El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer; este día nos llega en un momento muy complicado en la humanidad, ya que estamos recibiendo la embestida de activos conflictos bélicos, que están generando mucho dolor, sufrimiento e incertidumbre en el mundo.
A pesar de estas guerras o inestabilidades cruentas que en la actualidad estamos viviendo y que están dejando profundas huellas; el ser humano a lo largo de la historia ha demostrado encaminarse en la resiliencia. Esto se refiere a la capacidad de sobreponerse a momentos críticos y adaptarse luego de experimentar alguna situación inusual e inesperada.
Por lo que, ante la celebración del Día Internacional de la Mujer, apostamos a la necesidad de líderes resilientes que, en medio de este vendaval de situaciones adversas y peligrosas, tomen decisiones sabias y conviertan estos momentos acuciantes y difíciles en una oportunidad de cambio hacia el mejoramiento y fortalecimiento de un mundo más justo, pacífico, humano y más sostenible en la paz.
Asimismo, apostamos a una resiliencia compartida entre hombres y mujeres que se base en la gestión emocional, la comunicación abierta y el apoyo mutuo para así superar las adversidades.
¿Cómo se alcanza el propósito del hombre y la mujer hacia una cultura de paz?
Debemos partir del entendido que el hombre y la mujer tienen una dignidad que nunca se pierde. Dicho lo anterior, este propósito se alcanza con mayor solidez cuando se trabaja en equipo; imbuido con un espíritu transparente de apoyo mutuo marcado con la esencia de la tolerancia; sintiendo admiración el uno por otro, sin que el egoísmo dañe la construcción de relaciones sanas; sin que se devalúe la persona al valor de cualquier objeto.
También impulsando la cooperación sujeta a la complementariedad, sin menosprecio, divisiones ni odios; con disposición expresa a colaborar sin convertirnos en adversarios; y asumiendo que la paz es un proceso continuo que se construye día a día con acciones que demuestren amor, protección emocional y respeto, evitando la competencia o las luchas de poder.
¿Qué no debemos pasar por alto?
Anterior a la pandemia observábamos las estadísticas lamentables, de cómo la violencia estaba alcanzando a muchas mujeres, presentando una alarmante, preocupante, horrorosa y depresiva imagen de irrespeto al don de la vida. Eso se recrudeció con el confinamiento de la población en sus hogares, medida que no cuestiono; pero la misma desnudó la notable incapacidad de la ciudadanía en el abordaje o manejo adecuado de los conflictos en los hogares.
Ya hace cierto tiempo que pasamos por una pandemia, y puede llegar a nuestras mentes como algo lejano que sucedió remotamente en una vida pasada; asombra lo fácil que como humanidad tiramos al baúl del olvido esos sucesos históricos. Todo parece indicar que las pandemias, guerras y crisis económicas, las estamos pasando por alto; lo correcto sería comprender que cada acontecimiento debe enseñarnos lecciones de vida para bien; siempre y cuando lo asumamos en humildad, y absorbamos esos aprendizajes para cambios y mejoras en el inmenso campo de la conciencia moral colectiva.
El ser humano de hoy en esta sociedad de la información sabe más, tiene la posibilidad de mayor acceso a datos; pero lamentablemente, a pesar de estos avances, está dispuesto a hacer menos. Eso nos lleva a preguntarnos ¿Acaso se está en el ocaso de la voluntad? Entendemos que no hemos llegado a ese extremo; pero sí debemos evitar que el flagelo de la desidia y la inercia social supere a la acción consciente.
En ese sentido, nos inquieta que la violencia, en respuesta ante tantos conflictos, siga manifestándose progresivamente como algo natural, normal e incluso como la única manera viable de hacer frente a los problemas. Y nos causa mayor preocupación que no ejerzamos la voluntad para detener esa vorágine perniciosa que nos llena de tanto duelo y traumas severos.
¿Qué hacer?
Inevitablemente debemos cambiar patrones de vida que desdicen nuestra humanidad. La cultura de violencia niega lo verdaderamente humano, se convierte en un germen anti-natura, que solo destruye y daña. El machismo alimenta toda violencia; de ahí es pues, que tenemos asumir mayor compromiso de coadyuvar a erradicar esa cultura tan nociva y salvaje que está causando estragos en el seno de tantas familias.
Esta acción estratégica y fundamental debe realizarse en reciprocidad con las mujeres, para conseguir como resultado una educación en valores que forme al ser humano en su integridad, para que sepa usar su conocimiento en la búsqueda constante del bien. Para llevar a cabo con éxito esta misión se debe trabajar juntos, no solos. La dispersión de esfuerzos retrasa los resultados o más bien no se logra.
