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07/07/2026

Estadios llenos, iglesias medio vacías

 Mientras el Mundial de 2026 congrega a cinco mil millones de personas ante la misma imagen, muchas parroquias siguen vaciándose. No es una coincidencia; es una interpelación con mucho que aportar a la Iglesia, si esta se muestra dispuesta a escuchar. Hay una estampa que resume mejor que muchos diagnósticos pastorales los tiempos que vivimos: el domingo por la mañana, la iglesia con un tercio de los bancos vacíos; por la tarde, el bar de enfrente con la pantalla encendida, repleto de gente que viste la camiseta de su equipo, que grita, que abraza a desconocidos, que llora cuando entra el gol y que vive, en ese momento, algo que le cuesta mucho describir, pero que nadie que lo haya sentido confunde con mero entretenimiento.

El fútbol —y en particular el Mundial, su expresión más universal— no es enemigo de la fe; de alguna manera, es su espejo. Un espejo que refleja, sin aditivos teológicos, las mismas necesidades a las que la fe ha respondido durante siglos: pertenecer a una comunidad que nos trasciende, vivir momentos de intensa emoción compartida que rompan la monotonía de la vida individual, encontrar héroes que encarnen valores y narrar la propia historia dentro de una narrativa más grande.

Vacantes

Norbert Elias y Eric Dunning lo documentaron con rigor sociológico hace décadas: el deporte moderno ha heredado muchas de las funciones que las festividades religiosas desempeñaron durante siglos. No las ha usurpado con perfidia; al encontrarlas parcialmente vacantes, las ha ocupado. Esa es la pregunta que el Mundial de 2026 vuelve a plantearle a la Iglesia: ¿Por qué estaban vacantes?

La literatura lo comprendió y lo narró mucho antes que la teología pastoral. Eduardo Galeano abrió El fútbol a sol y sombra con una tesis que la sociología de la religión ha ido confirmando desde entonces: el fútbol es una religión con millones de creyentes. Lo decía sin ironía, como quien describe una realidad fascinante e inquietante a partes iguales.

Primer gol del Mundial de Fútbol 2026. Foto: EFE

Galeano, hombre de izquierdas y alejado de las iglesias, defendía que la devoción futbolística no era ni superstición ni infantilismo de masas; era la expresión de una necesidad humana profunda e irrenunciable. Nick Hornby, en Fiebre en las gradas, fue mucho más allá al describir esa lealtad al Arsenal como algo que no se elige, sino que se hereda como una identidad y que no se puede abandonar sin sentir que se traiciona algo esencial de uno mismo.

El vocabulario y la estructura emocional son exactamente los de la fe. Juan Villoro tituló su ensayo sobre el fútbol Dios es redondo, no como una broma, sino como un diagnóstico. El balón ocupa el espacio que el Dios ausente ha dejado libre en la cultura contemporánea: rueda, genera devoción, no explica nada y, sin embargo, convoca. ¡Y de qué manera!

La hierosfera es el campo simbólico en el que los seres humanos vivimos y gestionamos nuestras necesidades de significado, pertenencia, trascendencia y ultimidad. No es exclusiva de las religiones instituidas, aunque es el territorio que la Iglesia ha habitado con nombre propio durante siglos; un territorio que nunca ha sido solo suyo.

El fútbol —y el Mundial como su liturgia mayor— opera parcialmente dentro de esa hierosfera. No lo hace con una doctrina explícita, sino con lo que podríamos llamar una criptosacralización: una apropiación de la gramática de lo sagrado sin reclamar ese nombre. Veamos cómo:

  • El templo: El estadio tiene su espacio diferenciado del mundo ordinario, al igual que el templo.
  • La liturgia: El partido posee su estructura litúrgica: apertura solemne, desarrollo con momentos de clímax y cierre ritual.
  • Los mitos: El equipo tiene sus héroes salvíficos, sus mitos fundacionales y sus reliquias.
  • La comunidad: El aficionado tiene su fe futbolística más allá de lo racional, su esperanza escatológica —«la próxima temporada será la buena»—, su teodicea —que busca chivos expiatorios cuando se produce una derrota— y su comunidad, que lo sostiene cuando el mundo de fuera no puede hacerlo.

Esto no convierte al fútbol en una religión en sentido estricto, pero sí lo coloca, de modo inequívoco, dentro del mismo territorio en el que opera la fe. La Iglesia que no tenga esto en cuenta estará ignorando dónde viven realmente sus fieles, qué los mueve por dentro y qué experiencias están teniendo fuera del templo que este ya no les brinda:

«El estadio le dice a la Iglesia: la gente no busca verdades que no se puedan sentir. Busca presencia. Cuerpo. Voz común. Una experiencia que deje huella. ¿Cuándo fue la última vez que tu liturgia produjo eso?».

