AIRE96FM

10/09/2026

Jesús Nazareno llama a vivir una fe que se postra ante Dios y se levanta para servir

 CRÓNICA DE FE

dvasquezmorales@gmail.com

El padre Domingo Vásquez Morales presidirá esta noche la Eucaristía en el Ensanche Isabelita, con el tema “Adoración y Fe”

SANTO DOMINGO ESTE. — Con un ambiente de alegría, oración y profunda vivencia comunitaria, la parroquia Jesús Nazareno, del Ensanche Isabelita, continúa celebrando sus fiestas patronales, que se desarrollan del 5 al 13 de noviembre, convocando a los fieles a poner nuevamente a Jesucristo en el centro de sus vidas.

Como parte de esta jornada de celebración, esta noche, a las 7:30, la comunidad parroquial vivirá uno de los momentos centrales de sus festividades con la celebración de la Santa Eucaristía, que será presidida por el padre Domingo Vásquez Morales, quien tendrá a su cargo la reflexión bajo el sugerente tema: “Adoración y Fe”.

La celebración representa una invitación a detener el ritmo acelerado de la vida cotidiana para volver la mirada hacia Dios y recordar que la fe cristiana no consiste únicamente en creer, sino también en adorar, confiar, escuchar y permitir que Cristo transforme la existencia.

En medio de una sociedad donde muchas veces el ruido, las preocupaciones, las redes sociales, las dificultades económicas y las incertidumbres del presente ocupan el corazón de las personas, el tema escogido para esta celebración adquiere una especial relevancia.

Adorar es reconocer a Dios como Señor de nuestra vida.

Y creer es confiar en Él incluso cuando no tenemos todas las respuestas.

Desde esta perspectiva, la celebración de esta noche pretende llevar a los fieles a una experiencia que vaya más allá de una actividad patronal: un encuentro con Jesucristo.

La Eucaristía será, por tanto, un espacio para renovar la fe, presentar al Señor las necesidades personales y familiares, agradecer sus bendiciones y pedir la gracia de permanecer firmes ante las dificultades.

La figura de Jesús Nazareno recuerda a los creyentes el rostro de Cristo que carga la cruz y continúa caminando.

Su imagen habla de sacrificio, pero también de esperanza. Habla de dolor, pero sobre todo de una fidelidad que no se rinde.

Para los hombres y mujeres de hoy, contemplar a Jesús Nazareno significa recordar que las cruces de la vida no tienen la última palabra.

En las familias que atraviesan dificultades, en quienes enfrentan enfermedades, en los jóvenes que buscan un camino, en los padres que luchan por sacar adelante a sus hogares y en quienes experimentan momentos de incertidumbre, el Nazareno sigue proclamando un mensaje de esperanza: Dios permanece cercano y la fe permite seguir caminando.

Las fiestas patronales constituyen uno de los momentos más importantes de la vida de una comunidad parroquial. Son días para celebrar, pero también para evangelizar; para encontrarse, pero también para reconciliarse; para mirar la historia de la comunidad, pero sobre todo para renovar su compromiso con el futuro.

En este contexto, la parroquia Jesús Nazareno está llamada a hacer de estas festividades una oportunidad para fortalecer la participación de las familias, los grupos pastorales, los jóvenes y todos los hombres y mujeres que forman parte de esta comunidad de fe.

La verdadera fiesta patronal no termina cuando concluyen las celebraciones. Su fruto se mide por lo que queda en el corazón de los creyentes: una fe más madura, una comunidad más unida y un compromiso mayor con el Evangelio.

El tema “Adoración y Fe” plantea también un desafío.

El cristiano que se acerca al altar no puede permanecer indiferente ante las necesidades de sus hermanos.

La adoración conduce al servicio.

La Eucaristía conduce a la misión.

La fe conduce al compromiso.

Por eso, esta noche la comunidad no solo está llamada a levantar los ojos hacia Dios, sino también a mirar a su alrededor y preguntarse cómo puede ser instrumento de esperanza en su familia, en su barrio y en la sociedad dominicana.

Una fe que se queda solamente en palabras pierde su fuerza transformadora. Una fe que nace del encuentro con Cristo se convierte en servicio, misericordia y compromiso.

Las fiestas patronales de Jesús Nazareno continuarán hasta el 13 de noviembre, ofreciendo a la comunidad del Ensanche Isabelita un tiempo privilegiado para la oración, la celebración y el encuentro fraterno.

