AIRE96FM

06/09/2026

Ángelus: el Papa señala dos maneras de amarnos mutuamente

 León XIV reflexiona sobre el «amor mutuo» durante el Ángelus del XXIII Domingo del Tiempo Ordinario y señala dos formas concretas de amarse los unos a los otros: la corrección fraterna y la capacidad de ponerse de acuerdo.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Este mediodía, el Papa León XIV ha reflexionado sobre el Evangelio del día (Tomado de san Mateo), el cual presenta los conceptos de la «corrección fraterna» y la «oración compartida». Asimismo, lo ha relacionado con la primera lectura, tomada de la Carta de san Pablo a los Romanos, donde se afirma que la única deuda que debemos tener unos con otros es «la del amor mutuo».

Es precisamente en la imagen de «la deuda» en la que León XIV ha centrado su reflexión. El Papa recuerda que «Jesús nos ha enseñado a invocar y a practicar la condonación de las deudas», pero señala que existe también un patrimonio que nos debemos unos a otros: «la deuda del amor mutuo». A partir de ahí, explica que el Evangelio propone dos maneras de vivir este amor en la comunidad cristiana.

La corrección fraterna

La primera es la corrección fraterna, la cual León XIV describe como «un arte delicado y, con demasiada frecuencia, olvidado» que requiere franqueza y gradualidad.

«Hablarse sinceramente —explica el Papa— significa comenzar cara a cara; después, si es necesario, entre dos o tres personas y, finalmente, cuando haga falta, con toda la comunidad». De este modo, afrontar los problemas y los conflictos permite transformarlos en «pasajes de crecimiento». Frente a esto, León XIV advierte que la queja y la maledicencia son vías más fáciles, pero «no aportan nada» y paralizan las situaciones. «El Evangelio —afirma— educa, en cambio, en la libertad y en la caridad».

Ponerse de acuerdo

La segunda forma de vivir el amor mutuo es ponerse de acuerdo. León XIV subraya que Jesús traslada esta actitud también a la oración: «No solamente cuando existe un conflicto, sino también para pedir juntos algún don a Dios». El Papa recuerda, además, las palabras de Jesús: «Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, mi Padre que está en los cielos se la concederá».

Por último, el Pontífice recuerda que gracias a la oración podemos crecer unidos, ya que sin fe —señala— cada uno podría sentirse solo y sospechar de los demás, viéndolos «como extraños y enemigos». Sin embargo, por gracia, «somos hermanos y hermanas que pueden ponerse de acuerdo, encontrándose, perdonándose y escuchándose en el Señor».

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05/09/2026

¿Dónde quedó la ética? El peligro de una sociedad que vende su conciencia

Por: Yeuris Solano | Especial para Aire 96 FM

Existen sociedades que no se destruyen únicamente por las guerras, las crisis económicas o las catástrofes naturales. Algunas comienzan a desmoronarse de una manera mucho más silenciosa y peligrosa: cuando sus ciudadanos aprenden a convivir habitualmente con la falta de ética.

Y quizás esa sea la interrogante más incómoda que debamos plantearnos en la República Dominicana de hoy: ¿Dónde quedó la ética?

¿En qué momento dejamos de sentir indignación ante la mentira? ¿Cuándo comenzamos a justificar la corrupción dependiendo de quién la cometa? ¿En qué instante el interés personal comenzó a valer más que la verdad, la dignidad humana y el bien común?

Vivimos en una sociedad que habla constantemente de valores, pero que a menudo los negocia. Criticamos la corrupción del adversario y justificamos la del amigo. Denunciamos el abuso cuando nos perjudica, pero guardamos silencio cuando favorece a nuestro grupo. Exigimos honestidad a la clase política mientras estamos dispuestos a empeñar la conciencia por una promesa, un favor o una conveniencia temporal.

Cabe preguntarse entonces: ¿tenemos realmente una crisis política o enfrentamos, ante todo, una profunda crisis moral?

