una importante preocupación por el control del oligopolio de los sistemas algorítmicos y de inteligencia artificial capaces de orientar sutilmente los comportamientos e incluso reescribir la historia de la humanidad —incluida la historia de la Iglesia— a menudo sin que nos demos cuenta realmente.
El desafío que nos espera no es el de detener la innovación digital sino el de guiarla, y en ser conscientes desu carácter ambivalente. Corresponde a cada uno de nosotros alzar la voz en defensa de las personas humanas para que estos instrumentos puedan realmente ser integrados por nosotros como aliados.
Esta alianza es posible, pero necesita fundamentarse en tres pilares: responsabilidad, cooperación y educación.
En primer lugar, la responsabilidad.Según las funciones, esta puede traducirse en honestidad, transparencia, valentía, capacidad de visión, deber de compartir conocimientos, derecho a estar informado. Pero, en general, nadie puede eludir su responsabilidad ante el futuro que estamos construyendo.
Para quienes están en la cúspide de las plataformas online esto significa asegurarse de que las propias estrategias empresariales no estén guiadas por el único criterio del máximo beneficio, sino también por una visión de futuro que tenga en cuenta el bien común del mismo modo que cada uno de ellos se preocupa por el bienestar de sus hijos.
A los creadores y programadores de modelos de la IA se les pide transparencia y responsabilidad social respecto a los principios de planificación y a los sistemas de moderación que están en la base de sus algoritmos y de los modelos diseñados con el fin de favorecer un consentimiento informado por parte de los usuarios.
La misma responsabilidad se exige también a los legisladores nacionales y a las entidades reguladoras supranacionales, a quienes compete vigilar sobre el respeto de la dignidad humana. Una reglamentación adecuada puede proteger a las personas, de crear vínculos emocionales con los chatbots y contener la difusión de contenidos falsos, manipuladores o confusos, preservando la integridad de la información frente a una simulación engañosa de la misma.
Las agencias de noticias y los medios de comunicación no pueden permitir que los algoritmos orientados a ganar a toda costa la batalla por unos segundos más de atención, prevalezcan sobre la fidelidad a sus valores profesionales, orientados a la búsqueda de la verdad. La confianza del público se gana con precisión y transparencia, no con la búsqueda de cualquier tipo de implicación. Los contenidos generados o manipulados por la IA deben señalarse y distinguirse claramente de los contenidos creados por personas. Debe protegerse la autoría y la propiedad soberana del trabajo de los periodistas y otros creadores de contenidos. La información es un bien público. Un servicio público constructivo y significativo no se basa en la opacidad, sino en latransparencia de las fuentes, la inclusión de las partes implicadas y un alto nivel de calidad.
Todos estamos llamados a cooperar. Ningún sector puede afrontar por sí solo el desafío de guiar la innovación digital y la forma de governar la IA. Es necesario, por tanto, crear mecanismos de protección. Todas las partes interesadas —desde la industria tecnológica a los legisladores, desde las empresas creativas al mundo académico, desde los artistas a los periodistas y a los educadores— deben implicarse en construir y hacer efectiva una ciudadanía digital consciente y responsable.
A esto mira la educación: a aumentar nuestras capacidades personales de reflexión crítica; evaluar la credibilidad de las fuentes y los posibles intereses que están detrás de la selección de información que nos llega; comprender los mecanismos psicológicos que se activan ante ello; a permitir a nuestras familias,comunidades y asociaciones elaborar criterios prácticos para una cultura de la comunicación más sana y responsable.
Precisamente por esto es cada vez más urgente introducir en los sistemas educativos de cada nivel también la alfabetización en los medios de comunicación, en los medios de información y en la IA, que algunas instituciones civiles ya están promoviendo. Como católicos, podemos y debemos aportar nuestra contribución para que las personas, especialmente los jóvenes, adquieran la capacidad de pensar críticamente y crezcan en la libertad del espíritu. Esta alfabetización también debería integrarse en iniciativas más amplias de educación permanente, llegando también a las personas mayores y a los miembros marginados de la sociedad, que a menudo se sienten excluidos e impotentes ante los rápidos cambios tecnológicos.
