AIRE96FM

08/04/2026

LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO EN MEDIO DE UNA GUERRA

 P. Luis Alberto De León Alcántara Email: albertodeleon_011@hotmail.com

El domingo de Resurrección, Jesucristo salió victorioso de la tumba. Es decir, venció la muerte y le dio un nuevo giro a la humanidad y a la fe de todo creyente. Fue tan impactante este acontecimiento que ha dividido la historia del mundo en dos partes: antes y después de Cristo. Porque cualquier ser humano —filósofo, historiador, científico o personaje importante— puede morir u ofrecer su existencia por una causa determinada, pero ninguno ha resucitado del lugar donde fue enterrado.

Esta es la razón por la que todos los años, no por rutina, sino por conmemoración, agradecimiento y fe en Jesucristo, los cristianos del mundo celebramos con alegría, gozo y entusiasmo la Resurrección. Pues, como dice san Pablo: “Una vez resucitado de entre los muertos, ya no vuelve a morir; en Él la muerte ya no tiene dominio” (cf. Rm 6,9). Por eso, en Jesucristo nace y renace la esperanza del creyente, del hombre y la mujer de fe, que no viven para lo que pasa, sino para lo que permanece.

Hemos celebrado una vez más la Resurrección de Jesucristo, pero en esta ocasión en medio de tensiones y conflictos internacionales. Mientras muchos buscan culpables y otros se preocupan por determinar quién tiene la razón, el cristianismo dirige la mirada hacia Aquel que, con su Resurrección, nos ha traído vida y vida en abundancia (cf. Jn 10,10). Porque, al final, después de toda guerra surge el deseo de alcanzar acuerdos y equilibrio; sin embargo, lo verdaderamente prudente sería buscar la paz antes y no después. El poder, el orgullo y otras debilidades humanas llevan muchas veces al extremo de la violencia.

La Resurrección del Señor no hace ruido, no viene con populismo ni con propuestas artificiales; al contrario, viene a recordarle a la humanidad que solo el Hijo de Dios tiene la última palabra. Que somos cuidados desde el cielo (cf. Mt 6,26) y que nuestro fin es buscar los bienes de arriba, no los de la tierra, donde “hay ladrones y la polilla corroe” (cf. Mt 6,19-20).

Jesucristo seguirá siendo el paradigma, el norte de todos los que hemos puesto nuestra fe en los valores espirituales. Porque, por más avanzado que esté el mundo, solo el Maestro, el Señor de vivos y muertos, puede hacer al hombre verdaderamente feliz y darle la libertad auténtica de los hijos de Dios. Por tanto, la guerra no es más que el reflejo del capricho de los poderes por imponer por la fuerza lo que la razón no ha logrado alcanzar.

Es lamentable haber llegado a este punto en pleno siglo XXI, pero los cristianos seguiremos confiando y proclamando a un Dios que es el camino, la verdad y la vida. De aquí que los creyentes siempre creemos que las guerras dejan muertes, heridos, división, un recuerdo amargo difícil de superar y nunca ningún fruto positivo para la humanidad. En otras palabras, la guerra lleva al fracaso y Cristo nos conduce al cielo. ¿Qué camino vamos a elegir?

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Un Mensaje desde las Alturas y el Río Ozama

 FE Y ESPERANZA SURCAN TIERRA, CIELO Y AGUA : LA DIÓCESIS STELLA MARIS CELEBRA «LA GRAN CONCENTRACIÓN» DE DOMINGO DE RESURRECCIÓN

SANTO DOMINGO ESTE – Bajo un cielo de esperanza y el rugir de las olas, la Diócesis Stella Maris celebró este Domingo de Resurrección una manifestación de fe sin precedentes. La jornada, titulada “La Gran Concentración”, unió a miles de fieles de todas las parroquias de las Zonas Pastorales para proclamar con júbilo la victoria de la vida sobre la muerte.

Un Mensaje desde las Alturas y el Río Ozama

La celebración rompió los esquemas tradicionales con un despliegue simbólico que alcanzó todos los rincones de la comunidad:

 * Proclamación Aérea: Alrededor del mediodía, un helicóptero surcó los cielos portando la bandera de ¡RESUCITÓ!. Este signo poderoso recordó a los presentes que la victoria de Cristo trasciende todo límite, invitando a la feligresía a elevar su fe y anunciar con valentía la Buena Noticia.

