AIRE96FM

06/06/2026

Sagrados Corazones de Jesús y María

 Por Leonor María Asilis Elmudesi

Estamos en el mes de junio, un tiempo especial en el que el cielo parece inclinarse un poco más hacia la tierra.

Dos grandes fiestas se unen con ternura: el viernes 12 celebramos el Sagrado Corazón de Jesús y el sábado 13 el Sagrado Corazón de María.

 Dos corazones que nunca van separados, porque el de María siempre descansa y late en armonía con el de su Hijo.

No nos detendremos en la historia de estas devociones. Preferimos simplemente acercarnos, con el corazón abierto y en silencio, a la belleza exquisita de estos dos Corazones que tanto nos aman.

Hace más de tres siglos, Cristo se le apareció a Santa Margarita María de Alacoque y le transmitió una serie de revelaciones, entre ellas las 12 promesas que iba a conceder a los que se consagraran a su Sagrado Corazón.

Santa Margarita de Alacoque relató que ella estaba rezando delante del Santísimo Sacramento, cuando por primera vez el Señor le comunicó “los secretos inexplicables de su Corazón Sagrado”.

Luego, en una segunda revelación, la santa contó que Jesús le comunicó “el ardiente deseo que tenía de ser amado por los hombres y apartarlos del camino de la perdición, en el que los precipita Satanás en gran número”, y empezó a compartirle las 12 promesas que haría a sus devotos.

Santa Margarita explicó que Cristo quería que le manifestara “su Corazón a los hombres, con todos los tesoros de amor, de misericordia, de gracias, de santificación y de salvación que contiene”, para que quienes le rindan amor, honor y gloria “queden enriquecidos abundante y profusamente con los divinos tesoros del Corazón de Dios”.

A continuación, compartimos las 12 promesas del Sagrado Corazón de Jesús:

1. A las almas consagradas a mi Corazón, les daré las gracias necesarias para su estado.

2. Daré la paz a las familias.

3. Las consolaré en todas sus aflicciones.

4. Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, y principalmente en la hora de la muerte.

5. Derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas.

6. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia.

7. Las almas tibias se harán fervorosas.

8. Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección.

9. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón esté expuesta y sea honrada.

10. Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones empedernidos.

11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él.

12. A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final.

Imposible medir su inmensidad. Nuestra pobre humanidad se queda corta ante tanta profundidad. Pero sí podemos conocerlo por sus obras, por todo lo que hizo y sigue haciendo por nosotros.

Jesús vino a restaurarnos. Dio su vida hasta morir en la cruz por nosotros, para expiar nuestros pecados y reconciliarnos con el Padre. Levantó lo que estaba caído. Tomó nuestra condición herida y, sobre ella, construyó un camino nuevo: el camino del amor. Con su vida nos regaló esperanza verdadera, nos enseñó el perdón que libera, la solidaridad que une, la sinceridad que limpia y la humildad que engrandece.

Lo más hermoso es que su Corazón no es una imagen lejana. Es un Corazón que late, vivo, real, palpitante. Un Corazón que nos espera. Que desea que nos acerquemos, que apoyemos nuestra cabeza cansada sobre Él y dejemos que nos reconforte. Ahí, junto a su pecho, recibimos el amor más grande que existe: un amor que no nos reprocha, que nos acoge tal como somos y nos transforma con suavidad con su divino amor.

Junto a Jesús, late el Corazón de su Madre. Un corazón lleno de delicadeza y fuerza al mismo tiempo. No nos perdamos, por Ella y su sí tenemos a Jesús. María vivió y vive atenta a cada deseo de Jesús. Todo su ser está orientado a complacerlo y a señalarnos el camino hacia Él.

Recordemos sus palabras en las bodas de Caná, tan breves y tan profundas: 

«Haced lo que Él os diga».