La alfabetización en los medios de comunicación, de información y en la IA ayudará a todos a no adaptarse a la deriva antropomorfizante de estos sistemas, sino a tratarlos como herramientas, a utilizar siempre una validación externa de las fuentes —que podrían ser imprecisas o erróneas— proporcionadas por los sistemas de IA, a proteger su privacidad y sus datos conociendo los parámetros de seguridad y las opciones de impugnación. Es importante educar y educarse a usar la IA en modo intencional y, en este contexto, cuidar la propia imagen (foto y audio), el propio rostro y la propia voz, para evitar que vengan utilizados en la creación de contenidos y comportamentos dañosos como estafas digitales, ciberacoso, deepfakes que violan la privacidad y la intimidad de las personas sin su consentimiento. Al igual que la revolución industrial exigía una alfabetización básica para que las personas pudieran reaccionar ante las novedades, la revolución digital también requiere una alfabetización digital (junto con una formación humanística y cultural) para comprender cómo los algoritmos modelan nuestra percepción de la realidad, cómo funcionan los prejuicios de la IA, cuáles son los mecanismos que determinan la aparición de determinados contenidos en nuestros flujos de información (feeds), cuáles son y cómo pueden cambiar los supuestos y modelos económicos de la economía de la IA.
Necesitamos que el rostro y la voz vuelvan a expresar a la persona. Necesitamos custodiar el don de la comunicación como la verdad más profunda del hombre, hacia la cual orientar también toda innovación tecnológica.
Al proponer estas reflexiones, agradezco a quienes están trabajando por los fines aquí expuestos y bendigo de corazón a todos los que trabajan por el bien común con los medios de comunicación.
Vaticano, 24 de enero de 2026, memoria de san Francisco de Sales.
LEÓN XIV PP.
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[1] “El hecho de ser creados a imagen de Dios significa que, al hombre, desde el momento de su creación, le ha sido impreso un carácter real […]. Dios es amor y fuente de amor; el divino Creador también ha puesto este rasgo en nuestro rostro, para que mediante el amor —reflejo del amor divino— el ser humano reconozca y manifieste la dignidad de su naturaleza y la semejanza con su Creador” (cf. S. Gregorio de Nisa, La creación del hombre: PG 44, 137).
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El Papa León XIV recibió este viernes 15 de mayo en audiencia a los participantes de la Segunda Conferencia Interparlamentaria sobre la Lucha contra las Drogas y el Crimen Organizado. El evento fue promovido por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), una agrupación de 57 Estados de Europa, América del Norte y Asia Central.
En su discurso, el Papa resaltó que la presencia de los participantes en la conferencia pone de relieve la importancia de combatir «el flagelo de las drogas ilícitas» y las redes criminales que ponen en peligro «el futuro mismo de nuestras sociedades».
La Santa Sede sigue firmemente convencida de que el Estado de derecho, la prevención del delito y la justicia penal deben trabajar juntos y en unidad, acotó, añadiendo que estos elementos son esenciales para el desarrollo humano integral.
«Ninguna sociedad verdaderamente justa puede perdurar si la ley -y no la voluntad arbitraria de los individuos- no permanece soberana», aseveró, «mientras que ninguna persona o grupo, independientemente de su poder o condición, puede jamás reclamar el derecho de violar la dignidad y los derechos de los demás o de sus comunidades».
Las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley y la sociedad en general, añadió, deben trabajar para prevenir las actividades criminales respetando al mismo tiempo los derechos humanos universales.
El Papa León XIV recordó además que la verdadera justicia no puede limitarse únicamente al castigo, ya que la justicia requiere perseverancia y misericordia para reintegrar a los delincuentes en la sociedad.
«El mismo respeto por la dignidad inherente de toda persona, incluidos quienes han cometido delitos, excluye el uso de la pena de muerte, la tortura y toda forma de castigo cruel o degradante», aseguró.
El Obispo de Roma pidió programas integrales de ayuda para las personas que caen en la adicción, ofreciendo tratamiento médico, apoyo psicológico y rehabilitación.
Adoptando un enfoque multidisciplinario que evite tanto las medidas puramente represivas como las soluciones permisivas, añadió, los antiguos adictos pueden aprender a redescubrir la dignidad que Dios les ha dado.
La educación es la clave de la prevención, dijo el Santo Padre, subrayando que ayuda a los niños a reconocer los efectos devastadores de las drogas.
«Cuando las redes sociales difunden tan a menudo desinformación peligrosa que trivializa estos riesgos», sostuvo, «la educación debe comenzar en la familia y fortalecerse en la escuela, transmitiendo un conocimiento científico preciso sobre los efectos devastadores de los narcóticos en el cerebro, el cuerpo, la conducta personal y el bien común de la comunidad».