La popular serie El juego del calamar ofrece una de las alegorías más crudas sobre la condición humana contemporánea: personas desesperadas compiten en una dinámica letal, conocen las reglas, ven caer a sus pares y descubren la crueldad del sistema. Sin embargo, aun con la opción de retirarse, deciden regresar.

La ambición y la promesa de dinero terminan pesando más que el valor de la propia vida.

En la dinámica sociopolítica dominicana ocurre un fenómeno similar. Jugamos cuando respaldamos a figuras públicas sin examinar sus principios. Jugamos cuando otorgamos poder a quienes carecen de solidez moral. Jugamos cuando, conscientes de los errores y sus consecuencias, decidimos cerrar los ojos con la esperanza de recibir una renta personal.

La diferencia radica en que, en la ficción, los participantes arriesgan su propia vida; en la política real, una sociedad arriesga el futuro de toda una nación.

Cada proceso electoral debería constituir un acto de alta responsabilidad nacional. Sin embargo, la contienda tiende a reducirse a un concurso de popularidad marcado por la simpatía, el fanatismo, la promesa clientelar o el interés particular. Rara vez el debate se detiene en preguntas esenciales:

  • ¿Quién es la persona cuando no está bajo los reflectores?
  • ¿Qué valores rigen sus decisiones?
  • ¿Qué ha demostrado con sus actos previos?
  • ¿Busca servir a la colectividad o servirse del poder?

El discurso político es maleable. Se puede predicar honestidad y actuar con corrupción, hablar de familia y destruirla, o invocar principios religiosos para instrumentalizarlos con fines proselitistas. La sociedad que elige movida únicamente por emociones o conveniencias termina gobernada por quienes manejan con mayor destreza el espectáculo y los intereses corporativos. La política no es un ente aislado: es el reflejo moral de la ciudadanía que la valida.

El sectarismo político destruye la ética de forma paulatina. Si el adversario roba, se califica de corrupción; si lo hace un aliado, se busca una atenuante. Si el rival miente, es un escándalo; si lo hace el líder propio, se presume una estrategia razonable.

La crítica moral no puede depender del color de una bandera partidaria. La corrupción, la mentira y el abuso de poder no cambian de naturaleza según la filiación de quien los ejecute.

"Tener autoridad legal no significa poseer autoridad moral; ganar elecciones no convierte automáticamente a nadie en una persona ética."

Desde la filosofía y la ética con perspectiva cristiana, el poder cobra sentido únicamente como vocación de servicio, no como propiedad ni herramienta de dominación. Cuando el poder se orienta a satisfacer ambiciones personales, deja de velar por la sociedad y pasa a instrumentalizarla.

Es sencillo enfocar la responsabilidad exclusivamente en el Palacio Nacional, el Congreso o las instituciones públicas. Sin embargo, el análisis exige una introspección ciudadana:

  • ¿Qué hacemos cuando se nos ofrece un favor a cambio de la conciencia?
  • ¿Cómo reaccionamos ante una injusticia cometida por alguien cercano?
  • ¿Mantenemos la integridad cuando la verdad perjudica los intereses propios?

La República Dominicana no requiere ciudadanos ni gobernantes perfectos, pero sí una comunidad que no renuncie a sus principios. Una nación puede superar crisis económicas y malas administraciones, pero difícilmente sobrevive al desmantelamiento de su conciencia moral.

La democracia otorga el derecho de elegir, pero la ética impone el deber de elegir con criterio. No todo lo que conviene es correcto, ni todo lo popular es justo.

La transformación del país no inicia únicamente en las esferas del poder, sino en la conducta individual de cada ciudadano. Recuperar la conciencia moral implica dejar de justificar lo indefendible y exigir valores innegociables a quienes aspiran a dirigir los destinos de la nación. La pregunta sigue abierta: ¿dónde quedó la ética? La respuesta definirá el rumbo colectivo de nuestro país.

