Santo Domingo Este. – En un ambiente de comunión, discernimiento y compromiso eclesial, la Diócesis Stella Maris celebró una importante reunión preparatoria para su próxima programación pastoral del año 2026, que se efectuará el próximo 31 del corriente, marcando el inicio de un proceso estratégico orientado a fortalecer la misión evangelizadora de la Iglesia diocesana.
El encuentro tuvo lugar en uno de los Salones de la Catedral Stella Maris, a las 10:00 de la mañana, y reunió a directores, coordinadores de pastorales, movimientos e instituciones laicales, que trabajan activamente en la vida pastoral de la diócesis.
La jornada fue encabezada por el padre Ernesto Alcides Carrión, vicario de Pastoral, el Vicario general P. Alejandro Valera, además estuvieron presentes los sacerdotes Ricardo de la Rosa, Domingo Vásquez, P. Ronal Santiago quienes abordaron algunos temas sobre las pastorales que dirigen.
Durante la reunión se abordó la elaboración del itinerario de evangelización para el año 2026, evaluando los principales desafíos pastorales, definiendo metas concretas para las programaciones de las distintas comisiones que operan en la diócesis.
Este espacio permitió analizar la realidad actual de las Parroquias, comunidades, fortalecer la coordinación entre las pastorales, proyectar acciones conjuntas que respondan con eficacia a las necesidades espirituales, sociales y formativas del pueblo de Dios.
Con este encuentro, la Diócesis Stella Maris reafirma su compromiso con una Iglesia organizada, participativa, misionera, que camina unida en sinodalidad para la planificación, al servicio evangelizador de cara al nuevo año pastoral 2026.
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En la mañana de este sábado tres de enero, nos hemos despertado con la noticia de la captura de Nicolás Maduro Moro junto a su esposa Cilia Adela Flores. Era un secreto a voces la intención firme del gobierno estadounidense de capturar a Maduro, presidente ilegítimo de Venezuela, que nunca reconoció su derrota ante Edmundo González Urrutia. Para encontrar apoyo y motivación, el presidente Donald Trump ofrecía la gruesa cifra de 50 millones por su captura. Se le imputan varios cargos, a saber: Narcoterrorismo: Se le acusa de liderar una conspiración para importar cocaína a Estados Unidos y otros países, en alianza con grupos como las FARC, el ELN y el Cartel de Soles. Conspiración para importar cocaína: Se estima que entre 200 y 250 toneladas de cocaína transitaban anualmente por Venezuela hacia EE.UU. bajo su gobierno. Posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos: Se le acusa de usar armamento militar para proteger las rutas del narcotráfico, incluso de usar armas de guerra en apoyo a organizaciones narcoterroristas. Se le acusa de lavar millones de dólares provenientes del narcotráfico a través del sistema financiero internacional y empresas fachada. Violaciones a los derechos humanos, unos diez mil asesinatos (esto es para llorar), cientos de presos políticos, de torturas crueles y sanguinarias a todo aquel que se oponía al régimen dictatorial. Recordamos que la dictadura en Venezuela, ha tenido dos etapas: el chavismo (1998-2013), y el madurismo (2013-2026).
Se puede argumentar, que la intervención militar es una franca violación de la soberanía que goza cada país y, por consiguiente, nunca hay derecho a invadir a un país hermano para capturar a una persona determinada, sino que se solicita al gobierno la extradición, pero este caso, el acusado es precisamente, el presidente ilegítimo Nicolás Maduro. Además, el depuesto presidente nunca admitió los delitos de los que se les acusa, ni cuando estuvo reinando en territorio venezolano ni ante el juez en el Estado de New York. Negar los delitos no nos debe sorprender. Venezuela es un país que posee grandes riquezas naturales, siendo los yacimientos de petróleo, su mayor fuente de ingreso económico. Tiene 28 millones de habitantes, tristemente han emigrado, a raíz de la dictadura, la escandalosa cifra de unos casi ocho millones de venezolanos.
Se espera que la toma de posesión de Delcy Rodríguez, como nueva presidenta de la República Bolivariana de Venezuela, realice la transición del camino difícil, pero no imposible hacia la democracia.
Aprendamos la lección, la dictadura nunca es saludable para un pueblo, es bueno alternar el poder, para que ningún político, llegado al solio presidencial a través del voto, se aferre al poder como si fuese su propiedad.
