P. Luis Alberto De León Alcántara Email: albertodeleon_011@hotmail.com

Seguimos avanzando en el tiempo de la Cuaresma. Continuamos profundizando en el proceso de conversión, purificación y maduración de la fe que la Iglesia nos propone, con la vivencia del ayuno, la limosna y la oración. Vamos revisando nuestra vida a la luz de los evangelios, precisamente en el camino vivido por Jesús antes de tener su pasión, muerte y resurrección. Paso a paso, también entramos en esa peregrinación existencial y espiritual que es propia de todo ser humano que busca elevar su vida a la santidad, que no quiere quedarse siendo un cristiano común y corriente.
En el tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos ofrece el medio más eficaz de tener una conciencia clara de las preguntas existenciales de la vida. Es cuando nos cuestionamos, ¿dónde estamos?, ¿hacia dónde vamos?, ¿que necesitamos para tener una intimidad más profunda con Dios? Lo hacemos para tener una radiografía más profunda y sincera de nuestra estatura espiritual, no para saber si somos mejores o peores que los demás, sino simplemente para seguir abriendo nuestro corazón y hacer posible que Dios transforme nuestro interior y lograr vivir el tiempo Pascual como verdaderos cristianos.
La Cuaresma, sin embargo, no se vive aislada del mundo, sino dentro del mundo. Con sus crisis, dudas, tormentos y con ese deseo de abandonar todo. Pero es justo ahí que descubrir el valor de estar perdidos, confundidos y desesperados, porque precisamente en estos instantes, logramos encontrarle el sentido verdadero a la reflexión y meditación de este tiempo fuerte de la Iglesia. Es en Cuaresma, cuando el alma se queda desnuda y descubre el amor de carne y huevo que nos tiene Dios, que fue capaz incluso de enviar a su Hijo al mundo para morir por la humanidad.
La Cuaresma es la experiencia más completa que puede vivir un ser humano, porque cuando hacemos una parada y decidimos mirar hacia adentro y no afuera, nos percatamos en pocos instantes, que también somos importantes, merecedores de atención y que es urgente colocar cada cosa en su sitio para lograr ser personas realizadas y llenas de Dios. Es ahí y no en otro momento, cuando caemos en la cuenta, como dice santa Teresa, que “Solo Dios basta” y no es necesario tomar otras decisiones pasajeras y baratas, para reconocer que la dirección viene del Creador y no de las criaturas humanas.
En concreto, la Cuaresma no es una moda, no es un espacio protocolar que los cristianos viven para llenar espacios en sus vidas, para disimular que son buenos, piadosos y santos. No, la Cuaresma es renovar la vida, el compromiso con Dios y sobre todo es la oportunidad que tenemos de seguir madurando y purificando nuestra fe, porque la existencia está llena de tropiezo, dudas, dolor y cansancio. Por eso, detengamos para recuperar la dirección de nuestra vida, así podremos tomar mejores decisiones y les daremos gracias a Dios por venir a caminar con nosotros y enseñarnos el camino para llegar limpios a la Pascua.
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