Wilkin Castillo. San Juan de la Maguana
Estamos en el Vigesimoséptimo Domingo del Tiempo Ordinario, hoy cuatro (4) de Octubre celebramos la memoria de San Francisco de Asís, en estos 800 años de su muerte, Sin dudas San Francisco de Asís un hombre totalmente de Dios y que se dejó tocar por la fuerza del Espíritu Santo, hoy precisamente se encuentra en los altares terrenos y celestiales.
San Francisco nos enseña a amar despojándonos, él se despojó de todo aquello que no le impedía ver a Dios. Un día este hombre andando por el valle a caballo se encuentra con un leproso, en aquel tiempo ser leproso era ser despreciado y rechazado, él bajó del caballo y besó al leproso. Dijo lo que antes me parecía amargo se convirtió en dulzura del alma y del cuerpo.
En el Evangelio encontramos que: En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “Escuchen otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Si nos detenemos nos damos cuenta que el dueño de la viña prácticamente hizo todo, plantó, cercó, cavó, construyó la torre, es decir, los trabajadores lo único que tenían que hacer era cuidarla y entregar el fruto esperado.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Este es el gran error, cuando crees que la viña es tuya matas sin reparo a los mensajeros que te recuerdan que tienes que dar cuenta de todo lo que te han confiado.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ello lo mismo. Este es el retrato de Dios a lo largo de todo el Antiguo Testamento: Profetas golpeados, Isaías apedreado, Jeremías metido en un pozo, Juan Bautista decapitado.
Por último, le mandó a su hijo, diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero, vengan, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Aquí en esta parte hay un elemento teológico profundo e interesante, es el hecho de sacar al Hijo fuera de la viña y matarlo. Precisamente Jesús muere fuera de Jerusalén, fuera de las murallas.
“Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?” Le contestaron: “Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos”. Los primeros labradores no valoraron la viña, mucho menos el dueño, se creían dueños y señores de dicha viña, allí radica el pecado y la maldad de estos viñadores. Y Jesús les dice: “¿No han leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?” Por eso les digo que se les quitará a ustedes el Reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”.
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