  • La gente necesita sentir, no solo adherirse: El estadio no pide credos, no reparte folletos ni interroga sobre los pecados. ¿Qué pide? Que grites, que te abraces con el de al lado y que pongas el cuerpo en juego. Esa entrega física y emocional produce una experiencia que millones de personas describen con un vocabulario profundamente espiritual: comunión, éxtasis, trascendencia y pertenencia.
  • La comunidad del estadio es de carne y hueso: No es una comunidad de ideas, ni de adhesiones doctrinales o compromisos virtuales. Es la comunidad del abrazo en el gol, del llanto compartido en la derrota, de la voz que se rompe al cantar el himno. El empresario y el obrero de la construcción conviven juntos, sin que nadie les pregunte por sus diferencias. Eso es lo que Victor Turner llamó communitas y lo que muchas parroquias llevan décadas perdiendo.
  • La fe se transmite a través del cuerpo, no de la doctrina: El abuelo que lleva al nieto al estadio por primera vez no le explica por qué debe querer al equipo; lo abraza cuando marca el gol y eso basta. La fe se contagia por el contacto, por la emoción y por la memoria compartida. La Iglesia lo supo durante siglos y, en algún momento, se olvidó.

Pero el diálogo no se produce en una sola dirección. La Iglesia tiene cosas importantes que decir sobre el fútbol, y no se trata solo de reproches morales o de llamadas a la moderación. Son observaciones que nacen de siglos de acompañamiento a seres humanos en aquello en lo que el estadio no puede apoyarlos:

  • Tu comunidad dura noventa minutos: El estadio es extraordinariamente eficaz en la euforia compartida. Pero cuando llega el duelo, la enfermedad o el fracaso existencial, ¿qué tiene que decir el estadio? No tiene nada que decir. No hay liturgia del luto en el vestuario, no hay sacramento posible ante un diagnóstico grave ni hay palabras para el vacío que deja la muerte de un ser amado. La Iglesia, en cambio, ha construido durante milenios un lenguaje precisamente para las oscuridades vitales. El estadio te abandona cuando más lo necesitas; la Iglesia, en sus mejores momentos, es la comunidad que queda cuando todo lo demás se va.
  • Tu trascendencia está atada al mercado: Un mal presidente puede arruinar la devoción de toda una vida, un árbitro comprado puede destruir la fe de una temporada y un empresario puede vender el equipo y dejarte sin «dios». Lo sagrado que depende del capital tiene una vulnerabilidad radical que lo hace insuficiente ante las preguntas más hondas. El estadio proporciona éxtasis, pero no da paz; construye tribu, pero no da redención; suscita euforia, pero no da sentido al sufrimiento.
  • Cuidado con la idolatría: No en el sentido moralista del término, sino en el sentido teológico preciso: cuando algo finito —un club, unos colores, una plantilla— ocupa el lugar de lo infinito. Ocurre cuando el marcador configura el estado de ánimo de la semana, cuando la afición absorbe más tiempo que la familia o la oración, y cuando se invierte en el equipo una energía espiritual reservada para otro fin. La Iglesia no condena al hincha, sino que le pregunta: ¿Qué estás buscando ahí? ¿Estás seguro de que lo estás encontrando?

Para los hinchas católicos:

  1. ¿Qué encuentras en el estadio que echas de menos en la comunidad parroquial? ¿Has intentado llevar eso a tu fe?
  2. ¿Alguna vez has vivido en la liturgia algo comparable a lo que sientes cuando tu equipo marca un gol? Si no es así, ¿qué faltó?
  3. ¿Hay algo que le pedirías a tu comunidad de fe que el estadio ya te da? ¿Tienes algo que solo la fe puede darte y que el fútbol no?
  1. ¿Cómo explicas que millones de personas encuentren en el fútbol experiencias que describen con el vocabulario de la fe? ¿Eso te interpela o te resulta ajeno?
  2. ¿Qué puede aprender hoy en día la Iglesia de la capacidad del fútbol para generar una comunidad real, encarnada y emocional?
  3. ¿Hay algo en tu vida de fe que produzca la intensidad de pertenencia que el estadio genera? ¿Qué lo bloquea o lo facilita?