Finalmente, para cambiar esos patrones se requiere tomar conciencia de las creencias y respuestas que perpetúan esas conductas negativas que se están reproduciendo en la sociedad. Sin una reflexión sincera o reconocimiento el cambio se imposibilita. A esto se suma también, que necesitamos una dosis de buena voluntad para aprender las habilidades requeridas que posibiliten ese cambio que todos soñamos.
Estamos conscientes que las crisis exacerban los ánimos, pero nunca debemos cansarnos de dialogar y buscar llegar a acuerdos de buena fe que nos permitan regresar a la normalidad luego de cada conflicto. El diálogo consiste en la escucha activa, la expresión respetuosa y el deseo sincero de encontrar un acuerdo, ese debe ser un propósito continuo que demandar.
Aprender que la crisis debe ser una oportunidad de crecimiento, no la suma de tragedias. Es tiempo de que las mujeres y los hombres impulsemos estratégicamente una cultura de paz. No hay camino para el diálogo, el diálogo es el camino que nos lleva a la paz.
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SANTO DOMINGO ESTE.- La Diócesis Stella Maris, realizará desde este lunes 9 al viernes 13, la “MISION HUMANITARIA” con más de 115 médicos de Estados Unidos, de diferentes especialidades, donde llevarán consultas y cirugías. Todo esto gracias a la organización Dominican Medical Dental Society (DMDS), de Nueva York, conjuntamente con el Ministerio de Salud Pública.
Al dar a conocer la información, el Obispo de la Diócesis Stella Maris, Manuel Antonio Ruiz de la Rosa, declaró que esa “Misión Humanitaria” concluirá el viernes 13 y contará con el gran apoyo de la institución, Dominican Medical Dental Society (DMDS), y los auspicios de SOMOS, la Fundación Ramón Tallaj. Corinthian Medical Iza, Healhfirst, la Basílica Medical Managment y el Servicio Nacional de Salud, la Fuerza Aérea Dominicana y la Armada de la República Dominicana.
Las consultas se efectuarán desde el próximo lunes 9, en el Dique, Orillas del Río Ozama, a partir de las 7:30 de la mañana, donde se ha preparado la logística para recibir a los cientos de personas de escasos recursos que necesitan esos servicios.
“Ofrecemos a todos ciudadanos de Santo Domingo Este de todas las edades los servicios de Medicina de Adultos, Pediatría, Ginecología, Cardiología, Dermatología, Odontología y Oftalmología”,
Dijo que esto será una de las primeras experiencias que vivirá la Diócesis Stella Maris para llevar salud a cientos de personas con pocos recursos, en un gesto de humanidad, amor al prójimo y acompañamiento a los más desposeídos.
Informó que el acto protocolar se realizará este lunes 9 a las 10 de la mañana donde asistirán el ministro de Salud Pública, el doctor Víctor Atalah; y representantes de las distintas instituciones que darán los servicios médicos. También estará presente el Comandante General de la Armada Dominicana, el Vicealmirante Juan Bienvenido Crisóstomo Martínez.
Manifestó que los más de 115 médicos especialistas de la ciudad de Nueva York, brindarán estos servicios totalmente gratis, y los que requieran de cirugías se las practicarán en el Hospital Militar Docente de la Fuerza Aérea de la República Dominicana, Dr. Ramón de Lara, en San Isidro, Santo Domingo Este.
DIRECCION DE COMUNICACION Y PRENSA – DIOCESIS STELLA MARIS.
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Por Miguel Ángel Malavia. Fuente: vidanuevadigital.com
La imagen ha tenido lugar hace unas horas y está dando la vuelta al mundo: Donald Trump, presidente de Estados Unidos, aparece sentado en el Despacho Oval de la Casa Blanca y permanece rodeado por decenas de pastores evangélicos que extienden sus manos sobre él y le bendicen.
En un contexto de catarsis, mientras Estados Unidos e Israel buscan derribar el régimen iraní de los ayatolás y más de una docena de países en Oriente Medio están sufriendo el impacto de una escalada bélica sin parangón, uno de esos religiosos proclama una bendición solemne que ha sido compartida en sus redes por la propia Casa Blanca.
La sabiduría del cielo
Tal y como se escucha en el vídeo, este pastor dice lo siguiente: “Nos sentimos honrados de estar hoy ante tu presencia. Levantando los brazos de nuestro presidente, oramos para que tu favor y tu bendición sigan descansando sobre él. Oramos para que la sabiduría del cielo inunde su corazón y su mente, Señor, y te pedimos que lo guíes en estos tiempos difíciles que estamos enfrentando hoy”.