No es difícil detectar el perfil psicológico de un dictador, suele tener algunos rasgos que incluyen: Narcisismo: Un sentido exagerado de auto-importancia y una necesidad constante de admiración. Egocentrismo: Poca empatía y falta de interés en los sentimientos y necesidades de otros. Autoritarismo: Deseo de controlar y dominar a otros, a menudo mediante la fuerza o la manipulación. Paranoia: Desconfianza excesiva y miedo a ser derrocado o traicionado. Manipulación: Uso de tácticas como la mentira, la propaganda y la coerción para mantener el poder. Impulsividad: Tendencia a actuar sin considerar las consecuencias a largo plazo. Recemos por el hermano pueblo de Venezuela. Que la gracia de Dios les acompañe.
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La sociedad actual nos ha venido subyugando al consumo de cosas que atan y nublan; hasta el punto de que, en muchas ocasiones llegamos a poner nuestra felicidad en lo puramente material. Entendemos que solo satisfaciendo las necesidades materiales o regalando cosas es que se puede llegar a ser feliz o hacer feliz a otros.
En estos días envueltos en luces, ruidos, prisas y el cierre de gastos navideños, son ejemplos latentes de ese vivir superficial que deslumbra y desvela un modelo basado en la generación de necesidades compulsivas y caprichosas que permiten un sobreconsumo desbordado que solo satisface y deleita los sentidos de manera fugaz. Ese tipo de vida banal nos convierte en incapaces de reconocer que existen bellezas, instantes, verdades y regocijos mucho más profundos que todo aquello a lo que a diario corremos detrás en búsqueda de placer o tener.
Por tanto, es oportuno aprovechar la tradición de la Epifanía del Señor para ir más allá de la simple entrega de regalos materiales. Estamos conscientes de las expectativas que se da en nuestro derredor de poder recibir obsequios, no estamos insinuando que sea algo malo celebrarlo; ni tampoco pretendemos que este escrito sea una mera apología contra del despilfarro y el consumismo, con la intención expresa de deslucir los Reyes Magos.
No intentamos privarte de brindar regalos, pues se entiende que culturalmente es una forma de expresar aprecio por los demás. Esa no es la idea. Aunque tampoco podemos obviar que en la sociedad de hoy se enseña a los individuos a ser consumistas prácticamente desde que nacen, dado que se quiere asociar el afecto con mercancías, a que los corazones estén excesivamente ligados a las cosas que, a la dignidad de la persona, a pretender que un obsequio costoso sustituya una carencia emocional, o simplemente a devorar productos sin llegar a disfrutar de ellos,
Lo que sí procuramos, es que, al momento de regalar, estemos conscientes de que esas cosas se recibirán y pasarán como un suspiro; y que nuestro empeño no solamente debemos supeditar todo al consumo de lo material, ya que, en la mayoría de los casos, esas mercancías no dejarán huellas duraderas. Entender que la verdadera satisfacción está en lo trascendente y no en lo efímero.
Los Reyes Magos nos brindan una enseñanza valiosa y oportuna para este ciclo de vida, ya que la magia de esta tradición no solo se limita solo a los obsequios materiales; sino también a la necesidad de mantenernos en actitud de búsqueda hacia lo trascendente, siguiendo la estrella de Belén, la cual nos pone en la actitud de ser peregrinos activos e incansables hasta alcanzar esos tesoros espirituales, más allá de los caminos inciertos, desconocidos, hostiles y oscuros.
Ese viaje imaginario podría ser hacia dentro o fuera de nosotros, y los Reyes Magos nos enseñan precisamente a no tener miedo de cuestionar nuestras certezas y conclusiones, porque un verdadero peregrino sabe aceptar los errores y ponerse en marcha de nuevo. Con ellos se aprende a no rendirnos al cansancio, y seguir caminando. Porque sólo quien busca encuentra, solo quien camina llega a la meta.
Por consiguiente, queremos significar que el verdadero valor del “Día de los Reyes Magos” al margen de lo comercial, reside en obsequiar regalos que se puedan perdurar en la bóveda del alma. Aquellos bienes que transforman y embellecen el interior; que nos ayudan a mantener una actitud comprensiva y ser mucho más agradecidos.
Que nos instruyen a respetar a las otras personas, su tiempo y sus puntos de vista; a ser prudentes, bien educados, tolerantes y a tener fe. A también esforzarnos por ser un buen ejemplo, a saber, apreciar la vida; a sentir la alegría de dar y compartir, a gozar de la libertad de ser uno mismo, alejado de las ambiciones desmedidas.
En fin, a iluminar a los demás con gestos de amor, perdón, reconciliación, generosidad, solidaridad y esperanza. Recordemos que no se trata de cuánto demos, sino de cuánto amor ponemos en lo que damos.
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En este inicio de 2026, deseo para todos un año lleno de fe y confianza en el Señor, paz, amor, prosperidad y esperanza. Que este nuevo ciclo nos brinde oportunidades para crecer y fortalecernos en nuestra fe, así como para compartir bondad y alegría con quienes nos rodean.