Ahí está la clave de nuestra felicidad. Escuchar al Corazón de Jesús. Discernir con serenidad cuál es su plan para nosotros en cada momento. Ante cualquier duda o dificultad, una pregunta sencilla puede iluminarlo todo: 

¿Qué haría Jesús en mi lugar?

El Corazón de María no descansa. Aun ahora intercede por cada uno de nosotros. Ruega por nuestra conversión, por nuestro regreso, porque nos atrevamos a acercarnos sin miedo al Corazón de su Hijo.

No hace falta grandes esfuerzos ni palabras complicadas. Basta con contemplar estos dos Corazones unidos. Mirarlos con amor y dejar que ellos nos miren a nosotros.

Al contemplarlos, algo dulce sucede en el alma: quedamos saciados de su amor y su misericordia. Nos sentimos comprendidos, acompañados y llamados a imitarlos.

Abramos nuestros corazones, para poder sentir el gran amor de estos dos Corazones. 

Y que, al sentir su latido cerca del nuestro, 

aprendamos también nosotros a amar.»

En este mes de junio, que nuestros días estén marcados por esta dulce cercanía. Que el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean nuestro refugio, nuestra escuela y nuestra esperanza.

Que sus dos Corazones, tan unidos, nos unan también a nosotros con Dios y entre nosotros. Amén.

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El Papa en España: La cultura del encuentro genera estabilidad y prosperidad

Este sábado, 6 de junio, en el contexto de su viaje apostólico a España, el 4º de su pontificado, en su primer discurso en Madrid ante las autoridades, los representantes de la sociedad civil y el cuerpo diplomático, celebrado en el Palacio Real de la capital, el Papa destacó las raíces cristianas del país, el legado de Teresa de Ávila, Juan de la Cruz e Ignacio de Loyola, e invitó a apostar por el diálogo y a abandonar las divisiones y la polarización.

Lorena Pacho. Fuente: vaticannews.va/es/

El Papa León XIV lanzó este sábado en su primer discurso en suelo español un llamamiento a la reconciliación, al diálogo y a la superación de las divisiones y la polarización. Y defendió que “no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad” para los pueblos. “El mensaje de paz que, en estos tiempos, por desgracia, resuena para algunos como ingenuo y para otros como provocador, encuentra acogida en quienes no se encierran en ideologías prefabricadas, sino que se abren a la verdad”, destacó el Pontífice.

En un exhaustivo discurso marcado por referencias a la historia, la espiritualidad y la cultura españolas, el Pontífice subrayó que cada una de las etapas de su viaje — Madrid, Barcelona y Canarias — permite descubrir “algún aspecto de la riqueza multifacética de un gran país que, desde hace casi dos milenios, ha acogido la Palabra del Evangelio”.

La fe cristiana como fuente de esperanza para los desafíos contemporáneos

León XIV destacó que la fe cristiana ha contribuido de manera decisiva a modelar la cultura española y sigue siendo una fuente de esperanza para afrontar los desafíos contemporáneos. En esta línea, elogió las manifestaciones de religiosidad popular, las cofradías, las asociaciones caritativas y el rico patrimonio artístico y musical que testimonian “el fecundo encuentro entre Jesucristo y vuestro pueblo”. “¡Es un pueblo lleno de pasión, que ama la vida y lo manifiesta!”, apuntó el Papa.

Contra las narrativas divisivas y polarizantes

Uno de los ejes centrales de su primera intervención pública en España fue la preocupación por la creciente polarización social y política que afecta a numerosas sociedades occidentales. El Papa invitó a abandonar “las narrativas divisivas y polarizantes” para pasar “de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad”.