A continuación, añade que “ruego por tu gracia y tu protección sobre él. Ruego por tu gracia y tu protección sobre nuestras tropas y todos nuestros hombres y mujeres que sirven en nuestras fuerzas armadas. Y, Padre, solo te pedimos que continúes dando a nuestro presidente la fuerza que necesita para liderar nuestra gran nación. Mientras, volvemos a ser una nación bajo un Dios indivisible, con libertad y justicia para todos. Rogamos por tu bendición celestial sobre él, en el nombre de Jesús”.
Justo al lado de Trump, con una chaqueta roja, se puede ver a la pastora evangélica Paula White. Desde el inicio de su segundo mandato, ella es la directora de su Oficina Religiosa, una institución de nuevo creación y cuya “responsabilidad principal” es la de “consultar a los líderes religiosos” para elaborar “recomendaciones políticas” en cuestiones como “el fortalecimiento de familias y matrimonios” o “la protección de la libertad religiosa”.
Ausencia de estructura
Impulsora de macroiglesias como Without Walls, en Tampa, o New Destiny Christian Center, en Apopka, ambas en el Estado de Florida, sus comunidades se caracterizan por la ausencia de estructura confesional (acogen varios cultos cristianos en su seno) y por su fuerte acción social y caritativa con los más desfavorecidos y con víctimas de abusos sexuales (ella misma los padeció en su infancia, marcada por la marginalidad), lo que le ha granjeado el apoyo de todas las administraciones locales (incluidas demócratas) y una influencia mediática que le ha hecho contar con su propio programa de televisión, ‘Paula White Today‘, que lleva dos décadas en el aire en un horario de máxima audiencia y en el que ejerce como telepredicadora, apostando por una línea claramente integrista.
Otro importante líder evangélico que se ha volcado con Trump es Joel Osteen, pastor de la Iglesia Lakewood, de carácter no denominacional y que es considerada como la más grande de Estados Unidos. Fundada en 1959 por su padre, John Osteen, tras su muerte, en 1999, su hijo Joel heredó el liderazgo de la comunidad, ejerciendo como pastor general. Lakewood tiene tal incidencia entre los fieles evangélicos estadounidenses que sus cultos, transmitidos por televisión, congregan presencialmente a más de 50.000 personas; buena parte de ellos en su sede de Houston, la más influyente de todas, donde sus celebraciones tienen lugar en el antiguo estadio de los Rockets de la NBA.
Sin apenas noción de pecado
Al igual que Paula White, la línea de Osteen es la de la llamada Teología de la prosperidad, que rechazan los evangélicos confesionales, por lo que estos telepredicadores enfatizan mucho la idea de no pertenecer a una Iglesia estructural. A nivel teológico, esta doctrina positivista (no entra en dogmas ni apenas en la noción de pecado) defiende que el bienestar físico y económico de cada persona proviene directamente de la voluntad de Dios, que lo ha querido para ella en concreto.
De este modo, las donaciones para causas religiosas siempre redundarán en el propio beneficio integral de quien las hace, en una especie de contrato entre Dios y los hombres que se ratifica en la Biblia. Así, si el fiel tiene fe en Dios, este le compensará con seguridad y prosperidad. “Dios no está interesado en tu pasado” es una de las frases que Osteen repite constantemente en sus sermones, aplaudidos y acompañados por cantos por multitudes enfervorizadas.
Caladero espiritual
Nociones, claro, que tienen mucho eco en la sociedad estadounidense más integrista en su lectura de la Biblia y, a la vez, que ostenta una posición ideológica netamente liberal, rechazando la influencia del Estado en sus propias vidas. Un caladero espiritual en el que Trump ha encontrado un manantial que le aupó en buena parte a la presidencia y que le ha mantenido con fuerza estos años.
La otra cara de esta realidad es que Osteen o White se benefician personalmente de esta visión religiosa, siendo multimillonarios que viven en mansiones…, como Trump. Pero, para ello, el Evangelio de la prosperidad también tiene una respuesta: la riqueza económica es un claro ejemplo de que se ha cultivado la relación con Dios, que ha recompensado con creces esa fidelidad. Del mismo modo, la pobreza sería un signo de que se ha dado la espalda al Señor.