La invitación para esta noche es clara: a las 7:30 P.M., la comunidad se reúne alrededor del altar para celebrar la Eucaristía y profundizar en el significado de la “Adoración y Fe”, de la mano del padre Domingo Vásquez Morales.

En tiempos donde tantas cosas compiten por ocupar el primer lugar en el corazón humano, la comunidad de Jesús Nazareno vuelve a proclamar lo esencial:

Y ante Él, la Iglesia se postra para adorar, se levanta para servir y sale al mundo para anunciar que la fe todavía tiene una palabra de esperanza para nuestro tiempo.

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09/09/2026

RESIGNACIÓN NO ES OPCION

 P. Luis Alberto De León Alcántara Email: albertodeleon_011@hotmail.com

Siempre se ha dicho: “La esperanza es lo último que se pierde”. Nadie tiene derecho a tirarse al surco hasta dos segundos después de haber muerto. Es mejor haber vivido luchando, que haber muerto llorando. Estas y otras frases son las que han servido de motor motivador a una gran cantidad de personas que ante los dilemas humanos buscan la manera más adecuada de no dejarse vencer por las circunstancias que le presenta la existencia en las diferentes facetas de la vida reflejada en la cotidianidad.

Es desastroso y agobiante saber que no todo el mundo ama y quiere luchar por la vida. Con frecuencia se escucha por la radio, se observa por la televisión y por la internet como los suicidios, los feminicidios y los homicidios se proliferan en distintos lugares del mundo, y como esta situación adormece la moral humana, dejando que se vuelva una realidad ajena para el individuo aun siendo está situación parte de cada ser humano, porque de una forma o de otra, el sufrimiento de uno afecta la convivencia de todos. Esta realidad, la cual es obviada por aquellos que no aman la humanidad, sino que son ególatras y hedonistas, y le resulta latoso mirar más allá de sí mismos, y entender que, la otra forma parte de la construcción de una exima sociedad.

Personas que anuncien el mal, que sean portavoces de los desastres atmosféricos, de las debilidades humanas, de los fallos políticos, religiosos y sociales, existen miles en nuestro planeta Tierra, pero, ¿Quiénes se están dedicando a promover una cultura de paz? ¿Cuántos son los que se están sacrificando un poco para opacar este aire de contaminación inmoral que se expande por los distintos continentes llegando a penetrar y a dañar la conciencia del ser humano?

Con estas preguntas queda reflejado un pensamiento que corresponde a la actitud que asume la masa social en estos tiempos contemporáneos. También, es una de las tantas maneras de expresar nuestra preocupación presente por los acontecimientos atroces que poco a poco quieren hacer del mundo un lugar inhabitado e inseguro, donde vivir con armonía consigo mismo y con los demás resulta una utopía.  

Resignación es el nuevo estilo de vida que reflejan muchos en sus rostros y en sus modos de vivir. Seres humanos que se rindieron antes de tiempo y pierden la oportunidad de lograr un cambio radical en sus vidas, pero dudaron y dejaron que el ambiente los absorbiera sin ofrecerle nada para consolarlos.

Una vez escuché decir a una persona: ¿qué sentido tiene resignarse a vivir como el mundo vive, si aceptando esta invitación, las personas se convierten y se suman a la mediocridad social? Dejando decir con esto que, se debe luchar contra la resignación, contra la indiferencia de clase y contra todo sentimiento que busque alienar el corazón del ser humano. Por eso, no tiene razón de ser, abandonar los ideales, para formar parte de los vivos, que existen sin alma, cuando se puede ser guerrero del optimismo y ganar más.

RESIGNACIÓN NO ES OPCION

ES NECESARIO ARRIESGARSE EN LA VIDA

OBSERVANDO EL PLANETA POR UNA REJILLA

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Diócesis Stella Maris invita a caminar con Nuestra Señora de las Mercedes, Patrona de la República Dominicana

 a Stellard

La Caminata Mariana se realizará el jueves 24 de septiembre y culminará con la celebración de la Santa Eucaristía en la Catedral Stella Maris

Santo Domingo Este.–  La Diócesis Stella Maris invita a todo el pueblo de Dios a participar con fe, alegría y espíritu de comunión en la Caminata Mariana en honor a Nuestra Señora de las Mercedes, Patrona de la República Dominicana, que tendrá lugar el próximo jueves, 24 de septiembre de 2026.

