Fundada en 1218 por san Pedro Nolasco en Barcelona, la Orden de Santa María de la Merced ha cumplido casi ochocientos años dedicada a la liberación de cristianos cautivos. Lo que comenzó como una labor heroica para rescatar esclavos en tierras musulmanas ha evolucionado en la actualidad hacia la lucha contra las "nuevas cautividades" sociales, políticas y psicológicas, manteniendo su característico cuarto voto de dar la vida, si fuera necesario, por los oprimidos.
Un origen marcado por la caridad heroica La Orden surgió en
un contexto de guerra permanente entre la cristiandad y el mundo musulmán,
donde el cautiverio era un problema social y religioso crítico. Pedro Nolasco,
quien inicialmente era un mercader, decidió junto a sus compañeros dedicar sus
bienes y limosnas para "comprar seres humanos" y devolverles la
libertad. Esta misión fue aprobada canónicamente por el papa Gregorio IX en 1235,
consolidándose como una orden religiosa redentora de frailes laicos en sus
inicios. La gran innovación de Nolasco fue que los frailes se quedaran ellos
mismos como rehenes en tierra de moros para garantizar la libertad de
los cautivos rescatados.
San Ramón Nonato: Símbolo del sacrificio mercedario Dentro de esta
historia de entrega, destaca la figura de san Ramón Nonato (1204-1240),
quien recibió su sobrenombre por haber sido extraído del vientre de su madre ya
fallecida mediante una cesárea lateral. Ramón fue un incansable redentor en
Argel, donde sufrió el martirio de tener sus labios sellados con un candado
de hierro para impedirle predicar el Evangelio a otros cautivos. Tras ser
rescatado y nombrado cardenal, falleció en Cardona, convirtiéndose en uno de
los santos más populares de la Iglesia y en el patrono universal de las
embarazadas y parturientas.
Expansión a América y clericalización A partir de 1317, la Orden vivió una
transformación interna al pasar de un régimen laical a uno clerical,
bajo el liderazgo de Raimundo Albert. Con el descubrimiento de América, los
mercedarios fueron de los primeros evangelizadores en llegar al Nuevo Mundo,
participando ya en el segundo viaje de Cristóbal Colón en 1493. En el
continente americano, la Orden adaptó su espíritu redentor a la evangelización
de los indígenas, fundando doctrinas y defendiendo a los nativos de los abusos
de los conquistadores.
Crisis, restauración y el desafío del tercer milenio Durante los siglos
XVIII y XIX, la Orden enfrentó crisis profundas debido a la Ilustración,
el regalismo y las supresiones liberales en Europa, así como
persecuciones religiosas en México que llevaron a la destrucción de numerosos
conventos. Sin embargo, a finales del siglo XIX, se inició una restauración
vigorosa bajo el generalato del padre Pedro Armengol Valenzuela, quien
modernizó las Constituciones y expandió nuevamente la presencia mercedaria.
Hoy, la Orden de la Merced redefine su misión ante las "nuevas
formas de cautiverio" que degradan la dignidad humana y ponen en peligro
la fe. Su labor actual abarca desde el apostolado penitenciario y la
ayuda a perseguidos por su religión, hasta misiones en África y Asia,
continuando el legado de libertad iniciado por Nolasco bajo la protección de la
Virgen de la Merced
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