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León XIV saluda a los fieles a su llegada a Castel Gandolfo

 El Santo Padre se asomó al balcón del Palacio Apostólico, agradeció a quienes le aguardaban y reafirmó la importancia de reunirse como hermanos y hermanas. El Pontífice inicia así su período de descanso, el cual se prolongará hasta el lunes 27 de julio.

Vatican News

«¡Buenas tardes, buenas tardes, Castel Gandolfo! Gracias. Estoy muy feliz de estar aquí entre ustedes, de poder pasar las próximas semanas descansando un poco, rezando un poco, leyendo un poco y, esperemos, haciendo un poco de deporte aquí, en Castel Gandolfo. ¡Este encuentro es siempre un momento importante!», declaró el Papa a su llegada a la residencia veraniega al final de la tarde de este domingo 5 de julio.

El Santo Padre se trasladó al Palacio Apostólico, situado en los Castelli Romani, para iniciar este tiempo de reposo según anunció al mediodía un comunicado de la Prefectura de la Casa Pontificia.

Al dirigirse a los Castelli Romani, al sur de Roma, León XIV retoma una tradición iniciada por el Papa Urbano VIII en el siglo XVII, a la que permanecieron fieles numerosos pontífices, a excepción de su predecesor. El Papa Francisco, quien prefería permanecer en la residencia de Santa Marta, llegó incluso a abrir al público los apartamentos privados de la residencia estival.

Desde ahora y hasta el 27 de julio quedan suspendidas todas las audiencias generales, privadas y especiales, según prosigue la nota de la Prefectura. No obstante, el Papa mantendrá su encuentro semanal con los fieles: cada domingo de julio rezará la oración mariana del Ángelus desde la plaza de la Libertad de Castel Gandolfo.

La próxima cita con los peregrinos y los católicos de Roma en el Vaticano tendrá lugar el miércoles 5 de agosto, fecha en la que se reanudarán formalmente las audiencias generales.

En 2025, León XIV pasó 16 días de descanso en la Villa Barberini de Castel Gandolfo, del 6 al 22 de julio. Durante ese período, no dejó de participar en algunos compromisos públicos, como las celebraciones en el «Borgo Laudato Si’» con motivo de la primera liturgia por la Custodia de la Creación, así como en la parroquia pontificia de Santo Tomás de Villanueva y en la catedral de Albano.

Ese período también estuvo marcado por varios encuentros de alta relevancia, entre ellos el mantenido con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, a quien recibió en la Villa Barberini. Asimismo, sostuvo una conversación telefónica con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, tras el ataque militar llevado a cabo por el ejército israelí contra la iglesia de la Sagrada Familia en Gaza, y posteriormente conversó por teléfono con Mahmud Abás, presidente del Estado de Palestina.

Con ocasión de la llegada del Papa León XIV a Castel Gandolfo, el Borgo Laudato Si’ le ha dirigido una cálida bienvenida. «Recemos —puede leerse en un comunicado— para que estos días le devuelvan las fuerzas y lo sostengan en su misión de esperanza, paz y unidad al servicio de la Iglesia».

Esta estancia constituye también una magnífica oportunidad para que los fieles visiten la residencia de verano. En efecto, el Borgo Laudato Si’, de común acuerdo con León XIV, permanecerá abierto todos los días de 10:00 a 18:00 horas, con el fin de ofrecer a todos «la posibilidad de descubrir un lugar de oración, de belleza y de cuidado de nuestra casa común».

«Acompañemos al Santo Padre con nuestras oraciones; nos alegra compartir con tantos peregrinos y visitantes este verano tan especial en Castel Gandolfo», concluye la nota publicada este domingo.

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06/07/2026

VALORA Y AMA A LOS TUYOS

 POR CÉSAR DALMASÍ

cesardalmasi@hotmail.com
(El autor es periodista)

Me basta con que el título de este escrito se impregne reflexivamente en lo más profundo de tu ser, de tu alma, de tu vida; pero observa bien que dije «Valora y ama a los tuyos», no dije «Valora y ama lo tuyo», ya que no es lo mismo. Por encima de las posiciones, las posesiones materiales, los títulos universitarios, la fama y todo lo que te pueda ofrecer y dar el mundo, al final lo más importante son los tuyos.

Tu familia —papá, mamá, abuelos, toda tu genealogía— y también los amigos verdaderos son a quienes tú le dueles; ellos son quienes te aman. Por tal razón, tu compromiso es valorarlos y amarlos también a ellos, reciprocar todo lo que recibes de parte de los tuyos.