Prevenir y combatir el crimen organizado, afirmó, es un aspecto esencial para construir sociedades seguras, justas y estables.
El Sucesor de Pedro elogió el trabajo de los agentes de las fuerzas del orden y de los jueces, recordando a quienes han sacrificado sus vidas o han sufrido heridas en el cumplimiento de su deber.
Para concluir, Prevost enfatizó el compromiso de la Iglesia católica y de sus numerosas instituciones repartidas por el mundo para ayudar, en colaboración con la sociedad civil, a quienes sufren las consecuencias de la adicción.
«Juntos, con un espíritu de respeto mutuo y responsabilidad compartida», afirmó, «podemos promover políticas que verdaderamente sirvan al bien común y a la dignidad inalienable de todo ser humano».
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El Bonito, San Isidro. — La parroquia Nuestra Señora de Fátima recibió este 13 de mayo, por primera vez, la visita de mons. Manuel Antonio Ruíz, luego de su ordenación episcopal como obispo de la nueva Diócesis Stella Maris.
La visita del obispo se enmarca dentro de la celebración de las fiestas patronales que cada año realiza la parroquia en honor a Nuestra Señora de Fátima. Durante este período se desarrollan diversas actividades espirituales y culturales que involucran a toda la comunidad.
Durante la Eucaristía, los feligreses, con alegría y fe, unieron sus voces al coro para entonar el canto Ave María. Asimismo, se llevaron a cabo dos importantes momentos espirituales: la confirmación de más de 50 jóvenes, adolescentes y adultos, y la solemne consagración del altar, ambos ritos presididos por mons. Manuel Antonio Ruíz.
Al iniciar la celebración, el obispo expresó:
“Con la gracia de Dios, estamos acompañando a estos jóvenes, adolescentes y adultos en este paso tan importante de la Confirmación y, en medio de las fiestas patronales, el Espíritu Santo se derrama de manera especial. Así como los pastorcitos, al encontrarse con la Virgen María, vieron transformadas sus vidas, también hoy ellos, al recibir la unción del Espíritu Santo, serán transformados”.
Asimismo, destacó que la unción con el Santo Crisma los convierte en “otros Cristos”, llamados a iluminar como el Cirio Pascual, siendo luz en sus familias, hogares y escuelas. Añadió que, desde ese momento, reciben el sello indeleble del Espíritu Santo para que, fortalecidos con la abundancia de sus dones, sean imagen perfecta de Jesucristo.
En su homilía, mons. Ruíz expresó que el mensaje de la Virgen María continúa vigente en nuestros días. Señaló que, así como en aquellos tiempos había guerras y conflictos, también hoy la humanidad vive momentos de división y violencia. Recordó que la Virgen pidió oración y penitencia, y destacó que esa también es la intención del papa León XIV: que el pueblo de Dios sea un pueblo orante y comprometido con la paz del mundo.
Indicó que el Santo Rosario es “un arma poderosa” para pedir por la paz, la conversión y la reconciliación entre los pueblos y las familias.
Mons. Ruíz exhortó a la comunidad parroquial a intensificar la oración y aferrarse al Rosario, debido a la constante batalla espiritual y social que vive la humanidad.
Asimismo, hizo un llamado a la feligresía a identificar cuáles son las guerras y batallas que se viven dentro de las comunidades y familias, donde muchas veces las personas no logran entenderse ni convivir en armonía. También pidió elevar oraciones por quienes están sumidos en los vicios, por los jóvenes que realizan acciones imprudentes en las calles y por las familias afectadas por la violencia.
De igual manera, invitó a los presentes a vivir su fe con autenticidad, permitiendo que la unción recibida se convierta en testimonio y ejemplo para los demás.
Por su parte, el reverendo padre Nicolás Cuello Hernández, CRL, párroco de Nuestra Señora de Fátima, expresó:
“Tengo la satisfacción de comunicar ante esta comunidad que los confirmandos han recibido la catequesis adecuada, de acuerdo con su edad, para recibir el sacramento de la Confirmación”.
Asimismo, agradeció la visita de monseñor Manuel Antonio Ruíz, obispo de Stella Maris, a la comunidad parroquial que preside.
Acompañaron la celebración el padre Ronnie Maldonado Tapia, CRL, y el padre Moisés Do Nascimento, CRL, ambos sacerdotes de la Congregación de los Canónigos Regulares Lateranenses.
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