Pbro. Felipe de Jesús Colón Padilla (Párroco de la Parroquia Jesús Maestro)

En la mañana de este sábado tres de enero, nos hemos despertado con la noticia de la captura de Nicolás Maduro Moro junto a su esposa Cilia Adela Flores. Era un secreto a voces la intención firme del gobierno estadounidense de capturar a Maduro, presidente ilegítimo de Venezuela, que nunca reconoció su derrota ante Edmundo González Urrutia. Para encontrar apoyo y motivación, el presidente Donald Trump ofrecía la gruesa cifra de 50 millones por su captura. Se le imputan varios cargos, a saber: Narcoterrorismo: Se le acusa de liderar una conspiración para importar cocaína a Estados Unidos y otros países, en alianza con grupos como las FARC, el ELN y el Cartel de Soles. Conspiración para importar cocaína: Se estima que entre 200 y 250 toneladas de cocaína transitaban anualmente por Venezuela hacia EE.UU. bajo su gobierno. Posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos: Se le acusa de usar armamento militar para proteger las rutas del narcotráfico, incluso de usar armas de guerra en apoyo a organizaciones narcoterroristas. Se le acusa de lavar millones de dólares provenientes del narcotráfico a través del sistema financiero internacional y empresas fachada. Violaciones a los derechos humanos, unos diez mil asesinatos (esto es para llorar), cientos de presos políticos, de torturas crueles y sanguinarias a todo aquel que se oponía al régimen dictatorial. Recordamos que la dictadura en Venezuela, ha tenido dos etapas: el chavismo (1998-2013), y el madurismo (2013-2026).
Se puede argumentar, que la intervención militar es una franca violación de la soberanía que goza cada país y, por consiguiente, nunca hay derecho a invadir a un país hermano para capturar a una persona determinada, sino que se solicita al gobierno la extradición, pero este caso, el acusado es precisamente, el presidente ilegítimo Nicolás Maduro. Además, el depuesto presidente nunca admitió los delitos de los que se les acusa, ni cuando estuvo reinando en territorio venezolano ni ante el juez en el Estado de New York. Negar los delitos no nos debe sorprender. Venezuela es un país que posee grandes riquezas naturales, siendo los yacimientos de petróleo, su mayor fuente de ingreso económico. Tiene 28 millones de habitantes, tristemente han emigrado, a raíz de la dictadura, la escandalosa cifra de unos casi ocho millones de venezolanos.
Se espera que la toma de posesión de Delcy Rodríguez, como nueva presidenta de la República Bolivariana de Venezuela, realice la transición del camino difícil, pero no imposible hacia la democracia.
Aprendamos la lección, la dictadura nunca es saludable para un pueblo, es bueno alternar el poder, para que ningún político, llegado al solio presidencial a través del voto, se aferre al poder como si fuese su propiedad.
No es difícil detectar el perfil psicológico de un dictador, suele tener algunos rasgos que incluyen: Narcisismo: Un sentido exagerado de auto-importancia y una necesidad constante de admiración. Egocentrismo: Poca empatía y falta de interés en los sentimientos y necesidades de otros. Autoritarismo: Deseo de controlar y dominar a otros, a menudo mediante la fuerza o la manipulación. Paranoia: Desconfianza excesiva y miedo a ser derrocado o traicionado. Manipulación: Uso de tácticas como la mentira, la propaganda y la coerción para mantener el poder. Impulsividad: Tendencia a actuar sin considerar las consecuencias a largo plazo. Recemos por el hermano pueblo de Venezuela. Que la gracia de Dios les acompañe.
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