Yeuris Mael Solano Rosario.  Escríbele al autor: yeurismael.cme@gmail.com
Licenciado en Filosofía y Teología

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Pastoral Familia y Vida de Stella Maris fortalece su estructura y prepara gran actividad diocesana

 Por Aire96fm

La comisión diocesana sostuvo un encuentro extraordinario para coordinar la actividad “Un Paso por mi Familia” y fortalecer el trabajo pastoral en las distintas zonas y parroquias

Santo Domingo Este.– La Comisión Diocesana de Pastoral Familia y Vida (PFV) de la Diócesis Stella Maris sostuvo este viernes 4 de septiembre un encuentro extraordinario en uno de los salones de la Catedral Stella Maris, con el propósito de fortalecer la acción pastoral en favor de las familias y avanzar en la planificación de importantes iniciativas diocesanas.

El encuentro estuvo encabezado por el Rev. P. Eduardo Carrión, Vicario de Pastoral, y el Rev. Diácono Juan Durán, encargado de la Pastoral Familia y Vida de la diócesis, quienes estuvieron acompañados por el matrimonio coordinador, Ambiorix Pérez y Cindy Vidal; la secretaria, Deyaniris Arias, así como por los matrimonios coordinadores zonales que integran la comisión.

También fueron incorporados al encuentro diversos líderes de movimientos y grupos que desarrollan una importante labor pastoral con las familias dentro de la Diócesis Stella Maris, entre ellos el Movimiento Familiar Cristiano, Dinámica de Parejas y Matrimonio Feliz, con el objetivo de promover una mayor articulación y colaboración entre las distintas iniciativas de acompañamiento familiar.

Uno de los principales temas abordados fue la planificación de la gran actividad diocesana “Un Paso por mi Familia”, que se celebrará en las inmediaciones del Faro a Colón y el Parque del Este, el próximo 22 de noviembre.

La iniciativa busca reunir a las familias de la diócesis en un espacio de encuentro, oración, convivencia y reflexión, reafirmando el compromiso de la Iglesia con el acompañamiento y fortalecimiento de la familia como núcleo fundamental de la sociedad y espacio privilegiado para la transmisión de la fe.

Como segundo objetivo, la comisión trabajó en la integración y fortalecimiento de las estructuras zonales, parroquiales y comunitarias de la Pastoral Familia y Vida, procurando que el trabajo pastoral llegue de manera más organizada y efectiva a las diferentes comunidades de la diócesis.

Para alcanzar este propósito se acordó programar visitas a las distintas zonas pastorales y parroquias, contando con el conocimiento, acompañamiento e integración de los arciprestes, párrocos, vicarios y administradores parroquiales.

Estas acciones buscan consolidar una pastoral familiar cada vez más participativa, articulada y cercana a las realidades de las familias, promoviendo la unidad entre los diferentes movimientos, grupos y agentes pastorales que trabajan en favor de la familia y la vida.

El encuentro concluyó con la oración a Stella Maris, seguida de la bendición impartida por el Vicario de Pastoral, P. Eduardo Carrión, y un compartir fraterno entre los participantes.

La Diócesis Stella Maris, a través de la Pastoral Familia y Vida, reafirma así su compromiso de caminar junto a las familias, fortaleciendo los espacios de comunión, acompañamiento y evangelización, y promoviendo una cultura que valore, proteja y dignifique la vida y la familia.

Dirección de Comunicación y Prensa

Diócesis Stella Maris

prensa.diocesisstellamaris@gmail.com

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04/09/2026

Septiembre, mes de la Biblia

Por Leonor María Asilis Elmúdesi

Llega septiembre y, con él, una invitación especial que la Iglesia nos hace cada año: dedicar este mes a la Sagradas Escrituras.

 A septiembre le llamamos el mes de la Biblia y no es por casualidad. La razón es que el 30 de septiembre la Iglesia celebra la fiesta de San Jerónimo, el gran traductor de la Biblia al latín.

