Señor mío y Dios mío, antes de dormir, quisiera orar con el salmo 27, 1-4 De David. “Yahveh es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? Yahveh, el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar? Cuando se acercan contra mí los malhechores a devorar mi carne, son ellos, mis adversarios y enemigos, los que tropiezan y sucumben. Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme; aunque estalle una guerra contra mí, estoy seguro en ella. Una cosa he pedido a Yahveh, una cosa estoy buscando: morar en la Casa de Yahveh, todos los días de mi vida, para gustar la dulzura de Yahveh y cuidar de su Templo”. Te entrego, Dios, todo lo que soy y lo que tengo, todo te lo doy porque eres la fortaleza de mi vida, el baluarte donde me pongo a salvo, la roca en la que edifico mi casa con seguridad.
Amén.
Por Alberto Linero Gómez✍
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