Influencia de Norman Vincent Peale
Como señala Financial Times en su artículo ‘Un predicador para la América de Trump: Joel Osteen y el Evangelio de la prosperidad’, el presidente es “el admirador más poderoso” de esta corriente religiosa, hasta el punto de que es “la primera vez” que el Evangelio de la prosperidad “se ha ganado un alma presidencial”. De hecho, el artículo de Edward Luce destaca cómo “el único libro que se sabe que Trump leyó de cabo a rabo es ‘El poder del pensamiento positivo’, de Norman Vincent Peale, el ‘abuelo’ del Evangelio de la prosperidad. Ha vendido cinco millones de copias desde que se publicó en 1952. Su mensaje es que cuanto más le des a Dios, más él te devolverá”.
Y ahí es, precisamente, de donde viene esa relación de Trump con esta controvertida corriente espiritual: “Peale, conocido como el ‘vendedor de Dios’, y que murió en 1993, solía predicar desde la Marble Collegiate Church en Manhattan. Todos los domingos desde finales de la década de 1940 en adelante, Fred Trump llevaba a la familia, incluido el joven Donald, a escuchar sus sermones. Peale ofició el primer matrimonio de Trump (con Ivana) en Marble Collegiate en 1977. Fue donde se llevaron a cabo los funerales de los padres de Trump y donde también se casaron sus hermanos”.
Un producto televisivo y de marketing
Además de explicar en buena parte de dónde provienen las decenas de millones de votos obtenidos por Trump en dos elecciones, esta relación con el Evangelio de la prosperidad también ayuda a entender buenamente a un personaje que, como sus telepredicadores de cabecera, aparece ante todo como un producto televisivo y de marketing. Pero, ahondando más, también nos topamos con alguien que verdaderamente cree que no tiene que pedir perdón (la culpa es algo inexistente en esta vivencia religiosa) por nada. ¿La razón? Su propia fortuna y el hecho de que he prosperado (no deja de ser el líder de la primera potencia mundial) reflejan lo que para él es certeza: es alguien bendecido por Dios.
Por otro lado, el presidente jamás ha ocultado esta relación con el poder evangélico no confesional. Más allá de las imágenes con varios de sus líderes rodeándole y bendiciéndole mientras él estaba sentado en su Despacho Oval, en agosto de 2018 convocó a un centenar de ellos a una cena. Con la mirada puesta en las importantes elecciones al Senado que tendrían lugar ese 6 de noviembre, les llamó directamente a prestarle su apoyo a través del púlpito. “Si ganan los demócratas –les dijo sin ambages– anularán todo lo que hemos hecho, y lo harán rápida y violentamente”.
Apoyo desde los púlpitos
Además, reconoció que “el apoyo que me han brindado ha sido increíble, pero no me siento culpable porque les he devuelto mucho de lo que les prometí”. Un guiño con el que reivindicó uno de los grandes gestos en su política internacional, cuando no tuvo problemas en causar una tensa situación con la comunidad árabe al reconocer a Jerusalén como capital de Israel y, consecuentemente, trasladando allí la embajada estadounidense desde Tel-Aviv.
También llama la atención que, con Trump, ha decaído el Tea Party, otro movimiento religioso que aúna un fuerte nacionalismo y un liberalismo radical, anclados ambos como supuestos valores esenciales de los padres fundadores en torno a una visión integrista del cristianismo. Pese a su teórica cercanía a la línea trumpista, el mandatario basó su ascenso y consolidación en el poder en la rama evangélica no confesional, en un proceso similar al que se vivió en Brasil con Jair Bolsonaro y su estrecha vinculación a telepredicadores de macroiglesias evangélicas.
Si bien el Tea Party tuvo su momento de máxima expansión hace década y media, en la oposición frontal a Barack Obama y a las reformas sociales emprendidas por la Administración Demócrata, su influencia con Trump ha decaído hasta el punto de que uno de sus líderes, el excongresista republicano Joe Walsh, se llegó a postular en su contra como alternativa en una posible candidatura presidencial. Trump, con contundencia y desprecio, lo tachó de “incompetente, narcisista e intolerante”.
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La Comisión Teológica Internacional publica el documento “Quo vadis, humanitas?”, que reflexiona sobre el “reto histórico” de la antropología cristiana en la era de la inteligencia artificial. Los riesgos de la “infosfera” y la crisis de la democracia; la importancia de la historia para combatir la “amnesia cultural”; las derivas de la “era urbana” que transforma los umbrales en fronteras.