León XIV también quiso detenerse en el papel de Europa, donde España es un actor “original y fundamental”. El Pontífice sostuvo que el Viejo Continente puede ofrecer al mundo el ejemplo de una sociedad capaz de valorar la complejidad sin caer en simplificaciones ni enfrentamientos identitarios. A su juicio, la verdadera juventud de Europa radica en mantener viva la conciencia de tener una misión y un futuro que aportar, aprendiendo a convivir con la diversidad y rechazando aquellas visiones que convierten las diferencias en fuentes de división y enemistad. “Apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y a vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos: he aquí la tarea de quien tiene una gran historia a sus espaldas”, subrayó el Pontífice.

Fortalecer la formación, la investigación, las comunidades locales y la sociedad civil

El Papa alertó de que la tentación de buscar popularidad “avivando el fuego de las polarizaciones” continúa creciendo, mientras que la dignidad humana sigue siendo vulnerada. Por ello, reclamó una mayor apuesta por “la cultura, la educación libre y de calidad, la interioridad y la trascendencia”.

León XIV advirtió además de los riesgos que plantean las nuevas tecnologías cuando favorecen la difusión de prejuicios, debilitan el pensamiento crítico y alimentan dinámicas de confrontación. Frente a ello, pidió fortalecer la formación, la investigación, las comunidades locales y la sociedad civil como espacios de participación y mediación cultural. “Es necesario, sobre todo por parte de quienes tienen responsabilidades económicas, políticas e institucionales, dar un salto cualitativo, un cambio de rumbo en las inversiones destinadas a la escuela, la universidad y la investigación, a las comunidades locales y a la sociedad civil como semillero de participación y mediación cultural” apuntó el Papa. Y agregó: “La seguridad, que con demasiada frecuencia nos ilusionamos que provenga de las armas y los muros, madura más bien al aprender a avanzar junto al otro, a crecer juntos, codo con codo”.

La mística española como respuesta a la crisis contemporánea

León XIV dedicó también una parte significativa de su discurso a recordar las figuras de san Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús, a quienes presentó como maestros especialmente valiosos para el momento actual. Del místico carmelita destacó su reflexión sobre la “noche oscura”, entendida no como derrota sino como un tiempo de purificación y crecimiento, como “el tiempo en que el alma se libera de lo que presumía de conocer y poseer”. Según explicó, una sociedad marcada por la incertidumbre necesita hombres y mujeres capaces de descubrir la luz incluso en medio de la oscuridad.  “Nuestra época, que en apariencia se ve sacudida por terribles desequilibrios y conflictos, clama en lo más profundo por la paz, por un nuevo conocimiento de la persona humana y de su dignidad inviolable, por la civilización del amor”, destacó el Papa.

También evocó la imagen del “castillo interior” de santa Teresa de Ávila para recordar que el camino hacia el corazón de cada persona no conduce al aislamiento, sino a una apertura más profunda a Dios y a los demás. Desde esa perspectiva defendió la importancia de proteger “la libertad religiosa y de conciencia”.

Una Iglesia al servicio de la reconciliación

El Papa remarcó que la Iglesia católica “está al servicio de esta sed del corazón humano”. No de forma impositiva, “sino con el testimonio evangélico respaldado por una multitud de mártires y santos, y hoy está dispuesta a ponerse al servicio del futuro de un pueblo que busca la reconciliación y la paz”.

A este respecto, el Pontífice recordó episodios históricos de convivencia y diálogo entre culturas y religiones en España, como la labor desarrollada en la Escuela de Traductores de Toledo bajo Alfonso X el Sabio, donde cristianos, musulmanes y judíos colaboraron en la transmisión del conocimiento.

Para León XIV, esa experiencia demuestra que la historia de España ofrece ejemplos valiosos de encuentro entre diferentes tradiciones y constituye una inspiración para afrontar los desafíos actuales. “Evitemos las palabras que humillan o enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos. No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles. Más bien, indiquemos criterios de discernimiento —la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común, la paz— y traduzcámoslos en prácticas: planificación responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz”, apuntó el Papa.

