El Papa visita el Santuario de la Madre del Buen Consejo de Genazzano en la víspera de la Natividad de la Santísima Virgen María, entrega la Rosa de Oro a la Virgen y descubre el fresco que lo representa en oración. Durante la misa, invita a meditar sobre la vida de la Virgen, aunque las Escrituras no ofrezcan detalles. El Pontífice exhorta a la oración: «La necesitamos en tiempos de incertidumbre».
Tiziana Campisi – Genazzano
Pedir a María «su Buen Consejo para acoger» la Palabra de Dios, «guardarla», «darla a luz a través de decisiones valientes y sabias» y de una «auténtica conversión». Desde la basílica de Genazzano, donde se conserva la imagen de la Virgen venerada como Madre del Buen Consejo —procedente de Shkodër, Albania, el 25 de abril de 1467—, León XIV, en su segunda visita al santuario mariano, exhortó a pedir a la Madre Celestial que aumente la paz en cada uno y animó a todos a cultivarla.
«Sí, queridísimos, queremos imaginar la paz —ampliar los límites de la comprensión y pintarla en nuestra alma— para reconocer que ya existe, para acogerla y servirla. Es el don de Dios, el soplo del Resucitado, la obra del Espíritu Santo. Dejemos que la paz crezca en nosotros. Brotará en el mundo. Y la Madre del Buen Consejo nos acompañará en esta misión».
En la víspera de la Natividad de la Santísima Virgen María, el Papa presidió la misa en este lugar de culto confiado al cuidado pastoral de los Agustinos y no ocultó su alegría por estar de vuelta.
La liturgia de la Palabra
La primera lectura, tomada del profeta Miqueas (5, 1-4a), evoca el anuncio del nacimiento de Cristo en Belén por parte de «la que va a dar a luz», mientras que el Salmo 12 propone la oración de quien confía en Dios y se regocija por la salvación recibida de Él. La segunda lectura, tomada de la Carta de san Pablo a los Romanos (8, 28.30), aclara, a su vez, que «todo contribuye al bien de quienes aman a Dios, de aquellos que han sido llamados según su designio». Por su parte, el Evangelio según san Mateo (1, 1-16. 18-23) repasa la genealogía de Jesús, nacido de María, quien «estando desposada con José, antes de vivir juntos, se halló en vientre de un hijo por obra del Espíritu Santo».
La confianza de la humanidad en María
En la homilía, León XIV no ocultó su emoción al recordar su primera visita del 10 de mayo del año pasado y el «profundo deseo», expresado en los primeros días de su pontificado, de «acercarse a Genazzano, al santuario de la Virgen del Buen Consejo». Tal como especificó en la dedicatoria del libro de honor, la Virgen le ha acompañado a lo largo de toda su vida «con su presencia maternal, con su sabiduría y con el ejemplo de su amor por el Hijo, el Hijo que es siempre el centro de mi fe».
«Con alegría estoy de nuevo aquí para celebrar con vosotros la Vigilia de la Natividad de la Santísima Virgen y encomendar a María Niña lo que aún nace en esta pobre y magnífica humanidad: frágil como un brote, pero signo de la fidelidad de Dios».
La Natividad de María y las Escrituras
En el antiguo santuario —erigido sobre una iglesia del siglo XIII y cuya construcción, ralentizada por falta de fondos, prosiguió rápidamente tras la prodigiosa aparición el 25 de abril de 1467 de una imagen de la Virgen reconocida como la de Shkodër—, el Sumo Pontífice vestía casulla y mitra donadas por los fieles de Genazzano. En su reflexión, se detuvo en las enseñanzas de santo Tomás de Villanueva sobre la Natividad de María y lo que las Escrituras narran sobre ella.
Interrogar a la Escritura y dialogar con los testigos de la Revelación
Tomás de Villanueva, fraile y obispo agustino que dedicó su vida al servicio de los pobres y se interrogó en profundidad sobre la verdad de la fe, supo ver la paradoja de la pequeñez y la marginalidad de María, convertida en figura central de la economía de la salvación. El santo se preguntaba por qué los evangelistas cuentan de forma tan sucinta la historia de la Virgen, sin describir su concepción, nacimiento, educación, costumbres, virtudes o su relación con Jesús y los apóstoles. Para el Papa, estas preguntas ofrecen una sugerencia importante: «Interrogar a la Escritura y a sus autores, debatir con el texto y dialogar con los testigos de la Revelación como si fueran amigos».
La simple existencia de María
El Pontífice precisó que de María aprendemos «la inteligencia que conversa con Dios, que plantea preguntas e interpreta los acontecimientos guardándolos en el corazón». Y aunque el Evangelio de Mateo menciona su presencia sin atribuirle una sola palabra, de ello se extrae una enseñanza fundamental:
«El simple hecho de que María esté presente —y el Hijo en ella— mueve toda la historia: la de José y la de toda su casa. La presencia de María provoca un salto en la genealogía, una novedad inesperada capaz de modificar no solo las expectativas, sino también el comportamiento de un hombre. Lo que José escucha, decide y hace es una respuesta a Dios y a la presencia de María».
La profecía para ver la obra de Dios
Santo Tomás de Villanueva explicaba que el Espíritu Santo quiso el silencio de los evangelistas sobre las hazañas de la Virgen porque «la gloria de la Virgen estaba toda en su interior y se podía imaginar más que describir». Invitaba así a un «maravilloso ejercicio de imaginación»: contemplar e imaginar en la propia alma a una joven purísima, prudente y llena de gracia, para que cada fiel la pintara interiormente.
«En la oración contemplativa toma forma aquello que el mundo no nos cuenta, pero que ya existe; aquello que aún es invisible, pero encierra una nueva fuerza. No se trata de fantasía, sino de profecía. La necesitamos en tiempos de destrucción e incertidumbre para ver la obra de Dios y servirla».
Un misterio que aún asombra
Santo Tomás destacaba que, como síntesis de la historia de María, basta saber que «de ella nació Jesús». Un misterio ante el cual el Papa reconoce sentir «vértigo», siendo imposible acostumbrarse a él:
«Celebramos el nacimiento de una niña llamada a convertirse en la Madre de su Creador. Y, sin embargo, nace simplemente una niña, como las hijas o nietas que sostenemos en brazos. Hoy le atribuimos títulos altísimos de Señora y Reina, pero el camino de Dios ha sido y sigue siendo sencillo y silencioso, aunque no por ello menos poderoso. Es el camino del propio Jesús».
Ser semejantes a Jesús preferyendo su camino
El Papa subrayó que, como María, estamos «predestinados a ser conformes a la imagen del Hijo», eligiendo su estilo de vida:
«En Jesucristo, Dios ha elegido las condiciones históricas más humildes y la más humilde de las criaturas para manifestar la originalidad de su Reino, donde la prepotencia no tiene cabida y la omnipotencia es creación, servicio y cuidado de la vida».
Durante la oración de los fieles se elevaron peticiones por la Iglesia, por el papa León XIV, por la orden agustina, por los gobernantes y pueblos para que garanticen un futuro de paz, por los peregrinos de Genazzano y por todos los fieles presentes.
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