AIRE96FM

05/01/2026

Reflexiones sobre la Epifanía del Señor

Por Leonor María Asilis Elmudesi

En este inicio de 2026, deseo para todos un año lleno de fe y confianza en el Señor, paz, amor, prosperidad y esperanza. Que este nuevo ciclo nos brinde oportunidades para crecer y fortalecernos en nuestra fe, así como para compartir bondad y alegría con quienes nos rodean.

Se acerca el 6 de enero en que celebramos la Fiesta de la Epifanía (Los Reyes Magos de Oriente), nos invita a meditar sobre su profundo significado.

Epifanía es un término griego que se traduce como “manifestación”. Celebraremos el hecho histórico en que los Reyes Magos de Oriente, guiados por la extraordinaria luminosidad de una estrella, llegaron a Belén a adorar y postrarse ante el Niño Jesús, Salvador del mundo.

Los grandes padres latinos, como San Agustín, san León y San Gregorio, se sintieron fascinados por estas figuras tan peculiares. No mostraron curiosidad por conocer quiénes eran o de dónde venían, ni tuvieron interés en tejer leyendas a su alrededor. Su verdadera preocupación radicaba en determinar lo que representaban y su función simbólica. Estos Reyes del Oriente representan a las naciones del mundo y simbolizan la vocación de todos los hombres hacia la única Iglesia de Cristo. Así se entiende la universalidad de esta fiesta: Dios deja de manifestarse solo a una raza o a un pueblo privilegiado, y se da a conocer a todo el mundo. La buena noticia de la salvación es comunicada a todos, pues el amor de Dios abraza a cada uno de nosotros.

Otro detalle importante que nos llama la atención es que, una vez que llegaron, adoraron al Señor y le ofrecieron regalos, y regresaron por otro camino, que debemos interpretar como su conversión y abandono de la magia.

Veamos un fragmento del Sermón 222 de san Agustín, que profundiza en esta reflexión. Nos dice cómo el Niño Dios libró a estos Reyes Magos: “Habiendo venido a destruir en todo el orbe, con la espada espiritual, el reino del diablo, Cristo, siendo aún niño, arrebató estos primeros despojos a la dominación de la idolatría. Apartó de la peste de tal superstición a los magos que se habían puesto en movimiento para adorarlo, y, sin poder hablar todavía en la tierra con la lengua, habló desde el cielo mediante la estrella y mostró no con la voz de la carne, sino con el poder de la Palabra, quién era, de dónde y por quiénes había venido”.

También para nosotros proclamaron los cielos la gloria de Dios; también a nosotros nos conduce a adorar a Cristo y servirle como lo que es: el Rey de Reyes.

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Mons. Manuel Ruiz llama a iniciar el 2026 orientando la vida hacia Jesucristo y la santidad

Por Esmirna Gómez

Santo Domingo Este.– En el marco de la Eucaristía del II Domingo del Tiempo de Navidad, la Catedral Stella Maris fue escenario de una solemne celebración presidida por Monseñor Manuel Antonio Ruiz, quien llamó a los fieles a iniciar el año 2026 con una decisión clara y firme: orientar la vida hacia Jesucristo y asumir con seriedad el llamado a la santidad.

La misa fue concelebrada por los sacerdotes P. Alejandro Valera, P. Domingo Vásquez, P. Ernesto Carrión y P. Germán Díaz, con la participación de los diáconos Jesús Alberto de la Cruz Familia, diácono transitorio, de Stella Maris, y Franklin, diácono permanente, de la Parroquia Santo Domingo de Guzmán, junto a una amplia comunidad de fieles.

Durante su homilía, Monseñor Ruiz reflexionó a partir del Evangelio de San Juan, destacando el misterio del Verbo Encarnado como el centro de todo lo celebrado en el tiempo de Navidad. Recordó que Dios salió al encuentro de la humanidad para transformarla, pero advirtió que, aun cuando “vino a los suyos”, muchos no lo reconocieron ni lo recibieron.

El obispo lamentó que, en medio de fiestas, celebraciones, Jesucristo sea frecuentemente dejado de lado, a pesar de ser el verdadero protagonista de la Navidad, No obstante, subrayó que quienes sí lo acogen reciben “gracia tras gracia” y se convierten en privilegiados por conocer al Señor, vivir la fe con profundidad.