Pero tenemos que estar claros de que en el núcleo familiar todos somos lo mismo, con cualidades y características comunes, pero a su vez somos distintos. Cada uno en particular tiene sus propias características, su personalidad, su carácter, y eso es precisamente lo que define a cada quien; entonces, ante esa realidad debe de imponerse la tolerancia para garantizar la armonía y la sana convivencia.

En la familia hay que sobrellevarse. Recuerda que no siempre estarán juntos y que la separación por la fuerza de la naturaleza tendrá irremisiblemente que llegar; entonces, ¿por qué dañarse entre unos y otros? Los miembros de una familia nunca deberían de enemistarse por ninguna razón del mundo. Es muy triste ver familias completas divididas por una herencia, por un malentendido, por celos y envidia, o por cualquier tontería.

Valora cuando te llaman y te preguntan por dónde andas, a qué hora llegas, por qué aún no has llegado o, sencillamente, cuando desde el hogar cualquiera te dice: «Avísame cuando llegues» o «cuando salgas de tal o cual lugar». Jamás veas esos gestos como molestia, como asedio o que te están limitando tu libertad; míralos, más bien, como la preocupación y el gran amor que sienten por ti.

En la medida de lo posible, hay que procurar sentarse juntos a la mesa: almorzar, cenar, desayunar, compartir un café o simplemente un momento de conversación trivial, que nunca es trivial, siempre es la mejor y más importante. Salgan juntos, compartan un helado, una caminata por la plaza comercial, por el parque o simplemente por las calles, en fin, por tu entorno.

Ahora bien, tenemos que ver como normal y natural que en algún momento nos ofendamos, que tengamos diferencias, que siempre las hay, pero eso no implica que permanezcamos en la ofensa: hay que perdonarse. Porque la misma Biblia lo dice: «Sopórtense unos a otros y perdónense mutuamente si alguno tiene queja contra otro. El Señor los ha perdonado, hagan ustedes lo mismo» (Col 3, 13-14).

He visto a personas frente a un féretro llorar desconsoladamente, ahogadas en la angustia y en el dolor por la pena de haber ofendido a un familiar, a un pariente o a un amigo; así que no esperes ese último momento para querer perdonar y reconciliarte. Ahora, en este preciso instante, es el momento de llamar o ir donde esa persona, abrazarla y hacer las paces, porque mañana podría ser muy tarde.

La familia es más que un grupo de personas viviendo y conviviendo bajo un mismo techo, porque la familia está unida por vínculos muy poderosos: nos une una misma sangre, una misma historia; por eso, cuando un miembro ríe, todos reímos, y cuando un miembro llora, todos lloramos. Recordemos que «familia es familia», como dice la salsa Amor y control del panameño Rubén Blades.

En las charlas y conferencias que ofrezco sobre el tema de familia y de crecimiento y desarrollo humano, siempre le recuerdo a mi audiencia que el amor es el puente que nos une y nos lleva a la paz, y la paz, a su vez, construye una sana convivencia y esto nos llena de salud física, espiritual y emocional. Entonces, ahora como una sola familia, a reír, llorar, cantar, a estar tristes y alegres, pero juntos y monolíticamente unidos por una misma esencia, por el amor; recordando que si falta el amor, falta Dios, y si falta Dios, nos falta todo y somos seres vacíos.

Otros temas del mismo autor.

LA SENCILLEZ Y HUMILDAD DE UN SACERDOTE

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El Papa al pueblo venezolano: «Que el Señor los sostenga en este momento tan difícil»

 Este domingo 5 de julio, tras el rezo de la oración mariana del Ángelus, el Papa León XIV volvió a expresar su cercanía a la población de Venezuela y pidió que «el Señor los sostenga en este momento tan difícil». Asimismo, recordó que el pasado 2 de julio fue beatificado el sacerdote Francisco Javier Tru’o’ng Bửu, asesinado en 1946 por odio a la fe, y pidió que «su intercesión y sus oraciones sostengan a los obreros del Evangelio que, aún hoy, se encuentran en situaciones de persecución».

Renato Martínez – Ciudad del Vaticano

«Siempre recuerdo en mis oraciones a las víctimas del terremoto y a todo el pueblo venezolano: que el Señor los sostenga en este momento tan difícil». Con estas palabras, el Papa León XIV expresó su cercanía a la población de Venezuela —afectada por dos terribles sismos— al concluir el Ángelus de este domingo 5 de julio, ante unas 18 000 personas congregadas en la plaza de San Pedro para rezar junto al Santo Padre.

Asimismo, el Pontífice recordó que el pasado jueves 2 de julio, en el Santuario de Tắc Sậy, en Vietnam, fue beatificado el sacerdote Francisco Javier Tru’o’ng Bửu, asesinado en 1946 por odio a la fe.

