Señor mío y Dios mío, que tu sangre misericordiosa recorra cada parte de mi cuerpo y me ayude a sanarme tanto interiormente como físicamente. Llueve sobre mí porque necesito de Ti, de tu agua fresca para vivir. Te pido que me hagas nacer de nuevo, del agua y del Espíritu. Abre tus cielos y hazme tierra fértil. Que, lleno de Ti, pueda disfrutar de la vida que tienes para mí, que pueda vivir para Ti. Ven, Dios mío, dale agua viva a este corazón que está sediento. Ven, Dios, derrámate ahora sobre este siervo tuyo. Ven, Dios mío, permítele a mi cuerpo sentirse descansado, sentirse relajado y bajo tu protección. Que tu mano pase por mi cabeza y que esta mente sea renovada por Ti, derrámate pasando por mi pecho y este corazón sea sanado por Ti. Que tu lluvia me permita sentirme que estoy en tu presencia, y me permita sentir que Tú, Señor, estás conmigo.
Amén.
Por Alberto Linero Gómez✍
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