Y es que tenemos que concientizarnos cada vez más de que la Biblia no es un libro más. Es el libro de los libros.  Es la Palabra viva de Dios que nos habla hoy. A veces nos intimida porque tenemos la percepción de que sólo es para los sacerdotes y teólogos. Y si bien es cierto que sobretodo es para ellos, cuya misión es ayudar al pueblo de Dios en la comprensión de la misma, este sagrado libro está escrito para nosotros, para nuestra vida diaria, para nuestras alegrías y nuestras dificultades. 

Este mes es una oportunidad preciosa para acercarnos aún más a la Biblia, para leerla, meditarla y dejar con el auxilio del Espíritu Santo que nos transforme y sobretodo nos guíe.

Y es que la lectura de las Sagradas Escrituras nos acerca a Dios. A través de sus páginas escuchamos su voz.  Dios camina con nosotros, nos consuela, nos corrige con amor y nos anima a seguir adelante. Esta cercanía nos da una paz que el mundo no puede dar y nos llena de optimismo y vitalidad, porque solo Él nos da vida, y no vida simplemente, sino, vida eterna.

La Biblia se podřía decir que es nuestra brújula de vida. Como recientemente mencioné, si al leerla no como un libro más, sino orando antes e invocando al Espíritu Santo, se nos señañará los mandamientos de la Ley de Dios, los profetas en el Antiguo Testamento, los Salmos, los evangelistas con las parábolas de Jesús, sus santas palabras, las cartas de san Pablo etc… todo nos ayuda a discernir lo que es bueno y lo que no lo es. Nos enseña a perdonar, a ser justos, a evangelizar, a servir a  los demás y a confiar en la providencia de Dios. Además, nos fortalece en la fe. Al leer la Biblia vamos conociendo mejor a Jesucristo nuestro Señor y Salvador. Lo mejor de todo es que cuanto más lo conocemos, más lo amamos. Y cuanto más lo amamos, más deseamos seguirlo. 

Muchas personas quieren leer la Biblia, pero se abruman, no saben por dónde comenzar. Es normal sentirse así, pero no le temamos.

Empecemos por los Evangelios. Mateo, Marcos, Lucas y Juan que se centran en la vida de Jesús. Diría que son el corazón de la Escritura. Una humilde propuesta es leer un capítulo al día, o incluso un pasaje más corto. Lo importante no es la cantidad, sino la calidad: leer despacio, meditar y dejar que las palabras nos penetren al alma.

Otra buena forma es seguir el calendario litúrgico. Cada día la Iglesia propone lecturas de la misa. Leerlas en casa, antes o después de ir a la eucaristía nos ayuda a profundizar más en ella.

Otro tip es unirse a curso bíblicos que ofrece nuestra Iglesia Católica (Investigar en sus parroquias).

Por último, no olvidar una oración sencilla: “Señor, abre mi mente y mi corazón para entender tu Palabra” y después de leerla, preguntarnos: ¿Qué me dice Dios hoy? ¿Qué puedo aplicar en mi vida?

La Iglesia siempre ha valorado la Sagrada Escritura. El Concilio Vaticano II, en la constitución “Dei Verbum” nos recuerda que la Biblia es “alimento del alma” y “fuente pura y perenne de la vida espiritual”. Los pontífices han insistido una y otra vez en la importancia de leerla. San Juan Pablo II, Benedicto XVI, el papa Francisco y ahora el Papa León XIV han invitado a todos los fieles a acercarse a la Escritura con frecuencia.

San Jerónimo decía: “Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo”. Estas palabras siguen siendo actuales. Cuanto más conocemos la Biblia, más conocemos a Jesús. Y conocerlo es el mayor regalo que podemos recibir.

A modo de animarles a leer las Sagradas Escrituras investigué algunas palabras que utilizaron algunos padres y doctores de la Iglesia y éstas son las que más me gustaron:

San Juan Crisóstomo (c. 349-407), Padre y Doctor de la Iglesia

“Esto es lo que ha arruinado todo: el pensar que la lectura de las Escrituras es solo para los monjes, cuando vosotros la necesitáis más que ellos. Los que están en el mundo y reciben heridas cada día tienen más necesidad de la medicina. […] Cosas así las inventó el demonio.» (Homilía 2 sobre Mateo).