La actividad comenzará a las 3:00 de la tarde, teniendo como punto de partida el Parque Italia, en la urbanización Italia, y recorrerá su trayecto hasta llegar a la Catedral Stella Maris, donde se celebrará la Santa Eucaristía, presidida por el obispo de la Diócesis Stella Maris, Monseñor Manuel Antonio Ruiz de la Rosa.

La convocatoria está dirigida a los vicarios episcopales, arciprestes, párrocos, diáconos, miembros de la Vida Consagrada, movimientos apostólicos, comunidades parroquiales y a todos los fieles que deseen unirse a esta expresión pública de fe y devoción mariana.

Caminar con María es caminar hacia Cristo

Para la Diócesis Stella Maris, esta Caminata Mariana constituye una oportunidad especial para caminar juntos como Iglesia, fortaleciendo la unidad, la fraternidad y la identidad de un pueblo que pone su confianza en Dios bajo la maternal protección de la Virgen María.

Caminar con Nuestra Señora de las Mercedes tiene un significado especial para el pueblo dominicano. Como Patrona de la República Dominicana, María ocupa un lugar profundo en la historia y en la fe de nuestra nación. Por ello, esta celebración invita a los dominicanos a renovar su confianza en Dios, presentar sus necesidades y las de sus familias, y pedir la intercesión de la Madre de Jesús por el bienestar de nuestra patria.

La Iglesia enseña que la verdadera devoción a María siempre conduce a Cristo. Por eso, caminar con la Virgen es también disponernos a seguir su ejemplo de fe, obediencia, servicio y entrega a Dios.

En este sentido, la Caminata Mariana será también un signo visible de una Iglesia que quiere avanzar unida, poniendo en manos de Dios las realidades de sus comunidades y de toda la sociedad dominicana.

La Diócesis Stella Maris anima a todas sus parroquias, comunidades, familias, movimientos y grupos pastorales a participar activamente en esta jornada, llevando sus intenciones, oraciones y cantos, para convertir las calles en un espacio de encuentro, esperanza y testimonio de fe.

La invitación es a caminar juntos con María, Nuestra Señora de las Mercedes, Patrona de la República Dominicana, y a dejarnos conducir por ella hacia Cristo.

¡Caminemos con María! ¡Caminemos como Iglesia! ¡Caminemos hacia Cristo!

Fecha: jueves, 24 de septiembre de 2026

Hora de salida: 3:00 P.M.

Punto de partida: Parque Italia, urbanización Italia

Destino: Catedral Stella Maris

Celebración: Santa Eucaristía presidida por Monseñor Manuel Antonio Ruiz de la Rosa

Anótate en tu parroquia más cercana.

Dirección de Comunicación y Prensa

Diócesis Stella Maris

prensa.diocesisstellamaris@gmail.com


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08/09/2026

Cuando dejamos de llamar a Dios por su nombre.

 Por Gegorio Bautista

Hay frases que repetimos tanto que terminamos diciéndolas sin detenernos a pensar qué hay detrás de ellas. “Gracias a la vida”, “todo pasó por algo”, “fue mi esfuerzo”, “las circunstancias se dieron”, “tenía que suceder”. No necesariamente son frases malas. El problema aparece cuando, poco a poco, comenzamos a utilizarlas para explicar nuestra historia dejando fuera a Dios.

Hoy resulta más cómodo hablar de esfuerzo, disciplina, actitud, resiliencia y superación. Son palabras que todos pueden recibir, crean o no crean. No incomodan, no cuestionan y permiten explicar muchas de las cosas que vivimos sin entrar en terrenos que puedan resultar incómodos. Quizás por eso, incluso quienes creen, han comenzado a contar su historia de una manera en la que Dios aparece cada vez menos.

Celebramos un logro y hablamos de nuestra disciplina. Superamos una dificultad y hablamos de nuestra fortaleza. Llegamos a un lugar inesperado y decimos que fueron las circunstancias. Conocemos a alguien que termina siendo determinante en nuestra vida y lo llamamos casualidad. Atravesamos una situación difícil y decimos que “la vida nos estaba preparando para algo mejor”. Y en medio de todas esas explicaciones cabe una pregunta sencilla: ¿dónde quedó Dios?