Se acerca el 6 de enero en que celebramos la Fiesta de la Epifanía (Los Reyes Magos de Oriente), nos invita a meditar sobre su profundo significado.
Epifanía es un término griego que se traduce como “manifestación”. Celebraremos el hecho histórico en que los Reyes Magos de Oriente, guiados por la extraordinaria luminosidad de una estrella, llegaron a Belén a adorar y postrarse ante el Niño Jesús, Salvador del mundo.
Los grandes padres latinos, como San Agustín, san León y San Gregorio, se sintieron fascinados por estas figuras tan peculiares. No mostraron curiosidad por conocer quiénes eran o de dónde venían, ni tuvieron interés en tejer leyendas a su alrededor. Su verdadera preocupación radicaba en determinar lo que representaban y su función simbólica. Estos Reyes del Oriente representan a las naciones del mundo y simbolizan la vocación de todos los hombres hacia la única Iglesia de Cristo. Así se entiende la universalidad de esta fiesta: Dios deja de manifestarse solo a una raza o a un pueblo privilegiado, y se da a conocer a todo el mundo. La buena noticia de la salvación es comunicada a todos, pues el amor de Dios abraza a cada uno de nosotros.
Otro detalle importante que nos llama la atención es que, una vez que llegaron, adoraron al Señor y le ofrecieron regalos, y regresaron por otro camino, que debemos interpretar como su conversión y abandono de la magia.
Veamos un fragmento del Sermón 222 de san Agustín, que profundiza en esta reflexión. Nos dice cómo el Niño Dios libró a estos Reyes Magos: “Habiendo venido a destruir en todo el orbe, con la espada espiritual, el reino del diablo, Cristo, siendo aún niño, arrebató estos primeros despojos a la dominación de la idolatría. Apartó de la peste de tal superstición a los magos que se habían puesto en movimiento para adorarlo, y, sin poder hablar todavía en la tierra con la lengua, habló desde el cielo mediante la estrella y mostró no con la voz de la carne, sino con el poder de la Palabra, quién era, de dónde y por quiénes había venido”.
También para nosotros proclamaron los cielos la gloria de Dios; también a nosotros nos conduce a adorar a Cristo y servirle como lo que es: el Rey de Reyes.
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Santo Domingo Este.– En el marco de la Eucaristía del II Domingo del Tiempo de Navidad, la Catedral Stella Maris fue escenario de una solemne celebración presidida por Monseñor Manuel Antonio Ruiz, quien llamó a los fieles a iniciar el año 2026 con una decisión clara y firme: orientar la vida hacia Jesucristo y asumir con seriedad el llamado a la santidad.
La misa fue concelebrada por los sacerdotes P. Alejandro Valera, P. Domingo Vásquez, P. Ernesto Carrión y P. Germán Díaz, con la participación de los diáconos Jesús Alberto de la Cruz Familia, diácono transitorio, de Stella Maris, y Franklin, diácono permanente, de la Parroquia Santo Domingo de Guzmán, junto a una amplia comunidad de fieles.
Durante su homilía, Monseñor Ruiz reflexionó a partir del Evangelio de San Juan, destacando el misterio del Verbo Encarnado como el centro de todo lo celebrado en el tiempo de Navidad. Recordó que Dios salió al encuentro de la humanidad para transformarla, pero advirtió que, aun cuando “vino a los suyos”, muchos no lo reconocieron ni lo recibieron.
El obispo lamentó que, en medio de fiestas, celebraciones, Jesucristo sea frecuentemente dejado de lado, a pesar de ser el verdadero protagonista de la Navidad, No obstante, subrayó que quienes sí lo acogen reciben “gracia tras gracia” y se convierten en privilegiados por conocer al Señor, vivir la fe con profundidad.
Asimismo, exhortó a los presentes a asumir la responsabilidad de ser testigos de la luz, siguiendo el ejemplo de Juan el Bautista. Recordó que, según el apóstol Pablo, Dios eligió a cada persona desde antes de la creación del mundo con un propósito definido: ser Santos e irreprochables.
Monseñor Ruiz resaltó la sabiduría como elemento esencial para orientar correctamente los dones, talentos, recursos que Dios concede. Señaló que no basta con poseer bienes materiales, capacidades o títulos académicos si no se sabe qué hacer con ellos a la luz de la fe.
Al referirse al inicio del nuevo año, animó a los fieles a asumir un compromiso personal, concreto con la santidad, organizando la vida con metas espirituales claras, realistas. Indicó que este testimonio comienza en el hogar, se proyecta a la sociedad, generando paz, alegría y esperanza.
