Por José de los Santos Jiménez
Bendiciones para todos. Retomo de nuevo mis reflexiones semanales, por entender que quien mucho ha recibido también está llamado a dar mucho. Yo he recibido mucho de Dios, soy consciente de que un ser agradecido es un ser bendecido. Hoy tenemos la dicha de celebrar el Domingo Decimoséptimo del Tiempo Ordinario. En la primera lectura del Libro de Los Reyes Dios se hace cercano a al Rey Salomón y se dispone sin más a concederle lo que él le pida, Salomón muestra su humildad y se presenta ante Dios tal cual es, se considera un muchacho que carece de carisma para asumir el reinado y por demás sustituir al Rey David su padre.

Pero en todo este contexto había un elemento importante y de peso, David estaba en medio del pueblo, sufría con el pueblo, luchaba con el pueblo y se identificaba con su pueblo. Es por lo que David tenía la potestad de pedirle a Dios lo que él quisiera. Le pide a Dios un corazón dócil, humano, pide discernimiento y prudencia. Hoy día de los padres es necesario que todos los hombre, sacerdotes, educadores y padre de familia pidamos a Dios la sabiduría, la templanza, la mansedumbre, la escucha, la ternura, la autoridad, el don de gobierno, el cariño, la integridad para poder educar y guiar a nuestros hijos en un mundo numeroso, convulso, complicado y por demás más exigente que el mundo del tiempo del Rey David.
Recuerdas, Nadie es tan poderoso hoy para educar si la mano de Dios y su gracia santificante no le acompaña, por lo tanto, se hace necesario y es condición sine qua non escuchar a Dios para recibir de él la sabiduría y la inteligencia que cada padre de familia necesita hoy para guiar y acompañar a su familia y conducirla por el camino del bien, es lo único que puede salvar esta sociedad si ponemos reamente el corazón y los ojos en las familias, recuerdas, familia sana sociedad sana.
En la segunda lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos, el Apóstol hace una especie de escrito en espiral, es decir, de forma progresiva, empieza mencionando la importancia de que amemos a Dios por encima de todas las cosas, hacerlo es garantía de felicidad, solo siendo imagen de Él estamos predestinados, llamados, justificados y glorificados por Él.
El Evangelio de Mateo una verdadera joya y tiene como elemento característico la alegría del Reino, por eso estamos llamados todos a poner de lado todo aquello que no nos permita ganarnos ese Reino, estar dispuesto a vender todo cuanto tenemos para ganarlo todo.
Estamos invitados a tener la capacidad y el juicio que tiene el comerciante en perlas finas del Evangelio para deshacernos de todo apego, obstáculo, confusión, dilema al momento de elegir entre lo mundano y lo eterno, entre lo superficial y lo profundo, entre lo turbio y lo cristalino. Por último, estamos llamados a ser aquellos que tiran la red al mar, al mundo sin cansarnos conquistar a todos, buenos y malos, es nuestra misión, es nuestro trabajo, Dios y sus Ángeles tienen la parte más difícil, llamar, seleccionar a los buenos y rechazar y tirar los malos. Padres que hoy desarrollemos la capacidad de entender nuestro rol de saber que mi familia es mi Reino de Dios y debo sacrificar todo, para su pleno desarrollo, ya que nadie como un padre o una madre conoce su familia, sus fortalezas y debilidades, sus alegrías y tristezas, sus carismas y sus dones.
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