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05/06/2026

Miles de Stella Maris claman por la paz en la Histórica Primera Celebración de Corpus Christi en la Diócesis

 

  • Bajo el lema “Este es mi cuerpo, que se entrega por ustedes” (Lc 22,19), la feligresía de las 64 parroquias se unió en una masiva manifestación de fe presidida por Monseñor Manuel Antonio Ruiz de la Rosa.
  • Durante una emotiva homilía, el Obispo elevó una firme petición por la paz y el cese de la violencia en comunidades como Boca Chica, San Luis, Los Minas, Villa Duarte, Guerra, Valiente y Catanga.

SANTO DOMINGO ESTE, R.D. – En un acontecimiento sin precedentes que marcó un hito de comunión eclesial, la Diócesis Stella Maris celebró por primera vez en su historia la Solemnidad de Corpus Christi con una gran concentración diocesana que reunió a fieles de todas sus parroquias. El magno evento, celebrado el jueves 4 de junio, congregó a más de cinco mil personas que participaron en una multitudinaria procesión y en la posterior Adoración y Celebración Eucarística.

La jornada de fe y fraternidad estuvo presidida por el obispo de la diócesis, Monseñor Manuel Antonio Ruiz de la Rosa, y concelebrada por sacerdotes y diáconos de las 64 parroquias que integran esta Iglesia particular. Cada zona pastoral participó con gran entusiasmo, identificándose con colores previamente asignados que aportaron dinamismo y alegría al recorrido.

La actividad inició a las 3:00 de la tarde con una procesión que partió desde la Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria, en la urbanización Prado Oriental. A pesar de las altas temperaturas, miles de fieles caminaron con espíritu de recogimiento y devoción acompañando al Santísimo Sacramento.

El recorrido culminó en el Hipódromo V Centenario, donde se celebró la Solemne Eucaristía y un profundo momento de Adoración Eucarística, transmitido en vivo para fieles dentro y fuera del país.

Al iniciar su homilía, Monseñor Manuel Antonio Ruiz agradeció la presencia de las autoridades civiles y militares que acompañaron la celebración. Posteriormente, destacó la grandeza de la solemnidad de Corpus Christi al recordar que Jesucristo permanece para siempre con su pueblo en el Sacramento de la Eucaristía.

«Hoy es un día grande porque Jesucristo lo ha hecho grande. Él quiso quedarse para siempre con nosotros y lo hizo de una manera única y especial en la Eucaristía», expresó.

El Obispo enfatizó que, aunque los sentidos perciban pan y vino, es la fe la que permite reconocer la presencia real de Cristo, Pan Vivo bajado del cielo. Mediante ejemplos sencillos de la vida cotidiana, invitó a los fieles a confiar en la palabra del Señor más allá de la comprensión humana.

«Muchas veces las personas aceptan y utilizan realidades cuyo funcionamiento desconocen por completo. Por eso también estamos llamados a confiar en la palabra de Cristo cuando afirma: “Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre”, señaló.

Uno de los momentos más significativos de la homilía fue su llamado a la oración por la paz ante la realidad de violencia que afecta a diversas comunidades del territorio diocesano. Monseñor Ruiz exhortó a los fieles a acudir con mayor frecuencia ante el Santísimo Sacramento para implorar la conversión de los corazones y la reconciliación social.

«Tenemos que pedirle al Señor que su paz llegue a Boca Chica, San Luis, Los Minas, Villa Duarte, Guerra, Valiente, Catanga y a cada rincón de nuestra diócesis», manifestó.

Asimismo, recordó que recibir la Eucaristía implica asumir el estilo de vida de Jesucristo.

«Comulgar significa practicar sus enseñanzas y convertirse en instrumentos de reconciliación, solidaridad y amor en medio de la sociedad», afirmó.

Tras la celebración de la Eucaristía y la comunión, la histórica primera celebración conjunta de Corpus Christi de la Diócesis Stella Maris concluyó en un ambiente de profunda oración y recogimiento espiritual.