Isabella Piro – Ciudad del Vaticano
«Quo vadis, humanitas? – ¿Hacia dónde vas, humanidad?». El título del nuevo documento de la Comisión Teológica Internacional (CTI), aprobado por León XIV el pasado 9 de febrero, resume perfectamente sus motivos fundamentales y su objetivo final: hoy, ante una aceleración tecnológica sin precedentes, la teología quiere ofrecer «una propuesta teológica y pastoral» que entiende la vida humana como «vocación integral» y «corresponsabilidad hacia los demás y hacia Dios», a la luz del Evangelio. Es fundamental la referencia a la Constitución conciliar Gaudium et spes, publicada hace casi 61 años: el documento de la CTI toma prestado tanto el diálogo «abierto» entre la Iglesia y el mundo contemporáneo como el concepto del ser humano «integral, en la unidad de cuerpo y alma, de corazón y conciencia, de intelecto y voluntad».
El desarrollo entre transhumanismo y poshumanismo
El primero de los cuatro capítulos del texto está dedicado al desarrollo, caracterizado por dos polos: el transhumanismo y el poshumanismo. El primero engloba la voluntad de mejorar concretamente, a través de la ciencia y la tecnología, las condiciones de vida de los pueblos, superando sus límites físicos y biológicos. El segundo vive el «sueño» de sustituir incluso al ser humano, enfatizando el cyborg, es decir, el híbrido que difumina la frontera entre el hombre y la máquina. Entre estos dos polos se sitúa la fe cristiana, que «impulsa a buscar una síntesis» de las tensiones humanas en Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado.
Lo digital como ambiente de vida
Tras un rápido repaso de la relación entre desarrollo y tecnología en el magisterio más reciente —desde san Juan XXIII hasta Francisco—, el documento se centra en particular en la tecnología digital, a la luz de las reflexiones de León XIV. «La tecnología digital —precisa— ya no es solo una herramienta, sino que constituye un verdadero entorno de vida», ya que estructura las actividades humanas y las relaciones. Por eso, la era digital ha inaugurado «un nuevo horizonte de sentido»:
«Cambia igualmente la noción de lo que es universal, que en vez de remitir a una naturaleza común alude a lo que se comparte en la conexión global».
La deuda ecológica y la soledad de lo virtual
De ello se derivan diversos riesgos: en el ámbito ambiental, la expansión del mundo artificial conlleva una economía basada en la explotación ilimitada de los recursos, en nombre del máximo beneficio. “Una trágica consecuencia” de ello es la deuda ecológica entre el Norte y el Sur del mundo, la urbanización “salvaje e ilegal» y las políticas extractivas contaminantes. En la relación con los demás, la revolución digital puede llevar al individuo a sentirse insignificante y perdido en un flujo ingobernable y desestabilizador de información, entre contactos meramente virtuales, sin tiempo ni lugar.
«En resumen, lo artificial relativiza lo ‘natural’ como referencia normativa para el actuar humano, y causa en amplias regiones de la tierra – especialmente en el Sur del mundo – fenómenos de empobrecimiento en la vida de poblaciones enteras, provocando situaciones de gran injusticia social».
El crecimiento del poder de la IA
Así, emerge cada vez con mayor fuerza el poder de la Inteligencia Artificial, tanto la entendida en sentido estricto (IA) como la general (IAG). La primera puede procesar rápidamente grandes cantidades de datos, de un modo no siempre controlable por el ser humano, las empresas o los Estados, resultando por ello poco fiable. La segunda, mucho más invasiva, en el futuro será capaz de sustituir todos los aspectos de la inteligencia humana, tanto computacionales como operativos, con consecuencias profundas y radicales. En un mundo tan hiperconectado —afirma el texto—, las dinámicas económicas, políticas, sociales o militares corren el riesgo de volverse “incontrolables y, por tanto, ingobernables”, y aumenta el peligro de “control social y manipulación”.
La pérdida de neutralidad en los medios de comunicación
La comunicación también sufre las repercusiones de este escenario: aunque se subrayan las ventajas del desarrollo tecno-científico en este ámbito —como, por ejemplo, “una ciudadanía activa”, “una información directa y participativa” y “una información independiente” que permite, por ejemplo, denunciar la violación de los derechos humanos—, la CTI advierte sobre “un mercado infinito de noticias y datos personales, no siempre verificables y muchas veces manipulados”. En esencia, hoy los medios de comunicación no son “instrumentos neutrales” y, por lo tanto, su influencia sobre la ética y la cultura interpela directamente a la antropología.
