AIRE96FM

23/10/2026

Servir para preparar el encuentro con el Jesús

 Por Gegorio Bautista

Hay muchas maneras de encontrarse con Cristo, y una de ellas es en el servicio. Ese servicio que tantas veces se hace en silencio, sin esperar reconocimiento, pero con un amor que puede ayudar a otros a encontrarse con el Señor.

Servir en la Iglesia no es solamente predicar, estar en el altar o asumir una responsabilidad dentro de la comunidad. También es limpiar, ordenar, cuidar cada detalle de la parroquia y procurar que el altar tenga la dignidad que merece. Porque cada persona que entra en el templo llega con una historia, una necesidad o un corazón que busca encontrarse con el Amado.

San Pablo nos recuerda: Hacedlo todo para gloria de Dios (1 Corintios 10,31). Y es ahí donde el servicio adquiere un sentido más profundo: cuando no hacemos las cosas para que los demás nos vean, sino por amor a Dios y para su gloria.

Los detalles también hablan. La belleza, el orden y el cuidado de la casa del Señor pueden ayudarnos a disponer el corazón para ese encuentro. No se trata de que todo sea perfecto, sino de hacer cada cosa con amor, conscientes de que nuestros hermanos vienen a encontrarse con Cristo, presente en la Eucaristía, corazón de nuestra fe.

Cuántos hermanos dedican su tiempo y sus fuerzas para que todo esté preparado. Cuántos sirven sin hacer ruido, movidos por el Espíritu Santo, que les da la fuerza para seguir entregándose. Quizás nunca sabrán cuánto pudo significar para alguien aquel pequeño detalle, aquella celebración preparada con esmero o aquel templo dispuesto para recibirlo.

Jesús nos dejó una enseñanza que ilumina esta entrega: El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí estará también mi servidor (Juan 12,26). Servir no es solamente hacer algo por la Iglesia; es seguir a Cristo, aprender a amar como Él y descubrirlo también en nuestros hermanos.

El Señor nos prepara un lugar. En el Evangelio de san Juan, Jesús dice: Voy a prepararos un lugar (Juan 14,2). También nosotros podemos preparar su casa para recibir a quienes llegan buscando consuelo, esperanza y un encuentro con Él.

Y mientras procuramos que otros se encuentren con Cristo, también nosotros podemos descubrir su presencia en cada tarea, incluso en aquellas que parecen insignificantes.

Porque quizás la mayor recompensa de servir no sea que alguien reconozca lo que hicimos, sino saber que nuestro pequeño esfuerzo ayudó a otro a encontrarse con el Señor.

Al final, hasta lo más sencillo puede convertirse en una ofrenda cuando se hace por amor. Porque en la Iglesia también se sirve limpiando, preparando, ordenando y cuidando cada detalle. Y muchas veces, detrás de ese trabajo que nadie ve, hay un hermano que está haciendo todo lo posible para que otro pueda encontrarse con el Amado.

Comunícate con el autor: bautista.gregorio30@gmail.com

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