Asimismo, exhortó a los presentes a asumir la responsabilidad de ser testigos de la luz, siguiendo el ejemplo de Juan el Bautista. Recordó que, según el apóstol Pablo, Dios eligió a cada persona desde antes de la creación del mundo con un propósito definido: ser Santos e irreprochables.

Monseñor Ruiz resaltó la sabiduría como elemento esencial para orientar correctamente los dones, talentos, recursos que Dios concede. Señaló que no basta con poseer bienes materiales, capacidades o títulos académicos si no se sabe qué hacer con ellos a la luz de la fe.

Al referirse al inicio del nuevo año, animó a los fieles a asumir un compromiso personal, concreto con la santidad, organizando la vida con metas espirituales claras, realistas. Indicó que este testimonio comienza en el hogar, se proyecta a la sociedad, generando paz, alegría y esperanza.

Finalmente, invitó a no dejar este propósito solo en la mente, sino a escribirlo y convertirlo en un plan de vida, para que el 2026 sea verdaderamente un año de conversión, crecimiento espiritual, entrega total a Dios.

La celebración concluyó con una renovada invitación a vivir este nuevo año como un tiempo decisivo, poniendo el corazón, la mente, la vida al servicio de Jesucristo y caminando con determinación hacia la santidad.

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03/01/2026

59 Jornada Mundial de la Paz: hacia una paz “desarmada y desarmante”

Pbro. Felipe de Jesús Colón Padilla (Párroco de la Parroquia Jesús Maestro)

Pbro. Felipe de Jesús Colón Padilla

La Jornada Mundial de la Paz, iniciada por san Paolo VI, en el 1968, sus primeras palabras de motivación para establecerla fueron: “Nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad para exhortarlos a celebrar «El Día de la Paz» en todo el mundo, el primer día del año civil, 1 de enero de 1968. Sería nuestro deseo que después, cada año, esta celebración se repitiese como presagio y como promesa, al principio del calendario que mide y describe el camino de la vida en el tiempo, de que sea la Paz con su justo y benéfico equilibrio la que domine el desarrollo de la historia futura”. En el trasfondo estaba la guerra de Vietnam y el llamamiento a un alto al fuego en el conflicto que se prolongaba desde el año de 1955. Les presento, a mis amables lectores un resumen del mensaje del Romano Pontífice León XIV.

La paz sea con todos vosotros: Hacia una paz «desarmada y desarmante», nos invita a rechazar la lógica de la violencia y la guerra, y a abrazar una paz auténtica basada en el amor y la justicia. El Papa León XIV aboga por una paz que no dependa de las armas, sino que desarme la violencia interna y transforme las relaciones. Esta paz —dice el Papa León— debe ser desarmada, por cuanto no se afirma en el miedo, las amenazas ni las armas. Y debe ser desarmante, capaz de transformar los conflictos desde el corazón y la creación de un ambiente de confianza mutua y esperanza. “No basta con pedir la paz; debemos encarnarla en un estilo de vida que rechace toda forma de violencia, ya sea visible o sistémica.”

La no violencia es un valor fundamental del Evangelio, en el que Jesús combinó un rechazo inequívoco a la violencia con el poder del amor en acción, por la justicia, la verdad y la paz. En esencia, la no violencia evangélica está firmemente arraigada en valores como la compasión, la empatía y el respeto por la dignidad inherente a todos los seres humanos. Esta paz desarmada se construye de varias maneras:

Mediante el diálogo y la diplomacia: El Papa León XIII se refiere al diálogo y la reciprocidad. Entendemos la mediación, la diplomacia y el derecho internacional como caminos hacia la paz.

A través de la incidencia por el desarme: Refiriéndose a San Juan XXIII, quien promovió por primera vez el desarme integral, el Papa llama a un cambio profundo que abarque la mente y la vida, promoviendo la humildad evangélica. Podemos actuar por el Desarme y la seguridad humana integral, creando conciencia y abogando contra la proliferación de armas nucleares y ligeras.

A través del cambio transformador y perseverante: Como constructores de paz, identificamos cuatro dimensiones del cambio:

Cambio Personal: se refiere a la conversión de los corazones, de optar por el desarme, incluso de pensamientos y palabras frente a una violencia estructural, psicológica, cultural, ecológica.