La infosfera y la crisis de las democracias occidentales
En esta “infosfera”, el individuo se muestra cada vez más inseguro respecto a su propia identidad y, por ello, reclama el reconocimiento de los demás: un reconocimiento que debe conquistarse incluso “falseando la realidad” o afirmando los propios derechos “contra el otro”. De ahí surgen conflictos sociales que a menudo se convierten en conflictos identitarios. Y también de ahí brota “la crisis actual de las democracias occidentales”, inconscientes de la “creciente dificultad” para reconocer, de manera compartida, “lo que nos une como seres humanos”.
Además, cuando la opinión se homologa mediante los “me gusta”, el debate político se “tribaliza”, es decir, se fragmenta en grupos fuertemente polarizados que se enfrentan de manera “conflictiva y violenta”. En definitiva —subraya la CTI—, falta ese “diálogo social” que construye el consenso desde la base, apoyado en “vínculos solidarios”.
El human enhancement y la búsqueda de equilibrio entre tecnología y ser humano
La revolución de la información también cambia la manera de percibir el conocimiento, cuyo horizonte podría reducirse únicamente a aquello que la IA puede procesar. Los principios de la filosofía, la teología o la ética podrían considerarse entonces cuestiones subjetivas o de “gusto” personal.
Algo similar podría ocurrir con la corporeidad: si, por un lado, son valorables los avances de las biotecnologías para la salud y el bienestar de muchos pueblos, por otro el documento advierte sobre la difusión del “culto al cuerpo”, especialmente en Occidente, donde se tiende a la “figura perfecta, siempre en forma, joven y bella”.
Igualmente riesgoso es el human enhancement: en sí mismo, este término indica todas aquellas tecnologías biomédicas, genéticas, farmacológicas y cibernéticas orientadas a mejorar las capacidades del ser humano. Pero si tal concepto se entiende “sin límites ni cautelas”, entonces se vuelve urgente una reflexión sobre la necesidad de equilibrio entre “lo técnicamente posible y lo humanamente sensato”.
La relación entre lo digital y la religión: luces y sombras
Amplia es también la reflexión sobre la relación entre la tecnología digital y la religión: en este ámbito existen tanto aspectos positivos —como la facilidad para el conocimiento y la información— como negativos. Entre estos últimos, se señala la creación en la web de “un gigantesco ‘mercado religioso’ que ofrece una elección a la carta según los intereses individuales”, así como cierta comunicación cristiana que, en las redes sociales, se utiliza para “alimentar polémicas e incluso destruir la buena fama de otras personas”.
No solo eso: en esta “metamorfosis en el modo de creer”, la propia tecnología termina por fungir como “guía espiritual y mediadora de lo sagrado”, con casos extremos de “bendiciones y exorcismos virtuales y espiritualismo digital”.
Tampoco faltan formas de “neo-gnosticismo” que, en nombre de una humanidad libre de todo límite, comunidad e historia, consideran la religión únicamente como un obstáculo para la investigación y el progreso.
La cultura de la anamnesis y la amnesia de la cultura
El segundo capítulo del documento se enfoca en la vocación integral: la experiencia humana debe considerarse en las categorías concretas de tiempo, espacio y relación. Hoy —explica la CTI— se ha perdido el sentido de la historia; todo se reduce a un “presente cerrado en sí mismo” y “la cultura de la anamnesis” ha cedido el lugar a la “amnesia de la cultura”.
Ya no existen tradiciones vividas, sino datos procesados que pueden recuperarse en cualquier momento desde una computadora. La tecnología hace que todo sea contemporáneo, pero “un presente que ya no conoce un pasado no tiene ningún futuro”, ni tampoco esperanza. Esto puede dar lugar a “formas de revisionismo y negacionismo”, así como a “falsas culturas” (del desperdicio, de los muros, del aislamiento) o a “populismos”.
Frente a todo ello, el Evangelio se presenta como una “contracultura” por dos razones: porque valora y promueve todas las dimensiones auténticamente humanas y porque, en la “aceleración horizontal” que sufre la historia, el Verbo le ofrece un sentido, es decir, Jesucristo, punto de encuentro entre el tiempo del hombre y la eternidad de Dios.
El fenómeno de la “urban age”
Es amplia la reflexión sobre el espacio, sobre todo frente al fenómeno de la “edad urbana”, es decir, la formación de regiones metropolitanas que unen centros y periferias en espacios enormes, no exentos de problemas, como la falta de servicios esenciales. Además, la cultura global y la facilidad en la movilidad hacen que el hombre sea “ciudadano del mundo”, pero también un “nómada” errante en no-lugares anónimos y uniformes, como los aeropuertos y centros comerciales. “Así se pierde la figura del peregrino”, señala el documento, es decir, aquel que, sin perder la relación con su tierra, se pone en camino para responder a la llamada de Dios.