 * Misión Marítima: Con gran alegría pascual, se llevó a cabo el tradicional «bandereo» por mar encabezado por Mons. Manuel Antonio Ruiz. Entre cantos y banderas, la embarcación proclamó desde las aguas que ¡Cristo ha resucitado!, llevando un mensaje de esperanza que camina con su pueblo.

Encuentro en el Parque de las Lilas

El punto culminante de la tarde tuvo lugar a las 3:00 p.m. con la salida del Helicoptero, el arribo del barco y la congregación masiva en el Dique de Los Mina Sur y luego en el Parque de las Lilas, ubicado en las proximidades de las capillas de la Parroquia Santa Luisa de Marillac.

En este emblemático espacio de la Zona Pastoral de Los Mina, Mons. Manuel Ruiz lideró a la comunidad en una manifestación viva de fe, donde los corazones llenos de esperanza celebraron la victoria definitiva sobre la muerte.

«Que esta imagen de Jesús Resucitado en el aire y en nuestras aguas quede en nuestros corazones como un llamado a elevar nuestra fe. Hoy más que nunca proclamamos: ¡Él vive y reina por siempre!», manifestó la Diócesis durante el encuentro.

Sobre la Celebración

«La Gran Concentración» se consolida como el evento cumbre de la Pascua para la comunidad de Los Mina, reafirmando el compromiso de la Iglesia de llevar el mensaje de Jesús vivo a cada rincón, uniendo a la familia dominicana en un solo grito de alegría.

¡Aleluya! Cristo vive y camina con su pueblo.

Contacto de Prensa:

Oficina de Comunicación y Prensa

Diócesis Stella Maris

Santo Domingo, República Dominicana.

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05/04/2026

Monseñor Manuel Ruiz: Celebramos la luz que vence la tiniebla; ahora nos toca vivir como resucitados

 Santo Domingo Este.— “Celebramos la luz que vence la tiniebla… pero ahora el tema es si nosotros también hemos resucitado con Cristo”. Con estas palabras, monseñor Manuel Antonio Ruiz llamó a la reflexión durante la Eucaristía del Domingo de Resurrección, invitando a los fieles a pasar de la celebración a una auténtica vida transformada.

La solemne Eucaristía fue celebrada en la Diócesis Stella Maris, presidida por monseñor Manuel Antonio Ruiz y concelebrada por el padre Alejandro Valera, vicario general de la diócesis; el padre Cesáreo Núñez, canciller diocesano; y el padre Domingo Vásquez, de Comunicación. También estuvieron presentes los diáconos Jesús Alberto de la Cruz y Enmanuel Marte, quienes acompañaron el desarrollo de la celebración.

Durante su homilía, monseñor Manuel Ruiz destacó la victoria de Jesucristo sobre la muerte, recordando que Él mismo había anunciado su pasión, muerte y resurrección. Sin embargo, cuestionó la falta de fe de quienes estuvieron más cerca de Él: “El dolor de Jesús no fue solo el de la cruz, sino el abandono de los suyos, que no creyeron que la resurrección era posible”.

Al profundizar en el testimonio de los apóstoles, especialmente de Pedro, monseñor Ruiz resaltó la transformación radical que experimentaron tras encontrarse con Cristo resucitado. “¿Cómo es posible que aquellos que huyeron, que negaron, luego dieran la vida proclamando que Cristo vive? Solo hay una respuesta: se encontraron cara a cara con el Resucitado”, expresó.

Asimismo, hizo referencia al cambio vivido por el apóstol Pablo, quien, de perseguidor, pasó a ser uno de los más fervientes anunciadores del Evangelio, entregando incluso su vida por la verdad de Cristo.

El obispo también advirtió sobre la realidad actual, señalando que la sociedad se ha ido acostumbrando a la violencia, la injusticia y las malas noticias, perdiendo la sensibilidad ante el bien que también existe. “Nos presentan un mundo lleno de tinieblas, pero nosotros estamos llamados a ser luz”, afirmó, evocando además el llamado del Papa a no normalizar el sufrimiento ni la injusticia.

En ese sentido, exhortó a los fieles a vivir como verdaderos resucitados, dejando atrás el pecado y abrazando una vida nueva: “No basta con decir que Cristo resucitó; se trata de que nosotros también resucitemos con Él y demos frutos de esa transformación”.

Finalmente, monseñor Ruiz invitó a todos a ser portadores de la luz de Cristo en medio del mundo, reflejando con sus acciones la esperanza pascual. “Que al vernos, otros puedan encontrarse con la luz de Cristo”, concluyó.