También dijo:

– “Esta es la causa de todos los males: el no conocer las Escrituras. Vamos a la batalla sin armas, ¿y cómo vamos a salir ilesos?” (Homilía 9 sobre Colosenses).

San Agustín de Hipona (354-430), Padre y Doctor de la Iglesia se refirio al tema asi:

– “El hombre habla tanto más o menos sabiamente cuanto más o menos avanza en las santas Escrituras. No digo en leerlas mucho y aprenderlas de memoria, sino en entenderlas bien e indagar diligentemente sus sentidos.” (De doctrina christiana).

 San Isidoro de Sevilla (c. 560-636), Padre y Doctor de la Iglesia aclara:

– “La oración nos purifica, la lectura nos instruye… Si un hombre quiere estar siempre en compañía de Dios, debe orar regularmente y leer regularmente. Cuando oramos, hablamos a Dios; cuando leemos, Dios nos habla.”

– San Bernardo de Claraval (1090-1153), Doctor de la Iglesia: “La persona que tiene sed de Dios estudia y medita ansiosamente la Palabra inspirada, sabiendo que allí encontrará con certeza a Aquel a quien busca.” (Comentario al Cantar de los Cantares).

Que este septiembre pueda marcar una diferencia en nuestras vidas al aceptar esta invitación concreta y accesible a todos. Dios quiere hablarnos y acompañarnos para darnos su luz y su fuerza. Cada página es una oportunidad de encuentro.  Que sea un tiempo de gracia. Que la lectura de las Sagradas Escrituras nos acerque más a Jesús, nos ayude en las dificultades y nos renueve en el amor de Dios. 

Para terminar estas líneas y a modo de testimonio les confieso que cuando tenía 20 años (ha llovido mucho desde entonces) sentía vergüenza por no estar segura de haber leído la Biblia entera y decidí leerla página por página desde la página 1, aunque no incluyera la Apocalipsis por no sentirme capaz de entenderle (sabia decisión). 

Créanme que fue una experiencia inolvidable. 

Desde que terminé, la sigo leyendo de forma diaria

 según el parámetro que nuestra Iglesia nos propone con la lectura del día y que completo su comprensión en la Eucaristía diaria escuchando la homilía de nuestros sacerdotes. 

¡Atrevámonos a leerla!

La Biblia nos espera y Dios nos espera en ella.

¡Bendiciones!

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El divorcio en la República Dominicana: una herida silenciosa que interpela a la sociedad

 CRÓNICA DE FE

dvasquezmorales@gmail.com

Hablar del divorcio en la República Dominicana es hablar de uno de los fenómenos sociales que más ha transformado la vida familiar en las últimas décadas. Detrás de cada acta de divorcio hay una historia de amor que no logró consolidarse, hijos que deben adaptarse a una nueva realidad, familias divididas y una sociedad que poco a poco ha ido normalizando la ruptura matrimonial.

Los datos oficiales muestran una realidad que merece una profunda reflexión. De acuerdo con el Anuario de Estadísticas Vitales 2025 de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), durante ese año se registraron 40,750 matrimonios y 24,711 divorcios. En otras palabras, por cada cien matrimonios celebrados hubo aproximadamente 61 divorcios, una proporción que evidencia la fragilidad de muchas uniones conyugales en el país. Aunque los divorcios disminuyeron un 6.29 % con respecto al año anterior, también descendió el número de matrimonios, lo que revela un cambio en la manera como los dominicanos conciben el compromiso matrimonial.

Según ONE, en la República Dominicana se celebraron 3,003 matrimonios canónicos (católicos) durante el año 2025. Esta cifra representa el 7.37 % del total de 40,750 matrimonios registrados en el país ese año.