La diferencia entre frontera y umbral
El espacio global ya no hace que seamos más hospitalarios ni abiertos al otro. Al contrario, provoca “reacciones identitarias fuertes”, aumenta los “sentimientos de invasión” que ven en el otro una amenaza, y crea fronteras allí donde los cristianos ven “umbrales”, es decir, “zonas que ponen en contacto” con el prójimo. Cristo, de hecho, “abre el espacio de los pueblos y de las personas”, convirtiéndolo en un lugar hospitalario, sin muros ni cerrazones, en un presente salvífico, en camino hacia un futuro trascendente.
Las relaciones como barrera frente a la globalización uniformadora
Así, la relación, la intersubjetividad entendida como la pertenencia del hombre a una familia, a un pueblo y a una tradición. Estas pertenencias, señala el documento, moldean la identidad personal y constituyen “casi un dique frente a la expansión de la globalización uniformadora”. El núcleo familiar, de hecho, sobre todo en el “hacerse uno como hombre y mujer en la fecundidad del hijo”, expresa la “plenitud y la promesa” del don de la vida.
Del mismo modo, el pueblo se realiza “en la compartición” de una cultura y de una tierra, oponiéndose así a una visión “cosmopolita, anónima y globalizada” que anula las diferencias y las identidades propias. La unidad en la diversidad es, en cambio, el principio que la CTI evoca en nombre de la “fraternidad” y de la “amistad social”. En este contexto también se sitúa el “pueblo de Dios que es la Iglesia”, cuyo camino se funda en la fe y está abierto a las diferencias para un “proyecto unitario más grande”.
Los pobres no son “daños colaterales” de la tecnología
Central, en este segundo capítulo, también es el principio del bien común, con un llamado a las instituciones financieras para que estén “atentas a la economía real más que a las lógicas del lucro” y no pierdan el enfoque ético ni la solidaridad hacia los más frágiles.
Asimismo, “el misterio de la Cruz” llama la atención sobre el punto de vista de las víctimas; por lo tanto, sin justicia ni consideración hacia los más débiles, no puede haber “un cumplimiento humano” de la historia. Al respecto, un punto específico del documento exhorta también a dirigir la mirada hacia los más pobres que, debido al poder tecnológico, corren el riesgo de convertirse en “daños colaterales” que se quieren eliminar “sin piedad”.
La dignidad infinita de toda vida humana y la oración
La vocación integral del ser humano también se orienta hacia la realización en el amor: la vida de cada uno es fruto “del amor creativo del Padre” que lo amó incluso antes de formarlo. Esto significa que “toda existencia humana tiene un valor infinito en sí misma” y que el hombre no puede estar sujeto a ninguna medida —política, económica o social— que disminuya “su dignidad infinita”.
La percepción de la vida como don también hace que nadie deba sentirse “superfluo” en el mundo, porque todos estamos llamados a responder a un proyecto pensado por Dios para nosotros, que somos sus hijos y que nos dirigimos a Él en la oración. Una actitud que “califica a la humanidad”: la oración expresa, de hecho, la humanidad que se entrega más allá de sí misma, sin disolverse ni auto-proyectarse.
La cultura de la no-vocación quita esperanza a los jóvenes Desafortunadamente, hoy, sobre todo en Occidente —subraya el documento— se fomenta una “cultura de la no-vocación” que priva a los jóvenes de una apertura al sentido último de la existencia, así como de la esperanza. El futuro, entonces, se reduce a la elección del trabajo, al lucro económico, a la satisfacción de necesidades materiales.
Al contrario, la “cultura de la vocación” es más necesaria que nunca para permitir el correcto proceso de maduración de la identidad de la persona y de los pueblos.
La identidad madura en el amor
Y es precisamente la identidad el tema del tercer capítulo: “Ningún ser humano puede ser feliz si no sabe quién es”, afirma la CTI; por lo tanto, cada uno debe asumir “la tarea” de convertirse en sí mismo y de transformar el mundo según el diseño de Dios.
Además, como hijos amados del Señor, los seres humanos maduran su identidad sobre todo en el amor. Pero existen otros factores —culturales, naturales, sociales y religiosos— que hacen que la identidad sea particularmente compleja. Por ello, debe buscarse principalmente en el corazón, “el centro de la persona”, donde se crea unidad y se construyen vínculos auténticos, en una relación justa con el mundo.