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03/04/2026

NECESITAMOS ESTAR CONECTADOS A LA CRUZ DE CRISTO

P. Luis Alberto De León Alcántara Email: albertodeleon_011@hotmail.com

Existe en las personas la tendencia a hacer o tener todo lo que dé indicios de prestigio social o de que estamos actualizados. Por ejemplo, estar conectados a una red de wifi, tener el mejor seguro y gozar de servicios de calidad. Nos encontramos en un mundo exigente y que siempre busca estar a la vanguardia. Queremos ser los primeros en todo, para poder disfrutar y llenarnos de orgullo de haber tenido la oportunidad de lograr cosas antes que los demás. Es como si la gente en el fondo, no le interesara que otros tengan también el modo de conseguir lo que desean, sino que simplemente ellos quieren disfrutarlas.

Todo este interés mostrado por estar conectados, no solo al ámbito tecnológico, sino de los servicios básicos que ofrece la sociedad, es fruto de priorizar la comodidad en vez de la felicidad. Para muchos ser feliz es vivir tranquilo, sin problemas económicos, estado de salud estable, viajes, amigos y diversión. Muchos creen que no deberían existir otras cosas más importantes que las realidades pasajeras y superfluas. Que el ser humano tiene que estar ocupado únicamente en aumentar sus riquezas y tener todas sus necesidades cotidianas resueltas.

Ahora bien, hay que aprender a vivir con los pies descalzos, amar la vida sin maquillajes, aterrizar, conocerse y conocer los avances, no solo a nivel de la ciencia, sino en el plano espiritual y ético-moral, ya que las personas no pueden hacerse la ilusión de que solo lo placentero y lo exterior pueden saciar la sed que persigue el hombre. Pues, la diversión y el entretenimiento logran darle al hombre alegría y gozo momentáneo por un rato, pero la satisfacción que anhela su corazón será llenada por el Creador del universo.

Como hay una preocupación excesiva por estar conectados a las redes sociales, una pasión por tener internet, de igual modo, el ser humano necesita conectarse a Jesús. Cuando una persona tiene su celular en batería baja, suele salir corriendo a buscar su cargador, porque no quiere que se le apague su móvil, asimismo es nuestra vida cuando no tenemos a Dios, nuestro interior se  apaga y se va muriendo si no estamos conectados con Dios. También nuestra alma se va descargando a la medida que nos alejamos de lo divino, cuando pensamos que Dios es un adorno en nuestras decisiones.

Aprovechemos estos días de Semana Santa para recargar nuestras baterías de la cruz de Cristo. Contemplar como Jesús muriendo, nos da vida, pero vida en abundancia. Seamos  capaces de irnos más allá de ver la muerte de Cristo como un acontecimiento más de la historia. Hagamos espacio para entrar en el misterio de un hombre que sin necesidad de morir, derramó su sangre para que otros vivan. Ese que siendo rico, se hizo pobre. Por eso, detente esta vez, y retoma tu energía de Cristo, no tendrás que usar cargador para el corazón, él lo llenará todo.

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02/04/2026

La Diócesis Stella Maris celebra su Misa Crismal: Un llamado a custodiar el tesoro del sacerdocio en comunidad

SANTO DOMINGO ESTE – Este jueves 2 de abril de 2026, la Catedral de la Diócesis Stella Maris se vistió de solemnidad y regocijo para celebrar la Misa Crismal, una de las liturgias más significativas del año cristiano. Presidida por el Obispo, mons. Manuel Antonio Ruiz de la Rosa, la ceremonia reunió a todo el clero diocesano, religiosos y religiosas y a la comunidad de fieles a las 9:00 A.M., marcando el inicio formal de las celebraciones centrales del Triduo Pascual.

​La jornada inició con una reflexión del Padre Nicolás Cuello, párroco de San Isidro Labrador y Nuestra Señora de Fátima, quien destacó la importancia de este Jueves Santo como el día en que nace la Eucaristía y el Orden Sacerdotal. «Estamos llamados al servicio y al amor. Invitamos al pueblo a rezar por sus sacerdotes y acompañarlos en este encuentro sincero con el Señor», afirmó el Padre Cuello.

​Durante la ceremonia, mons. Manuel Ruiz centró su mensaje en la naturaleza del ministerio. Al recordar que «El Espíritu del Señor está sobre mí«, el obispo explicó que la unción transforma la fragilidad humana en fortaleza espiritual.

