SANTO DOMINGO ESTE – Este jueves 2 de abril de 2026, la Catedral de la Diócesis Stella Maris se vistió de solemnidad y regocijo para celebrar la Misa Crismal, una de las liturgias más significativas del año cristiano. Presidida por el Obispo, mons. Manuel Antonio Ruiz de la Rosa, la ceremonia reunió a todo el clero diocesano, religiosos y religiosas y a la comunidad de fieles a las 9:00 A.M., marcando el inicio formal de las celebraciones centrales del Triduo Pascual.

Voces de esperanza en la Semana Santa
La jornada inició con una reflexión del Padre Nicolás Cuello, párroco de San Isidro Labrador y Nuestra Señora de Fátima, quien destacó la importancia de este Jueves Santo como el día en que nace la Eucaristía y el Orden Sacerdotal. «Estamos llamados al servicio y al amor. Invitamos al pueblo a rezar por sus sacerdotes y acompañarlos en este encuentro sincero con el Señor», afirmó el Padre Cuello.
La Homilía: El sacerdocio como un «tesoro invaluable»

Durante la ceremonia, mons. Manuel Ruiz centró su mensaje en la naturaleza del ministerio. Al recordar que «El Espíritu del Señor está sobre mí«, el obispo explicó que la unción transforma la fragilidad humana en fortaleza espiritual.
Monseñor fue enfático al describir el sacerdocio como un tesoro que debe protegerse de la rutina y el desánimo. Advirtió sobre la tristeza como un «síntoma espiritual» y exhortó tanto a los sacerdotes como a los fieles a estar vigilantes.
Un punto clave del mensaje fue la corresponsabilidad de los laicos. Monseñor hizo un llamado a la comunidad para ser «guardianes» de sus pastores: «La comunidad debe acompañar y orar por sus sacerdotes, especialmente si notan signos de falta de alegría o paz». La misión de sanar corazones desgarrados y liberar a los cautivos es, según nuestro pastor, una tarea que el sacerdote solo puede cumplir plenamente cuando se siente sostenido por la oración de su pueblo.
Hacia el Triduo Pascual
La nota espiritual fue complementada por las intervenciones del Padre Eduardo Carrión, quien invitó a contemplar la «cruz gloriosa» el Viernes Santo como camino de redención, y del Padre Germán, quien recordó que todo este camino culmina en la alegría del Domingo de Resurrección, el paso de la muerte a la vida eterna.
Con la bendición de los Santos Óleos y la renovación de las promesas sacerdotales, la Diócesis Stella Maris reafirma su compromiso de ser instrumento de paz, sanación y guía espiritual para todo el pueblo dominicano.
Una Diócesis que crece en fe y servicio

La Diócesis Stella Maris, que abarca una superficie de 588,87 km², se consolida con una estructura pastoral robusta para atender a sus más de 1.2 millones de habitantes. Actualmente, la diócesis cuenta con:
– 64 Parroquias distribuidas en todo el territorio.
– 95 Sacerdotes en total (40 sacerdotes diocesanos y 55 sacerdotes religiosos).
– 39 Diáconos permanentes, quienes, junto a 83 religiosas y 12 seminaristas, conforman el cuerpo vivo de esta Iglesia local.
Homilía de Monseñor Manuel Ruiz para la Misa Crismal en la Diócesis Stella Maris
El Espíritu y la Unción: De la Debilidad a la Misión
La homilía se fundamenta en la premisa de que el sacerdocio no es un logro personal, sino una invasión de la gracia en la fragilidad humana. Al igual que en la profecía de Isaías y en la vida de Jesús, el Espíritu del Señor desciende sobre el ministro.
Esta unción tiene el poder de convertir la debilidad intrínseca del hombre en una fortaleza sobrenatural.
El sacerdote no actúa por cuenta propia; es un instrumento vivo de Cristo, cuya identidad se define por la misión de sanar corazones desgarrados y proclamar la liberación a los cautivos.
El Sacerdocio como Tesoro: «Vasijas de Barro»

Monseñor Ruiz utiliza la metáfora del tesoro para elevar la percepción del ministerio, comparándolo con algo más valioso que el oro o los diamantes. Sin embargo, este don reside en la fragilidad humana, lo que implica una responsabilidad compartida:
- El Sacerdote tiene la responsabilidad primaria de la vigilancia constante de su vida espiritual y de su autocuidado emocional para no descuidar el don recibido.
- La Comunidad posee la misión de sostener este tesoro mediante la oración de intercesión y un acompañamiento cercano y afectuoso.
- El Espíritu Santo actúa como la fuente de la alegría y la paz, señales que validan y mantienen viva la vocación a lo largo del tiempo.
La Vigilancia Espiritual:
Señales de Alerta
Un punto central de la homilía es la antropología del cuidado. Se advierte que el desánimo no es solo un estado de ánimo pasajero, sino un síntoma espiritual que requiere atención inmediata.
Así como el cuerpo manifiesta dolor ante una enfermedad física, el espíritu manifiesta tristeza cuando el «tesoro» está en riesgo. Por ello, se exhorta a los sacerdotes a no aislarse en su debilidad y a buscar ayuda espiritual oportunamente. Del mismo modo, se pide a los fieles desarrollar un «ojo clínico» para detectar la falta de alegría en sus pastores, no con el fin de juzgar, sino para intensificar el apoyo fraterno.
Conclusión y Llamado a la Acción
La Misa Crismal se presenta no solo como una renovación de promesas, sino como un compromiso renovado con la alegría del Evangelio. La vocación es un don inmerecido que requiere compromiso y vigilancia constante para que la rutina no apague el fuego de la unción.
Se invita a la asamblea a reconocer el impacto de los sacramentos en su vida cotidiana, a interceder diariamente por la santidad de sus presbíteros y a vivir la fe con la conciencia de que el sacerdote es el puente que Dios utiliza para devolver la paz a los corazones afligidos.
Oficina de Comunicación y prensa
Diócesis Stella Maris
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