AIRE96FM

19/01/2026

Novenario a Nuestra Señora de la Altagracia: Reina y Protectora

Pbro. Felipe de Jesús Colón Padilla (Párroco de la Parroquia Jesús Maestro)

Del 13 al 21 de enero del año en curso, el pueblo dominicano tanto los que viven aquí en suelo dominicano como los que viven en el extranjero celebran el novenario a la madre de Jesús, quien abre su corazón para que sus hijos e hijas expresen sus oraciones, veneración y necesidades. Un siervo de María nunca perecerá.

El Señor nos concede participar cada día, es hermoso poder elevar la mirada de nuestro corazón a María. Ella, siendo Madre, nos evoca la relación con el Hijo; nos remite a Jesús, nos habla de Jesús, nos orienta hacia Jesús.

De ese modo, la Solemnidad de Santa María de la Altagracia, Madre de Dios, nos introduce nuevamente en el misterio de la salvación. Dios se hizo carne en el vientre de una mujer, para comprender y padecer lo que padece un ser humano, será igual a nosotros menos en el pecado. «María es la puerta a través de la cual Cristo entró en el mundo» (S. Ambrosio, Epístola 42, 4: PL VII). Conozcamos un poco sobre la aparición del cuadro de la Virgen de la Altagracia. Se han tejido varias leyendas. Una de ellas es: La imagen de la Altagracia le fue dada por un anciano, de manera casi milagrosa, a un padre para su hija. La imagen desapareció y apareció en un naranjo. La gente interpretó este acontecimiento como un deseo de la Virgen para que la colocara en la ermita parroquial, que en ese entonces allí había, y así se hizo. Hoy desea la Madre de Jesús, ser venerada en el naranjo de cada hogar del pueblo dominicano.

El miércoles 21, el evangelio nos aborda la llamada de Dios a María a través del Arcángel san Gabriel. María está a un paso de ser la legítima esposa de José, y allí irrumpe el Señor. Las reacciones de María nos dan una gran enseñanza y revela la belleza del corazón de María.

El papa Francisco en una homilía, nos habla del asombro de Maria: El ángel la llama «llena de gracia». Si está llena de gracia, significa que la Virgen está vacía de maldad, es sin pecado, Inmaculada. Ahora, ante este saludo María —dice el texto— «se conturbó» (Lc 1,29). No solo está sorprendida, sino también turbada. Recibir grandes elogios, honores y cumplidos a veces tiene el riesgo de despertar el orgullo y la presunción. Recordemos que Jesús no es tierno con los que van en busca del saludo en las plazas, de la adulación, de la visibilidad (cf. Lc 20, 46). María, en cambio, no se enaltece, sino que se turba; en lugar de sentirse halagada, siente asombro. El saludo del ángel le parece más grande que ella. ¿Por qué? Porque se siente pequeña por dentro, y esta pequeñez, esta humildad atrae la mirada de Dios”.

María pregunta cómo sería la concepción, y el Ángel le explica: “El Espíritu Santo, vendrá sobre ti y la fuerza del altísimo te cubrirá con su sombra”, por eso el que va a nacer lo llamaran el “Consagrado”, hijo de Dios. Y para que María no dude del poder de Dios, y pone el ejemplo de su prima Isabel, la que decían que era estéril ya está de seis meses, para Dios no hay nada imposible. Y María entonces dice un sí de inmediato e irrevocable: “he aquí la esclava del Señor, hágase en mi según has dicho”. Que María de la Altagracia nos regale aquello que late en nuestros corazones.

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