Cambio Relacional: El Papa León insta a abandonar la violencia interna, promoviendo la reconciliación basada en la justicia y la fraternidad. El enfoque de la construcción de una paz justa, se centra en la prevención de la violencia y la justicia restaurativa y la creación de culturas de paz sostenible.

Cambio Cultural: Mirar más allá de los lazos de sangre o la etnia, o de quienes solo aceptan a sus similares y rechazan a quienes son diferentes. Con conexión y respeto: el mensaje nos invita a ver al otro no como un adversario, sino como un hermano.

Cambio estructural: el Papa León nos insta a promover el desarrollo mediante políticas y prácticas que mejoren las condiciones necesarias para una paz duradera y sin armas.

El mensaje nos recuerda que los discípulos de Jesús están «invitados a construir el Reino de Dios y a trabajar para construir un futuro colectivo humano en paz entre nosotros y con la Naturaleza, que sufre bajo un sistema destructivo y contaminante.

La “paz de Cristo desarmada y desarmante” es la no violencia en esencia.  No basta con desear la paz, ello implica una “transformación duradera” en la que quienes la reciben se transforman y, en consecuencia, el contexto en el que se desarrollan las relaciones es transformado. Seamos constructores la paz desde un enfoque no violento, siguiendo a Jesús No violento.  Jesús promovió la aceptación del sufrimiento en lugar de responder a la violencia con violencia. Anima a un enfoque pacífico incluso ante la agresión. Los activistas no violentos a menudo demuestran una inmensa valentía y resiliencia ante la adversidad.

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31/12/2025

Un nuevo amanecer

Ángel Gomeraangelgomera@gmail.com*

Se experimenta una brisa nostálgica de despedida, aclimatada con la esperanza de la llegada de algo nuevo. Este ambiente que cierne en la atmósfera de nuestra sociedad simboliza, la oportunidad de dejar atrás lo pasado; claro, sin dejar de reconocer aquellos sucesos o comportamientos aciagos que necesariamente debemos superar para cambiar, y empezar de nuevo con optimismo, nuevas metas y mentalidad fresca.

Un próximo Año es un nuevo amanecer, dejando morir esos errores que cubrieron de oscuridad y espanto el horizonte. Es que cuando el año viejo muere en la noche; asimismo debe perecer la opacidad en nuestras vidas con la claridad interior de una renovación alborear. Por tanto, si dejamos que la luz pueda penetrar e iluminar esos rincones lúgubres de la conciencia, entonces tendremos un nuevo amanecer enmarcado en un ideal auténtico que orientará y guiará las acciones y decisiones que dan el verdadero sentido a la vida.

Definitivamente, está a punto de empezar, de darnos el chance de estrenar un calendario en blanco, hay música en el amplio firmamento revestido de estrellas, suenan las campanas celestes con rimas de alegría; los mares y océanos entonan ópera con sus olas espumosas y las nubes que cubren el Pico Duarte, con parsimonia y mansedumbre, comienzan a cerrar el ciclo de un ayer y abrirse a nuevos vientos de porvenires relucientes.

En estos instantes fugaces del fin de un año, solemos acometer el deseo de repasar las cosas que hemos llevado a cabo durante su transcurso; nuestros éxitos y fracasos, lágrimas y risas, caídas y levantadas, lo bueno y lo malo; en fin, la suma de experiencias vividas, esfuerzos anteriores, decisiones tomadas y afectos o desafectos cultivados. Pero, aquí estamos con la cara frente al sol, dispuestos a volver a sonreír más allá de la adversidad; con las cicatrices convertidas en enseñanzas; los tropiezos en pasos firmes, ya que es mejor cojear por el camino correcto, que correr por uno equivocado; las pesadillas convertidas en sueños edificantes, y los vendavales fuertes en dóciles amaneceres de quietud mágica.

Sí aquí estamos, a lo mejor con una copa de vino o un celular en mano, envueltos en aromas deliciosas o pensando en la comida que no está en la despensa, con voces por doquier o en la soledad del hogar con la compañía de un televisor; tal vez, cubiertos con luces coloridas o sin energía eléctrica, con sonidos amenos o estridentes; quizás, chateando sin apartar por un segundo la mirada en la pantalla, a pesar de tener al lado un rostro que hace tiempo no te detienes a observar;

Independientemente de estos y otros escenarios imaginarios, lo importante es que esos instantes de despedida del año, se cuela con libertad en los pensamientos y pasa como un carrusel delante de nuestros ojos, esas metas, propósitos o promesas de mejoras que debemos conquistar o poner más empeño para lograr. Entendiendo que cada amanecer representa una oportunidad para meditar, planificar, renovar, mejorar y avanzar un paso más como peregrino de esperanza con la bendición de Dios.