Corporeidad y discapacidad
Para moldear la propia identidad es necesario además “aceptar el cuerpo sexuado, visto como un don y no como una prisión que nos impide ser verdaderamente nosotros mismos, ni como material biológico para modificar”. En este contexto, la discapacidad también adquiere un valor relevante: “Sin perjuicio de que las discapacidades congénitas no son directamente queridas por Dios”, explica el documento, es necesario defender la dignidad infinita de cada persona, abrazando su “condición particular”, porque ésta también “puede ser ocasión de bien, de sabiduría y de belleza”.
Las relaciones interpersonales y con el cosmos
Del texto surge con claridad la importancia de las relaciones interpersonales, porque cuanto más las vive el hombre “de manera auténtica”, más madura “su propia identidad personal”. Ser un don para los demás se convierte, entonces, en la manera en que la persona responde a la llamada de una “comunión social” que se realiza en la “capacidad de acoger a los demás, estableciendo vínculos sólidos”, basados en el diálogo, la escucha y el derecho a ser uno mismo y a ser diferente.
Se ofrece también una reflexión sobre la relación entre la humanidad y el cosmos. Este no puede reducirse a mero “objeto” —se subraya— ni puede ser “humanizado”, como sucede sobre todo en Occidente con los animales domésticos. Más bien, los seres humanos deben asumir el papel de “administradores responsables” de la Creación, convirtiéndose en agentes de la evolución del universo físico, “pero siempre respetando sus propias leyes”.
Las tensiones polares de la identidad humana
El cuarto y último capítulo del documento analiza la dramática condición del proceso de realización de la identidad humana, el cual atraviesa diversas “tensiones o polaridades” entre material y espiritual, masculino y femenino, individuo y comunidad, finito e infinito. Estas tensiones, se explica, “no deben interpretarse bajo una lógica dualista, sino como ‘unidad de los dos’”, mostrando así “el justo e irrenunciable valor de la diferencia”. La referencia es a la “vida trinitaria”, en virtud de la cual la relación entre dos no se cierra sobre sí misma, ni anula al otro, sino que “se abre al cumplimiento en el tercero”.
Sobre todo, a través de estas oposiciones polares, “permanece intacto el don originario que precede y funda”. La “armonía perfecta” entre las Personas trinitarias llama a la fraternidad universal y se expresa de manera culminante en la Eucaristía, que “regenera las relaciones humanas y las abre a la comunión”.
Masculino y femenino son un don de Dios, no una variable contingente
Hay dos énfasis en particular: en la tensión entre masculino y femenino, se subraya que la identidad del hombre y de la mujer “no es una variable contingente” que pueda moldearse de manera independiente o en contraste con su significado “originario y permanente”; ni es “una propiedad que se gestione” subjetivamente. Al contrario, esta identidad es un don de Dios.
En consecuencia, la tendencia actual a “negar o querer ignorar esta diferencia natural” se convierte en “una forma peligrosa de borrar la identidad corporal real”, en favor de una “auto-contemplación endogámica”. Desde la perspectiva teológica, en cambio, la tensión hombre/mujer encuentra su adecuada perspectiva en la vocación a la unidad de los dos “con idéntica dignidad”.
Los orígenes de la crisis ecológica
El segundo énfasis se refiere a la polaridad entre material y espiritual: cuando se pierde “la armonía” entre estas dos dimensiones, todas las cosas dejan de ser “signos de un misterio más grande” y se reducen a “material para manipular arbitrariamente con vistas únicamente al lucro”. Y esto es “la raíz de la crisis ecológica actual”, la cual también se refleja en las relaciones entre las personas y entre los pueblos, en una “expansión de la conflictividad humana”. Así, la fraternidad universal, “inscrita en el origen común”, deja de ser reconocida y, de hecho, es “constantemente ofendida”.
Desde el punto de vista teológico, en cambio, la tensión entre material y espiritual encuentra su “significado pleno” en la resurrección: gracias a ella, el ser humano es salvado por completo, en cuerpo y alma.
El ejemplo de la Virgen María
En conclusión, el documento de la CTI subraya con claridad que “el futuro de la humanidad no se decide en los laboratorios de bioingeniería, sino en la capacidad de habitar las tensiones del presente”, sin perder el sentido del límite y de la apertura al misterio de Cristo resucitado. Ejemplo admirable de ello es la Virgen María: quien acogió libremente el don de Dios se convierte en “el paradigma” del ser humano que se realiza en plenitud. La “verdadera humanización, entonces, será dejarse ‘divinizar’ por un Amor que ‘nos precede y nos hace protagonistas de una humanidad nueva’”.
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