P. Luis Alberto De León Alcántara Email: albertodeleon_011@hotmail.com

A muchos de nosotros nos han engañado alguna vez. Han abusado de nuestra confianza y hemos sido usados como objetos por personas que se aprovecharon de nuestra condición bondadosa para conseguir su interés. Fue justo ahí que descubrimos que quienes hacen esto, se burlan de nuestra caridad para perpetuarse y crear un “mundo” con nuestro mundo. Por esta razón, se puede decir que nosotros no les importamos, ya que instrumentalizan nuestra vida para subir un escalón más en su perspectiva personal.
Sin embargo, es digno admirar la gente con un corazón sano, puro, limpio; capaz de desvelarse por los demás, que se sienten a gusto colaborando y siendo útiles, ya que esto genera paz interior y felicidad placentera. Esta es la razón por la cual no es casualidad que Biblia diga en Hechos 20, 35 con toda seguridad que, “hay mayor alegría en dar que en recibir”. Es que el corazón humano solo reconoce cómo válido y digno los favores sinceros que podemos realizar por aquellas personas que apreciamos.
Como existen personas que se aprovechan de la bondad, es común observar la actitud sospechosa contra ciertas personas, porque vivimos en una sociedad que utiliza la bondad en vez de ofrecerla. La gente prestar atención con detenimiento a los individuos que se ofrecen con tanta facilidad para colaborar con otros. Por eso, no confía en los “servicios desinteresados”. Pues, como el dinero es el afán de una gran cantidad de seres humanos, se pone en tela de juicio quienes se ponen a la orden y dicen que en cualquier momento o circunstancia se le puede llamar, que ahí estarán.
Lo interesante de todo esto, es que se ha vuelto normal en la sociedad en la que vivimos, utilizar al otro para conseguir beneficios. Es un modo de vida que se reconoce como una vía rápida para tener mejor posición social. Aunque, utilizar a alguien como objeto para obtener el desarrollo persona, es, en palabras más sencillas, la nueva cultura para sentirse cómodo y con la posibilidad de saber que ya es posible lograr cualquier sueño apoyándose en una persona inofensiva y que piense que todavía todos los que están en el mundo son buenos y no tienen malicia.
En definitiva, hay que saber que utilizar al otro para alcanzar un propósito personal es abusar de su dignidad. Es no respetar la creación de Dios. Cuando se pierde el don de reconocer a quienes nos rodean, optando por mirarlo como una cosa más en el mundo, atentamos contra sus derechos y deberes, borrándose así de nuestra mente la concepción de la identidad humana. Es como si olvidáramos que los demás son importantes al igual que nosotros, ignorando por completo que aprovecharse de la bondad de los otros para alcanzar la felicidad, es individualismo, puro egoísmo de un ser humano que a lo largo de su propia existencia fue olvidando quién era y qué buscaba en este planeta.
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