No se trata de negar el esfuerzo. Hay que trabajar, decidir, perseverar, levantarse después de cada caída y hacer la parte que corresponde. La fe cristiana nunca ha sido una invitación a quedarse de brazos cruzados. Pero una cosa es reconocer nuestra responsabilidad y otra convertirnos en los únicos protagonistas de nuestra historia.

El salmista lo expresa con claridad: “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Salmo 127,1). No está diciendo que no haya que trabajar. Está recordando que nuestro trabajo, por sí solo, no explica todo lo que somos ni todo lo que alcanzamos.

Porque si todo depende de nosotros, también nuestra esperanza termina dependiendo de nosotros. Y habrá días en los que la disciplina no será suficiente, los planes no funcionarán y las circunstancias serán adversas. ¿Qué queda entonces? Es ahí donde la fe deja de ser una frase bonita y se convierte en una necesidad.

El cristianismo no ofrece simplemente una manera positiva de pensar. Recuerda que hay un Padre. Un Padre que provee, sostiene y no se desentiende de sus hijos. Jesús lo expresa así: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas” (Mateo 6,33). La diferencia está en hacer nuestra parte sin olvidar que nuestra vida está sostenida por alguien más grande que nosotros.

Quizás se ha hablado tanto de construir la propia vida que se ha olvidado recibirla. La vida no comenzó con nosotros y tampoco depende exclusivamente de nosotros. Antes de nuestros logros, fracasos y decisiones, ya había un Dios que había amado primero. Esa verdad cambia la manera de mirar nuestra propia historia.

Por eso resulta necesario preguntarnos qué ocurre cuando, incluso desde la fe, comenzamos a utilizar un lenguaje en el que Dios parece innecesario. Lo sustituimos por “el universo”, “la vida”, “las energías”, “las circunstancias” o simplemente “el proceso”. Muchas veces no porque hayamos dejado de creer, sino porque queremos que nuestras palabras sean aceptadas por todos. Queremos encajar, evitar incomodar y llegar también a quien no cree.

Pero hay momentos en los que hace falta atreverse a llamar a Dios por su nombre.

Decir que fue Dios no significa desconocer el esfuerzo. Significa reconocer que el esfuerzo no lo explica todo. Se puede trabajar, pero no controlar todas las puertas que se abren. Se puede estar preparado, pero no fabricar cada encuentro que termina cambiando una vida. Se pueden tomar decisiones, pero no determinar todas las circunstancias que aparecerán en el camino.

Hay una parte de nuestra historia que no podemos atribuirnos completamente. Allí aparece la providencia de Dios: esa presencia silenciosa que acompaña nuestra historia, incluso cuando todavía no somos capaces de reconocerla.

También necesitamos recuperar la capacidad de agradecer a Dios por lo cotidiano. Hay gracia en despertar, en tener una familia, en encontrar a alguien en el momento preciso, en recibir una oportunidad, en superar una dificultad o simplemente en tener un nuevo día. Santiago lo resume de esta manera: “Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto” (Santiago 1,17).

La esperanza cristiana tampoco consiste en pensar que mañana todo será mejor porque seremos más fuertes. Consiste en saber que no caminamos solos. La seguridad no está en que todo saldrá como queremos, sino en saber que, aun cuando las cosas no salgan como queremos, seguimos estando en las manos de Dios.

Y nuestra historia tampoco termina en nosotros. Tiene una cruz. Tiene a Cristo. Tiene al Dios que no se quedó mirando nuestra historia desde lejos, sino que entró en ella y entregó su propia vida.

Por eso las palabras de Jesús adquieren un significado especial: “Separados de mí nada pueden hacer” (Juan 15,5). No es una negación de nuestras capacidades, sino un reconocimiento de su verdadera fuente. Podemos trabajar, crear, estudiar, luchar y alcanzar metas, pero cuando olvidamos de dónde viene la vida y quién la sostiene, terminamos atribuyéndonos incluso aquello que nunca estuvo completamente en nuestras manos.

Quizás necesitamos recuperar algo que poco a poco estamos dejando de decir. No para imponer la fe, ni para sentirnos superiores, ni para convencer a quien piensa diferente, sino para darle a Dios el lugar que le corresponde. Si todo lo bueno que ocurre en nuestra vida termina siendo mérito nuestro, de la vida, de las circunstancias o de nuestra capacidad, habría que preguntarse qué espacio estamos dejando para la gracia.

