Por Leonor María Asilis Elmudesi

¡Estamos casi de fiesta! Este domingo 12 de abril se celebra la fiesta de la Divina Misericordia.
Nuestro Señor Jesucristo ha dispuesto que, precisamente el domingo siguiente a la celebración de su Resurrección, resplandezca de manera especial su inmensa misericordia para toda la humanidad.
Este profundo mensaje de amor fue revelado en 1931 a Santa María Faustina Kowalska, religiosa polaca de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia. El querido Papa San Juan Pablo II la canonizó el 30 de abril del año 2000, en el mismo día en que instituyó oficialmente la Fiesta de la Divina Misericordia para toda la Iglesia.
No es algo extraordinario en la historia de la Iglesia Católica que una fiesta litúrgica nazca de apariciones o revelaciones sobrenaturales aprobadas. Recordemos, por ejemplo, la Fiesta de Corpus Christi, y la del Sagrado Corazón de Jesús, por las apariciones a Santa Margarita María de Alacoque; o, entre las marianas, las fiestas del Monte Carmelo, de Lourdes y del Inmaculado Corazón de María, esta última extendida al mundo entero por el Papa Pío XII tras las apariciones de Fátima.
De igual modo, Nuestro Señor Jesús quiso servirse de su humilde sierva Santa Faustina para difundir este mensaje consolador. En su Diario, Jesús le dice: “Hija mía, habla al mundo entero acerca de mi inconcebible misericordia. Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas, y muy especialmente para los pecadores.
El alma que se confiese y reciba la Sagrada Comunión en este día obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas”.
Y añade con ternura: “Nadie tenga miedo de acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. […] Esta Fiesta ha brotado del abismo de mi misericordia y se funda en lo más profundo de mi misericordia. Deseo que sea celebrada el primer domingo después de la Pascua, con gran solemnidad”. (Diario, nn. 699 y 49).
Hasta el año 2000, la devoción a la Divina Misericordia era una práctica privada muy extendida en muchos países católicos. Pero el 30 de abril de ese año, durante la Misa de canonización de Santa Faustina, San Juan Pablo II proclamó que el Segundo Domingo de Pascua —es decir, el domingo siguiente al Domingo de Resurrección— recibiría el nombre oficial de “Domingo de la Divina Misericordia” en toda la Iglesia. Poco después, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos confirmó esta disposición para el mundo entero.
¡Qué gran regalo para la humanidad! También en nuestra querida República Dominicana celebramos con inmensa alegría esta fiesta tan esperanzadora.
Nos unimos con gozo a la celebración se hará de forma particular a esta devoción en la Capilla de la Misericordia, ubicada en la avenida 27 de febrero, casi esquina con la Carretera de Manoguayabo (El Caliche), en Santo Domingo donde se televisará por el canal 41 (Televida). Allí se impartirá el sacramento de la Reconciliación durante la mañana, y culminará con la Solemne Eucaristía. Así también podremos aprovechar esta gracia con las debidas disposiciones espirituales en cualquier parroquia que vayamos.
Acudamos confiados a su Corazón misericordioso, recibamos el sacramento de la Penitencia y la Sagrada Comunión con el alma abierta y el corazón lleno de esperanza. En este Domingo de la Divina Misericordia, Jesús desea derramar sobre nosotros y nuestras familias torrentes de gracia, consuelo y paz. ¡No tengamos miedo! Él nos está esperando con los brazos abiertos para perdonarnos, sanarnos y llenarnos de su amor infinito. ¡Aprovechemos esta gracia extraordinaria! Vivamos este día con fe y alegría, y proclamemos con todo nuestro ser: ¡Jesús, en Ti confío!
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