​Monseñor fue enfático al describir el sacerdocio como un tesoro que debe protegerse de la rutina y el desánimo. Advirtió sobre la tristeza como un «síntoma espiritual» y exhortó tanto a los sacerdotes como a los fieles a estar vigilantes.

​Un punto clave del mensaje fue la corresponsabilidad de los laicos. Monseñor hizo un llamado a la comunidad para ser «guardianes» de sus pastores: «La comunidad debe acompañar y orar por sus sacerdotes, especialmente si notan signos de falta de alegría o paz». La misión de sanar corazones desgarrados y liberar a los cautivos es, según nuestro pastor, una tarea que el sacerdote solo puede cumplir plenamente cuando se siente sostenido por la oración de su pueblo.

​La nota espiritual fue complementada por las intervenciones del Padre Eduardo Carrión, quien invitó a contemplar la «cruz gloriosa» el Viernes Santo como camino de redención, y del Padre Germán, quien recordó que todo este camino culmina en la alegría del Domingo de Resurrección, el paso de la muerte a la vida eterna.

​Con la bendición de los Santos Óleos y la renovación de las promesas sacerdotales, la Diócesis Stella Maris reafirma su compromiso de ser instrumento de paz, sanación y guía espiritual para todo el pueblo dominicano.

​La Diócesis Stella Maris, que abarca una superficie de 588,87 km², se consolida con una estructura pastoral robusta para atender a sus más de 1.2 millones de habitantes. Actualmente, la diócesis cuenta con: 

– ​64 Parroquias distribuidas en todo el territorio.  

– ​95 Sacerdotes en total (40 sacerdotes diocesanos y 55 sacerdotes religiosos). 

– ​39 Diáconos permanentes, quienes, junto a 83 religiosas y 12 seminaristas, conforman el cuerpo vivo de esta Iglesia local. 

La homilía se fundamenta en la premisa de que el sacerdocio no es un logro personal, sino una invasión de la gracia en la fragilidad humana. Al igual que en la profecía de Isaías y en la vida de Jesús, el Espíritu del Señor desciende sobre el ministro.

Esta unción tiene el poder de convertir la debilidad intrínseca del hombre en una fortaleza sobrenatural.

El sacerdote no actúa por cuenta propia; es un instrumento vivo de Cristo, cuya identidad se define por la misión de sanar corazones desgarrados y proclamar la liberación a los cautivos.

Monseñor Ruiz utiliza la metáfora del tesoro para elevar la percepción del ministerio, comparándolo con algo más valioso que el oro o los diamantes. Sin embargo, este don reside en la fragilidad humana, lo que implica una responsabilidad compartida:

  • El Sacerdote tiene la responsabilidad primaria de la vigilancia constante de su vida espiritual y de su autocuidado emocional para no descuidar el don recibido.
  • La Comunidad posee la misión de sostener este tesoro mediante la oración de intercesión y un acompañamiento cercano y afectuoso.
  • El Espíritu Santo actúa como la fuente de la alegría y la paz, señales que validan y mantienen viva la vocación a lo largo del tiempo.

Señales de Alerta
Un punto central de la homilía es la antropología del cuidado. Se advierte que el desánimo no es solo un estado de ánimo pasajero, sino un síntoma espiritual que requiere atención inmediata.

Así como el cuerpo manifiesta dolor ante una enfermedad física, el espíritu manifiesta tristeza cuando el «tesoro» está en riesgo. Por ello, se exhorta a los sacerdotes a no aislarse en su debilidad y a buscar ayuda espiritual oportunamente. Del mismo modo, se pide a los fieles desarrollar un «ojo clínico» para detectar la falta de alegría en sus pastores, no con el fin de juzgar, sino para intensificar el apoyo fraterno.

La Misa Crismal se presenta no solo como una renovación de promesas, sino como un compromiso renovado con la alegría del Evangelio. La vocación es un don inmerecido que requiere compromiso y vigilancia constante para que la rutina no apague el fuego de la unción.

Se invita a la asamblea a reconocer el impacto de los sacramentos en su vida cotidiana, a interceder diariamente por la santidad de sus presbíteros y a vivir la fe con la conciencia de que el sacerdote es el puente que Dios utiliza para devolver la paz a los corazones afligidos.

​Oficina de Comunicación y prensa

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