Cuando se mira hacia atrás con honestidad, es difícil sostener que todo ocurrió únicamente por mérito propio. Hubo personas que aparecieron en el momento preciso, puertas que se abrieron cuando parecían cerradas, oportunidades que nadie podía garantizar y fuerzas que llegaron cuando las propias se habían agotado. Muchas veces llamamos casualidad a cosas que quizás nunca llegaremos a comprender completamente.

No se trata de tener una explicación para todo, sino de aprender a reconocer que también existe una providencia que trabaja silenciosamente en nuestra historia.

Porque cuando las frases de motivación ya no alcanzan, cuando el esfuerzo descubre sus límites y cuando las circunstancias dejan de estar a nuestro favor, queda una pregunta que tarde o temprano tendremos que responder: ¿en quién está puesta realmente nuestra esperanza?

La respuesta cristiana no está simplemente en la vida, sino en quien nos dio la vida. No está solamente en nuestras fuerzas, sino en quien nos sostiene. No está en las circunstancias, sino en quien puede encontrarse con nosotros incluso dentro de ellas.

Hay cosas que hacemos nosotros y que debemos asumir con responsabilidad. Pero hay otras que, cuando las miramos con humildad, solo podemos reconocer que no fueron obra nuestra. Entonces quizá no haga falta buscar una frase más cómoda para que todos estén de acuerdo.

Quizás basta con volver a decir, sin miedo:

Gracias, Dios.

Comunícate con el autor: bautista.gregorio30@gmail.com

Papá, mira a papá Dios

Cuando un “Like” también habla de Cristo

¿Nos estamos acostumbrando al dolor de los demás?


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«Cultivar la paz para cambiar el mundo»: El mensaje de León XIV en la Natividad de la Virgen

 El Papa visita el Santuario de la Madre del Buen Consejo de Genazzano en la víspera de la Natividad de la Santísima Virgen María, entrega la Rosa de Oro a la Virgen y descubre el fresco que lo representa en oración. Durante la misa, invita a meditar sobre la vida de la Virgen, aunque las Escrituras no ofrezcan detalles. El Pontífice exhorta a la oración: «La necesitamos en tiempos de incertidumbre».

Tiziana Campisi – Genazzano

Pedir a María «su Buen Consejo para acoger» la Palabra de Dios, «guardarla», «darla a luz a través de decisiones valientes y sabias» y de una «auténtica conversión». Desde la basílica de Genazzano, donde se conserva la imagen de la Virgen venerada como Madre del Buen Consejo —procedente de Shkodër, Albania, el 25 de abril de 1467—, León XIV, en su segunda visita al santuario mariano, exhortó a pedir a la Madre Celestial que aumente la paz en cada uno y animó a todos a cultivarla.

«Sí, queridísimos, queremos imaginar la paz —ampliar los límites de la comprensión y pintarla en nuestra alma— para reconocer que ya existe, para acogerla y servirla. Es el don de Dios, el soplo del Resucitado, la obra del Espíritu Santo. Dejemos que la paz crezca en nosotros. Brotará en el mundo. Y la Madre del Buen Consejo nos acompañará en esta misión».

En la víspera de la Natividad de la Santísima Virgen María, el Papa presidió la misa en este lugar de culto confiado al cuidado pastoral de los Agustinos y no ocultó su alegría por estar de vuelta.

La primera lectura, tomada del profeta Miqueas (5, 1-4a), evoca el anuncio del nacimiento de Cristo en Belén por parte de «la que va a dar a luz», mientras que el Salmo 12 propone la oración de quien confía en Dios y se regocija por la salvación recibida de Él. La segunda lectura, tomada de la Carta de san Pablo a los Romanos (8, 28.30), aclara, a su vez, que «todo contribuye al bien de quienes aman a Dios, de aquellos que han sido llamados según su designio». Por su parte, el Evangelio según san Mateo (1, 1-16. 18-23) repasa la genealogía de Jesús, nacido de María, quien «estando desposada con José, antes de vivir juntos, se halló en vientre de un hijo por obra del Espíritu Santo».

