Por Leonor María Asilis Elmudesi

Asistí a la cena Pan y Vino en el Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino que apoya la formación de los seminaristas, futuros sacerdotes diocesanos y religiosos de todo el país.
Esta tradicional cena, celebrada por más de 35 años, interrumpida únicamente durante la pandemia, fue posible gracias al respaldo constante de la feligresía.
Con esta nueva edición, el Seminario reafirma su misión de seguir formando pastores al servicio de Dios y del pueblo dominicano, manteniendo viva una tradición que une fe, solidaridad y esperanza.
En verdad el apoyo fue masivo, más de 2.000 personas estuvimos disfrutando de una noche maravillosa que contó con la bendición del Arzobispo Coadjutor de Santo Domingo Monseñor Tomás Morel Diplán. La presencia como oradora principal de la embajadora de los Estados Unidos, Leah Francis Campos con una importante reflexión que resumiré más adelante y la amenización a cargo del Trío Lo Bueno Queda y Niní Cáffaro cuya música limpia y esperanzadora hizo la diferencia.
De todos los momentos de aquella velada del 11 de febrero de 2026, lo que más me impactó fue la valentía y claridad de la embajadora Leah Francis Campos. Tomó el tema central y analizó sin ambages nuestro mundo actual. No tuvo pelos en la lengua al cuestionar cómo la cultura pop, incluyendo la actuación de Bad Bunny en el Super Bowl LX apenas tres días antes, nos empuja a normalizar la vulgaridad, la lujuria, la violencia y la degradación como si fueran “arte”.

Dijo algo indiscutible: si el arte es un regalo de Dios, entonces la música que glorifica el pecado, el odio y la profanidad NO puede venir de Él. Como cristianos, solo lo que promueve la verdad, la belleza, el amor, el sacrificio y la esperanza lleva el Espíritu de Dios y nos da verdadera libertad. Además, aplaudió la generosa decisión de los seminaristas que se entregan al Señor y agradeció a todas las familias presentes por sostener esta obra vocacional. Sus palabras fueron un verdadero llamado profético.
Aunque es preciso apuntalar que la Iglesia nunca ha considerado neutra la música o el entretenimiento. San Juan Pablo II, en su Carta a los Artistas, enseñó que la belleza auténtica eleva el alma hacia Dios. Vemos que el Catecismo (nn. 2523-2527) rechaza los espectáculos que ofenden la modestia y la pureza. Anteriormente Pío XII, en «Miranda Prorsus» denunció el “veneno del materialismo y del hedonismo” en los medios.
Pidamos a Dios que toque el corazón de los artistas para que no hagan canciones con letras explícitas sobre sexo casual, perreo y promiscuidad y que su coreografía no tengan nunca más gestos obscenos que pervierta la mirada de niños y adolescentes que se exponen en la televisión y en las redes sociales. Este tipo de espectáculo lo que hace es sembrar semillas de impureza que luego producirán adicciones, relaciones tóxicas y alejamiento de Dios.
Generación tras generación se seguirá perdiendo si no ponemos un freno a todo ésto cuyos efectos son predecibles: más pornografía, iniciación sexual precoz, confusión de género, divorcios, aborto y familias destruidas.

Es urgente que frenemos las letras que exaltan el sexo sin compromiso, el dinero fácil, la violencia, las drogas y el desprecio a la autoridad. No nos perdamos, vemos la triste realidad de niños de 8 y menos años repetir estrofas repletas de antivalores, adolescentes que confunden amor con placer.
Hago un llamado de forma especial a mis compatriotas (autoridades, pueblo), los dominicanos, de esta bendita tierra primada en la fe del continente americano, un país de profunda devoción mariana, esta cultura erosiona silenciosamente los valores que nos sostuvieron siglos desde nuestra génesis como nación. Los seminaristas que hoy se forman en Santo Tomás de Aquino enfrentarán en sus parroquias a jóvenes cuya conciencia ha sido bombardeada por esta marea. Por eso es urgente apoyar su vocación: necesitamos pastores que prediquen con valentía la belleza de la castidad, la fidelidad y la verdad.
«No os conforméis a este mundo, sino transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto» (Rom 12,2).
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