Finalmente, invitó a no dejar este propósito solo en la mente, sino a escribirlo y convertirlo en un plan de vida, para que el 2026 sea verdaderamente un año de conversión, crecimiento espiritual, entrega total a Dios.
La celebración concluyó con una renovada invitación a vivir este nuevo año como un tiempo decisivo, poniendo el corazón, la mente, la vida al servicio de Jesucristo y caminando con determinación hacia la santidad.
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La Jornada Mundial de la Paz, iniciada por san Paolo VI, en el 1968, sus primeras palabras de motivación para establecerla fueron: “Nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad para exhortarlos a celebrar «El Día de la Paz» en todo el mundo, el primer día del año civil, 1 de enero de 1968. Sería nuestro deseo que después, cada año, esta celebración se repitiese como presagio y como promesa, al principio del calendario que mide y describe el camino de la vida en el tiempo, de que sea la Paz con su justo y benéfico equilibrio la que domine el desarrollo de la historia futura”. En el trasfondo estaba la guerra de Vietnam y el llamamiento a un alto al fuego en el conflicto que se prolongaba desde el año de 1955. Les presento, a mis amables lectores un resumen del mensaje del Romano Pontífice León XIV.
La paz sea con todos vosotros: Hacia una paz «desarmada y desarmante», nos invita a rechazar la lógica de la violencia y la guerra, y a abrazar una paz auténtica basada en el amor y la justicia. El Papa León XIV aboga por una paz que no dependa de las armas, sino que desarme la violencia interna y transforme las relaciones. Esta paz —dice el Papa León— debe ser desarmada, por cuanto no se afirma en el miedo, las amenazas ni las armas. Y debe ser desarmante, capaz de transformar los conflictos desde el corazón y la creación de un ambiente de confianza mutua y esperanza. “No basta con pedir la paz; debemos encarnarla en un estilo de vida que rechace toda forma de violencia, ya sea visible o sistémica.”
La no violencia es un valor fundamental del Evangelio, en el que Jesús combinó un rechazo inequívoco a la violencia con el poder del amor en acción, por la justicia, la verdad y la paz. En esencia, la no violencia evangélica está firmemente arraigada en valores como la compasión, la empatía y el respeto por la dignidad inherente a todos los seres humanos. Esta paz desarmada se construye de varias maneras:
Mediante el diálogo y la diplomacia: El Papa León XIII se refiere al diálogo y la reciprocidad. Entendemos la mediación, la diplomacia y el derecho internacional como caminos hacia la paz.
A través de la incidencia por el desarme: Refiriéndose a San Juan XXIII, quien promovió por primera vez el desarme integral, el Papa llama a un cambio profundo que abarque la mente y la vida, promoviendo la humildad evangélica. Podemos actuar por el Desarme y la seguridad humana integral, creando conciencia y abogando contra la proliferación de armas nucleares y ligeras.
A través del cambio transformador y perseverante: Como constructores de paz, identificamos cuatro dimensiones del cambio:
Cambio Personal: se refiere a la conversión de los corazones, de optar por el desarme, incluso de pensamientos y palabras frente a una violencia estructural, psicológica, cultural, ecológica.
Cambio Relacional: El Papa León insta a abandonar la violencia interna, promoviendo la reconciliación basada en la justicia y la fraternidad. El enfoque de la construcción de una paz justa, se centra en la prevención de la violencia y la justicia restaurativa y la creación de culturas de paz sostenible.
Cambio Cultural: Mirar más allá de los lazos de sangre o la etnia, o de quienes solo aceptan a sus similares y rechazan a quienes son diferentes. Con conexión y respeto: el mensaje nos invita a ver al otro no como un adversario, sino como un hermano.
Cambio estructural: el Papa León nos insta a promover el desarrollo mediante políticas y prácticas que mejoren las condiciones necesarias para una paz duradera y sin armas.
El mensaje nos recuerda que los discípulos de Jesús están «invitados a construir el Reino de Dios y a trabajar para construir un futuro colectivo humano en paz entre nosotros y con la Naturaleza, que sufre bajo un sistema destructivo y contaminante.
La “paz de Cristo desarmada y desarmante” es la no violencia en esencia. No basta con desear la paz, ello implica una “transformación duradera” en la que quienes la reciben se transforman y, en consecuencia, el contexto en el que se desarrollan las relaciones es transformado. Seamos constructores la paz desde un enfoque no violento, siguiendo a Jesús No violento. Jesús promovió la aceptación del sufrimiento en lugar de responder a la violencia con violencia. Anima a un enfoque pacífico incluso ante la agresión. Los activistas no violentos a menudo demuestran una inmensa valentía y resiliencia ante la adversidad.
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