En la homilía, León XIV no ocultó su emoción al recordar su primera visita del 10 de mayo del año pasado y el «profundo deseo», expresado en los primeros días de su pontificado, de «acercarse a Genazzano, al santuario de la Virgen del Buen Consejo». Tal como especificó en la dedicatoria del libro de honor, la Virgen le ha acompañado a lo largo de toda su vida «con su presencia maternal, con su sabiduría y con el ejemplo de su amor por el Hijo, el Hijo que es siempre el centro de mi fe».

«Con alegría estoy de nuevo aquí para celebrar con vosotros la Vigilia de la Natividad de la Santísima Virgen y encomendar a María Niña lo que aún nace en esta pobre y magnífica humanidad: frágil como un brote, pero signo de la fidelidad de Dios».

En el antiguo santuario —erigido sobre una iglesia del siglo XIII y cuya construcción, ralentizada por falta de fondos, prosiguió rápidamente tras la prodigiosa aparición el 25 de abril de 1467 de una imagen de la Virgen reconocida como la de Shkodër—, el Sumo Pontífice vestía casulla y mitra donadas por los fieles de Genazzano. En su reflexión, se detuvo en las enseñanzas de santo Tomás de Villanueva sobre la Natividad de María y lo que las Escrituras narran sobre ella.

Tomás de Villanueva, fraile y obispo agustino que dedicó su vida al servicio de los pobres y se interrogó en profundidad sobre la verdad de la fe, supo ver la paradoja de la pequeñez y la marginalidad de María, convertida en figura central de la economía de la salvación. El santo se preguntaba por qué los evangelistas cuentan de forma tan sucinta la historia de la Virgen, sin describir su concepción, nacimiento, educación, costumbres, virtudes o su relación con Jesús y los apóstoles. Para el Papa, estas preguntas ofrecen una sugerencia importante: «Interrogar a la Escritura y a sus autores, debatir con el texto y dialogar con los testigos de la Revelación como si fueran amigos».

El Pontífice precisó que de María aprendemos «la inteligencia que conversa con Dios, que plantea preguntas e interpreta los acontecimientos guardándolos en el corazón». Y aunque el Evangelio de Mateo menciona su presencia sin atribuirle una sola palabra, de ello se extrae una enseñanza fundamental:

«El simple hecho de que María esté presente —y el Hijo en ella— mueve toda la historia: la de José y la de toda su casa. La presencia de María provoca un salto en la genealogía, una novedad inesperada capaz de modificar no solo las expectativas, sino también el comportamiento de un hombre. Lo que José escucha, decide y hace es una respuesta a Dios y a la presencia de María».

Santo Tomás de Villanueva explicaba que el Espíritu Santo quiso el silencio de los evangelistas sobre las hazañas de la Virgen porque «la gloria de la Virgen estaba toda en su interior y se podía imaginar más que describir». Invitaba así a un «maravilloso ejercicio de imaginación»: contemplar e imaginar en la propia alma a una joven purísima, prudente y llena de gracia, para que cada fiel la pintara interiormente.

«En la oración contemplativa toma forma aquello que el mundo no nos cuenta, pero que ya existe; aquello que aún es invisible, pero encierra una nueva fuerza. No se trata de fantasía, sino de profecía. La necesitamos en tiempos de destrucción e incertidumbre para ver la obra de Dios y servirla».

Santo Tomás destacaba que, como síntesis de la historia de María, basta saber que «de ella nació Jesús». Un misterio ante el cual el Papa reconoce sentir «vértigo», siendo imposible acostumbrarse a él:

«Celebramos el nacimiento de una niña llamada a convertirse en la Madre de su Creador. Y, sin embargo, nace simplemente una niña, como las hijas o nietas que sostenemos en brazos. Hoy le atribuimos títulos altísimos de Señora y Reina, pero el camino de Dios ha sido y sigue siendo sencillo y silencioso, aunque no por ello menos poderoso. Es el camino del propio Jesús».

El Papa subrayó que, como María, estamos «predestinados a ser conformes a la imagen del Hijo», eligiendo su estilo de vida:

«En Jesucristo, Dios ha elegido las condiciones históricas más humildes y la más humilde de las criaturas para manifestar la originalidad de su Reino, donde la prepotencia no tiene cabida y la omnipotencia es creación, servicio y cuidado de la vida».

Durante la oración de los fieles se elevaron peticiones por la Iglesia, por el papa León XIV, por la orden agustina, por los gobernantes y pueblos para que garanticen un futuro de paz, por los peregrinos de Genazzano y por todos los fieles presentes.


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