«En un contexto de opresión y violencia, se mantuvo firme como defensor de los derechos del pueblo y no abandonó a sus feligreses. Que su intercesión y sus oraciones sostengan a los obreros del Evangelio que, aún hoy, se encuentran en situaciones de persecución», manifestó el Santo Padre.

Posteriormente, el Papa saludó afectuosamente a todos los fieles que se dieron cita en la plaza de San Pedro. De manera especial, ofreció su bendición a los peregrinos de Brasil y dio una calurosa bienvenida al Coro de la Universidad de Mérida, proveniente de Venezuela.

Además, saludó a varios grupos polacos, entre ellos a los sacerdotes recién ordenados de los Frailes Menores Capuchinos de la Provincia de Cracovia; al Coro Infantil de la Arquidiócesis de Łódź, acompañado por su obispo auxiliar; y a un grupo de la Diócesis de Legnica.

Antes de despedirse deseándoles a todos un «feliz domingo», el Pontífice saludó a los jóvenes de Bellagio y al Coro Jubilaeum de Augusta, Sicilia, quienes asistieron junto al alcalde y al párroco de la localidad.

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04/07/2026

RD logra drástica caída de homicidios en 2026, pero el «conflicto social» sigue cobrando vidas

 Fuente: Desdeelestrado.com

Al cierre de mayo de 2026, la República Dominicana ha alcanzado una tasa de homicidios acumulada de 7.16 por cada 100,000 habitantes, lo que representa una reducción del 43.93% en comparación con el año 2023. A pesar de esta notable mejora estadística, el reporte de la Policía Nacional revela que solo en el mes de mayo se registraron 103 homicidios y 142 heridos, siendo los conflictos sociales la causa principal de la violencia, superando a la delincuencia común y a las acciones legales.

La mayor parte de los incidentes violentos ocurren los lunes en horario nocturno, con picos críticos entre la 1:00 a.m. y las 2:00 a.m.. Geográficamente, la provincia de Santiago lidera el número de heridos con 28 casos, seguida por Santo Domingo Este con 17, mientras que territorios como Dajabón y Pedernales presentan las tasas más altas de homicidios vinculadas a extranjeros. En el ámbito de los delitos contra la propiedad, se reportaron 4,485 robos, siendo el «robo simple» la modalidad más frecuente (47.1%), con los teléfonos celulares y las motocicletas como los artículos más sustraídos.

En materia de institucionalidad y justicia, el año 2026 inicia con el desafío de implementar el nuevo Código Penal (Ley núm. 74-25) aprobado en 2025, el cual busca actualizar la política criminal frente al crimen organizado y la corrupción. La Fundación Institucionalidad y Justicia (FINJUS) destaca como un hito la eliminación de la mora judicial en el 80% de los tribunales del país al cierre de 2025, un avance significativo frente al 30% registrado en 2024. Asimismo, se impulsa la creación del Ministerio de Justicia para centralizar la gestión del sistema penitenciario y superar la fragmentación institucional.

La operatividad policial ha sido intensa, con más de 1.9 millones de operativos de prevención realizados solo en mayo, resultando en la ejecución de 3,321 órdenes de arresto y la incautación de 635 armas de fuego, de las cuales el 66% eran ilegales. Por su parte, la Dirección Especializada de Atención a la Mujer (DEAMVI) logró una efectividad del 86% en la ejecución de órdenes de arresto por violencia de género e intrafamiliar.

Sin embargo, persiste una brecha entre las estadísticas y la percepción de seguridad. Datos de la Oficina Nacional de Estadística indican que la delincuencia sigue siendo la preocupación principal del 66.5% de la población. El miedo al crimen ha alterado los hábitos de los ciudadanos: un 64.4% de los dominicanos evita salir de noche y un 44.6% ha dejado de usar joyas por temor a ser víctima de un asalto, una sensación de inseguridad que afecta de manera desproporcionada a las mujeres y a los residentes de zonas urbanas.

Finalmente, los accidentes de tránsito se mantienen como una crisis de salud pública, con 1,453 siniestros que dejaron un saldo de 175 fallecidos en un mes. El 78.3% de estos accidentes involucró a motocicletas, consolidándose como el vehículo de mayor riesgo en las vías nacionales. Ante este panorama, FINJUS y otros organismos recomiendan que las políticas de seguridad para 2026 no se limiten a la represión policial, sino que se enfoquen en un modelo integral, preventivo y basado en el bienestar ciudadano.

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