Los miles de fieles participantes regresaron a sus hogares renovados en su compromiso de vivir auténticamente su fe y de convertirse en promotores de paz, reconciliación y esperanza en sus familias, comunidades y lugares de trabajo

​Para más información y material de prensa:

Oficina de Comunicación y Prensa, Diócesis Stella Maris

Santo Domingo Este, República Dominicana.

Contacto: P. Domingo Vásquez Morales

prensa.diocesisstellamaris@gmail.com

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“LO MIRÓ CON EL CORAZÓN”

Por P. Wilkin Castillo, San Juan de la Maguana

Jesus calls Matthew from his tax table.

Una vez celebrada la solemnidad de la santísima Trinidad, Jesús Sumo y Eterno Sacerdote y en este jueves pasado celebrar la Solemnidad de Corpus Christi, nos concentramos hoy en la celebración del décimo (X) domingo del Tiempo Ordinario. No podemos olvidar que la Santa Misa es la fiesta de la vida de la alegría y del gozo en Jesús, que profesamos hace poquito, se ha quedado presente y vivo en el pan y en el vino consagrado.

 Hoy me quiero detener un poco en esta primera lectura del Profeta Amós, en la misma de forma categórica se nos hace una invitación puntual al decirnos: “Esforcémonos por conocer al Señor”: su amanecer es como la aurora y su sentencia surge como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra. Llega a mi memoria una frase poderosa del salmo 150, todo ser que respire alabe al Señor.

Reconocer al Señor y alabarle es un acto de amor, es darnos cuenta que en Él vivimos nos movemos y existimos en palabras del Libro de los Hechos de los Apóstoles. “Porque quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”. Son palabras poderosas, pues en el querer de Dios es más valeroso un acto puro de misericordia que innumerables sacrificios. Vale más el conocimiento de Dios y el temor de Dios que todos los holocaustos ofrecidos a él sin conocerlo.

Esta es la razón por la cual en el estribillo del salmo nos responden de la siguiente manera: Al que sigue buen camino, le haré ver la salvación de Dios. Esta fue la experiencia deAbrahán, que se nos narra en la carta a los Romanos, se nos dice que este hombre apoyado en la esperanza creyó, contra toda esperanza, y que llegaría a ser padre de muchas naciones.

El Evangelio es el famosísimo pasaje del llamado de San Mateo, aquí comienzan diciéndonos:

 En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: “Sígueme.” Él se levantó y lo siguió. Es interesante preguntarnos qué vio Jesús en Pedro que muchos de sus contemporáneos no pudieron ver, quizás de entrada aquellas personas estaban prejuiciadas y esto no le permitió descubrir en Pedro lo que descubrió Jesús en él. Posiblemente Jesús descubrió en este hombre una resiliencia, capacidad, firmeza y constancia en su oficio y Jesús estaba buscando todo esto al momento de elegir el grupo de los discípulos.

“Y estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos”. No todo el que se sienta a la mesa con nosotros es de fiar, los fariseos y publicanos se sentaron a la mesa no a compartir, sino más bien a murmurar, es por esto que preguntaron a los discípulos: “¿Cómo es que su maestro come con publicanos y pecadores?” Jesús lo oyó y dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos”. Por las palabras que Jesús les ofrece a los fariseos y publicanos, nos damos cuenta que el Maestro y estos dos grupos estaban viendo dos realidades muy distantes la una de la otra, mientras Jesús se detuvo a mirar el corazón y la grandeza de Pedro ellos miraban la miseria y las limitaciones de Pedro.

Es por este motivo que Jesús les ofrece una última recomendación. Anden, aprendan lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. Hagamos todos un esfuerzo por ver siempre en los demás sus dones, carismas, capacidades y no sus miserias, incapacidades y limitaciones humanas.

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La Santísima Trinidad. Ciclo A

Domingo de Pentecostés. Ciclo A

VI Domingo de Pascua. Ciclo A

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