Según nuestra investigación.  La distribución de los matrimonios en 2025 fue la siguiente:

  • Matrimonios civiles: 35,646 (87.45 %).
  • Matrimonios canónicos (Iglesia Católica): 3,003 (7.37 %).
  • Matrimonios de otras denominaciones religiosas: 2,101 (5.19 %)

Este dato refleja una tendencia que merece reflexión desde la pastoral. Aunque el matrimonio sacramental sigue teniendo un lugar importante en la vida de la Iglesia, en la actualidad menos de uno de cada diez matrimonios celebrados en la República Dominicana se realiza en la Iglesia (que es una, santa católica y apóstolica). Además, el número total de matrimonios continúa disminuyendo y la edad promedio al contraer matrimonio ha aumentado en la última década

Esta realidad no puede analizarse únicamente desde una perspectiva legal. El divorcio es el reflejo de transformaciones profundas en la cultura dominicana. Vivimos en una sociedad donde el individualismo ha ganado terreno sobre el compromiso permanente, donde la inmediatez suele imponerse sobre la paciencia y donde la búsqueda de la satisfacción personal muchas veces prevalece sobre el sacrificio que exige toda vida matrimonial.

No obstante, sería un error reducir el fenómeno a una simple “crisis de valores”. Las causas del divorcio son múltiples y complejas. Entre ellas se encuentran la violencia intrafamiliar, las infidelidades, las dificultades económicas, la inmadurez afectiva, las adicciones, la falta de comunicación, la migración, las largas jornadas laborales y, en muchos casos, la ausencia de una adecuada preparación para el matrimonio.

La cultura dominicana también ha experimentado cambios importantes en la estructura familiar. Cada vez son más frecuentes las uniones libres, las familias reconstituidas y los hogares monoparentales. Muchos jóvenes crecen sin referentes estables de vida matrimonial, lo que dificulta la construcción de relaciones duraderas. Paradójicamente, mientras disminuye el número de matrimonios, aumenta el deseo de encontrar relaciones afectivas estables; sin embargo, el miedo al compromiso y el temor al fracaso llevan a muchas parejas a evitar el matrimonio.

El impacto del divorcio trasciende a la pareja. Numerosos estudios internacionales muestran que las separaciones conflictivas pueden afectar el bienestar emocional de los hijos, su rendimiento escolar, su estabilidad psicológica y su manera de comprender las relaciones humanas. Aunque muchas parejas logran ejercer una coparentalidad responsable, otras convierten a los hijos en víctimas de disputas prolongadas que dejan heridas difíciles de sanar.

Frente a esta realidad, la Iglesia Católica continúa proponiendo una visión del matrimonio basada en el amor fiel, fecundo e indisoluble. No se trata de ignorar el sufrimiento de quienes atraviesan una ruptura, sino de recordar que el matrimonio no puede reducirse a un contrato revocable según las circunstancias, sino que constituye una alianza de vida y amor que requiere madurez, formación, acompañamiento y una profunda vida espiritual.

La respuesta al aumento de las rupturas no consiste únicamente en fortalecer las leyes. Se necesitan políticas públicas que apoyen a la familia, programas de educación afectiva y emocional, una mejor preparación prematrimonial, acompañamiento a los matrimonios jóvenes, atención psicológica accesible y espacios donde las parejas puedan aprender a resolver sus conflictos antes de que se conviertan en motivos de separación.

El desafío es enorme, pero no imposible. La familia continúa siendo la primera escuela de humanidad, el lugar donde se aprende a amar, a perdonar y a convivir. Cuando una familia se fortalece, también se fortalece la sociedad.

Quizá la pregunta que debemos hacernos no sea únicamente por qué aumentan los divorcios, sino qué estamos haciendo como sociedad para preparar mejor a nuestros jóvenes para el amor, el compromiso y la fidelidad. Porque el futuro de la República Dominicana no depende solo de su economía o de su desarrollo tecnológico; depende, en gran medida, de la solidez de sus familias.

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