En definitiva, el Año Nuevo, es una nueva mañana que nos invita a recordar que por más oscura que es la noche, la luz siempre regresa; entender, que no importando las veces cuanto hayamos caído, siempre podemos levantarnos con una nueva perspectiva hacia el futuro; comprender, que es tiempo de soltar el peso del pasado, demasiado equipaje, nos detiene la marcha, sigamos adelante con más determinación. Es tiempo de marcar la diferencia y no ser como un barco sin brújula, que navega, pero sin rumbo. El norte del nuevo ciclo que se abre es servir más, amar más, dialogar más, perdonar más y compartir con el mundo esperanza, paz y reconciliación.

¨Si puedes, entiende; si no puedes, cree. ¨Feliz Año Nuevo. Salud.

*El Autor es abogado.

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Solemnidad de María Santísima, Madre de Dios. Ciclo A

 

1 de enero del 2026

Lecturas: Solemnidad de María Santísima, Madre de Dios.  Ciclo A

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P. Luis Alberto De León Alcántara Email: albertodeleon_011@hotmail.com

Siempre estamos comenzando. Teóricamente parece una rutina que no tiene fin, pero en el fondo sabemos que cada año trae su propio afán, sus realidades particulares y que cada persona va encausando su existencia según sus reflexiones personales. De aquí que hacer un stop y tener una vista panorámica de los hechos más significativos a lo largo de todo un calendario es justa y oportuna, ya que para crecer hay que evaluar el trayecto recorrido.

Esta es la razón, por la que hay que tener una visión de la cotidianidad, puesto que, el contexto presente puede forzarnos a vivir de prisa; como si no fuera necesario hacer una breve parada para mirar por dentro lo que estamos experimentando fuera. Es decir, no podemos dejar que la realidad nos determine, debemos sacar ese espacio sagrado que se llama silencio y hacer un inventario  humano y espiritual para analizar cosas, que a lo mejor, por el trajín del vaivén de nuestras obligaciones nos resultan difícil de contemplar, y se opta mejor por dejar para después todo; situación que más tarde se olvidará y se quedará en el recuerdo.

Como la vida es una y los acontecimientos son muchos, no podemos permitirnos el lujo de cada año continuar sin hacer un balance de lo que está bien, de lo que ya no funciona y de aquellas cosas que necesitan ser mejoradas para avanzar hacia el camino de la felicidad. Porque en esencia, nuestra finalidad en esta tierra es ser felices; para eso estudiamos, trabajamos y gastamos todas nuestras energías en hacer miles de cosas. Por esta razón, si lo que hacemos no tiene como meta la felicidad, entonces con mayor motivo, se hace urgente separar hechos y actividades vividos a lo largo del año para sacar todo lo que no nos brinda felicidad.

Ahora bien, después que revisemos y evaluemos de forma general cómo anduvo todo en nuestra vida, es propicia la ocasión para hacer una pequeña planificación; no grandes sueños que luego serán imposible de alcanzar porque fueron construido en el aire y no en la realidad. De aquí que lo importante que nuestras metas sean pocas, asumir una actitud realista y concreta, puesto que, la vida misma se sube por escalones, no por ascensores para poder aprovechar los momentos del viaje.

En resumidas palabras, hay que salir de la rutina, dedicar tiempo a la reflexión personal, porque nos hemos acostumbrado tanto vivir sin nosotros, que nos resulta extraño y apático sentarnos para dialogar con nuestra propia persona. Sin embargo, pese a esto, siéntate, mírate en el espejo, y no tengas pavor de encontrarte contigo a solas, sin que nadie este a tu lado. Al contrario, da gracias a Dios por poder mirarte, perdonarte y hacer todo lo que está en tus manos para continuar el trayecto de la vida; y ahora con más fuerza y con más ganas de vivir porque el año apenas comienza y tienes el control en tus manos.

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